En Canarias, poco pescado y mucho refresco

11/10/2019

Existe, a nivel mundial, una transformación esencial de la percepción de la alimentación. Los consumidores buscan cada vez más opciones saludables para llevar una dieta balanceada, pero en Canarias aún persiste una gran batalla contra el azúcar traducida en refrescos y bollería. Además, sorprende la baja representación del consumo de pescado.

La alimentación saludable sigue siendo una asignatura pendiente a nivel mundial. Cada país libra sus propias batallas y es evidente que existe un interés cada vez más creciente por ‘lo sano’. Como telón de fondo están los elevados índices de sobrepeso, la obesidad y diabetes, que hacen que la población tenga cada vez más conciencia de la relación entre lo que come y su salud a medio plazo. Además, el aumento del gasto médico y farmacéutico ha obligado a los gobiernos a involucrarse para guiar mejor a los usuarios hacia opciones saludables y establecer normativas sancionadoras a las empresas para disminuir las sustancias dañinas (principalmente el azúcar y, en menor medida, las grasas y la sal).

En España, los ciudadanos también están conscientes de esta realidad, según el Informe de Alimentación

Saludable, 2018, publicado en septiembre por la EAE Business School. El bagaje de la dieta mediterránea ha jugado un papel fundamental en la mayoría de comunidades autónomas, aunque no todas la siguen al pie de la letra.

En Canarias, el estudio indica que, al contrario de lo que podría intuirse de un entorno costero, se come poco pescado y se beben demasiados refrescos. El subsector de la pesca tiene muy poca representación el nuestro sector alimentario, ya que no llega al 4% y de hecho, consumimos un 27% menos que la media nacional.

Por el contrario, son líderes del sector las aguas embotelladas y aromatizadas, con un 17%, seguidas por la bollería y la panadería, con un 16%. En este sentido, el consumo de refrescos está un 16% por encima de la media nacional.

Tendencias de los consumidores

A pesar de los datos, existe una tendencia generalizada de los consumidores por realizar elecciones más saludables en su dieta. Esto se debe, en parte, a una serie de cambios demográficos, económicos y sociales que se están gestando en los países desarrollados y que se traducen en un aumento del papel de los alimentos para prevenir enfermedades, valorando lo fresco y lo ecológico por encima de los procesados. El informe identifica en esta nueva ola cuatro tipos de personas en base a sus estilos de vida y su relación con la alimentación:

- Los consumidores eco-conscientes: tienen una mayor conciencia ecológica, ya que consideran que pueden cambiar el mundo a través de sus acciones. Compra en marcas en las que confía y prefieren alimentos con envases donde especifiquen claramente la composición del contenido. Además, se decantan por productos veganos y producidos de forma sostenible.

- Los buscadores de «bueno para mí»: se trata de personas que se preocupan por su salud y buscan tener una dieta equilibrada con productos que tengan un impacto positivo en ellos. Prefieren lo natural y lo ecológico, con etiquetas que provengan de organizaciones de confianza. Sin embargo, no se casan con ninguna marca y prueban cosas nuevas guiados por la opinión de terceros. También están interesados por el origen de los alimentos y, cuando salen a comer fuera, acostumbran a escoger las opciones más saludables de la carta.

- Los entusiastas del fitness: la diferencia con el anterior grupo es la motivación por el deporte como una parte fundamental de su rutina, tan importante como la dieta. Estas personas suelen visitar webs y comunidades online relacionadas con la salud y, a la hora de comprar alimentos, buscan los productos más naturales posible. En su alimentación incluyen productos frescos y suplementos nutricionales, pero leen detenidamente las etiquetas antes de decidir qué comprar.

- Los LOHAS (Lifestyle of Health and Sustainability): son los que llevan un estilo de vida saludable. Se caracterizan por un gran interés en el consumo saludable, ético y responsable. La salud y el bienestar son una prioridad para estos consumidores, y están dispuestos a pagar por ello, ya que suelen tener un nivel adquisitivo entre medio y alto. Quieren alimentos donde el etiquetado les proporcione información suficiente para asegurar sus valores y desean conocer las marcas a fondo en aspectos como las condiciones laborales de sus trabajadores o el impacto medioambiental de los procesos de producción. Además, apoyan especialmente los productos de kilómetro cero.