Riesgos cardiológicos del sedentarismo

El ejercicio físico es un factor de protección contra enfermedades propias del sedentarismo, ya que ayuda a mantener el peso adecuado, mejora la capacidad cardiovascular y el perfil lipídico, entre otros, explica el doctor Octavio Rodríguez, especialista en Cardiología del Hospital Perpetuo Socorro.

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Se acerca el final del año y es momento de hacer repaso y determinar nuevos retos para 2020. Entre ellos, destaca la adopción o mantenimiento de hábitos de vida saludables. La práctica de actividad física, especialmente el ejercicio de nivel moderado, y la participación en actividades deportivas tiene importantes beneficios para la salud, no solo a nivel físico sino también en el declinar cognitivo que acompaña al envejecimiento. Ello se traduce, especialmente en los que practican deporte de alto nivel, en una reducción de la mortalidad por todas las causas, incluyendo la cardiovascular.

Hay múltiples evidencias epidemiológicas de los beneficios de la actividad física para la salud. «Es preciso concienciarse del problema que supone el sedentarismo, y adoptar actitudes positivas sobre la necesidad de evitarlo, y que nuestra conducta vital incluya el hábito del ejercicio físico como una herramienta fundamental para conservar la salud. Es como mínimo sorprendente que las personas físicamente más activas abandonen la práctica del ejercicio físico de forma prematura, entre los 25 y 35 años, generalmente por circunstancias como el inicio de la actividad laboral, el traslado de domicilio o la llegada de hijos, entre otras. Pero sabemos que el aumento de la actividad física, con la práctica regular de ejercicio, es básica para mejorar la calidad de vida y la prevención, tratamiento y recuperación en un gran número de enfermedades», explica el doctor Octavio Rodríguez, especialista en Cardiología de Hospital Perpetuo Socorro.

Y es que el ejercicio físico es un factor de protección contra enfermedades propias del sedentarismo ya que ayuda a mantener el peso adecuado, mejora la capacidad cardiovascular y el perfil lipídico, entre otros.

Ejercicio dinámico

El tipo de actividad más recomendable, desde el punto de vista cardiovascular, es el denominado dinámico, que se caracteriza por generar movimiento articular, en el que los grupos musculares se acortan y se estiran rítmicamente y se genera una fuerza dentro del músculo relativamente pequeña. Caminar con una cierta intensidad y nadar son buenos ejemplos. En relación al running, otro ejercicio en boga con carreras como la San Silvestre de la que Hospital Perpetuo Socorro es servicio médico oficial, hay múltiples indicios de que éste mejora la calidad de vida y la posibilidad de envejecer sin perder autonomía.

Un estudio de Lee y colaboradores (J Am Coll Cardiol, 64 (2014), pp. 472-481) muy citado en la literatura médica, encontró que, independientemente de la rapidez, distancia o tiempo empleado en correr semanalmente, los corredores en general tienen menores tasas de mortalidad global y, especialmente, cardiovascular, que los no corredores.

«Todo el mundo puede mejorar rápidamente su capacidad para realizar algún grado de actividad física de intensidad moderada sin alcanzar un grado de fatiga excesiva, y todo esto con niveles de entrenamiento ligeros. Pero además conviene saber que los niveles de entrenamiento moderados producen beneficios considerables y los más sedentarios son los que probablemente más se benefician de esta actitud», detalla el doctor Rodríguez.

Controles

Eso sí, siempre con control y seguridad. «En nuestro entorno, una valoración clínica personalizada y un electrocardiograma son básicos, pero además recomendamos un test de esfuerzo, especialmente cuando coinciden circunstancias como tener más de 35 años de edad y con una carga elevada de factores de riesgo cardiovascular (diabetes mellitus, niveles de colesterol elevados, tabaco, hipertensión, obesidad, etc...) antes de iniciar un programa de ejercicio regular, y en personas que se notan en muy baja forma física de repente sin una razón que lo explique», recomienda el cardiólogo.

Para mantener los efectos positivos del entrenamiento se ha de practicar con regularidad y constancia, a una intensidad entre ligera y moderada ya que la mejora cardiorrespiratoria generada por el ejercicio comienza a reducirse al cabo de dos semanas de haber cesado el entrenamiento, para desaparecer por completo, dependiendo del caso, entre los dos y ocho meses posteriores al fin de la actividad deportiva periódica.

Por todo ello es importante tener en cuenta como norma general y eficaz de medicina preventiva la recomendación de que todo el mundo se dedique a caminar tan aprisa como pueda, un mínimo de 20-30 minutos diarios durante al menos cinco días a la semana. Los beneficios de esta caminata se incrementan si la persona tiene bien presente que el esfuerzo se hace con el objetivo de mejorar la forma física, y por tanto de contribuir al mantenimiento de un buen estado de salud, concluye el especialista en Cardiología de Hospital Perpetuo Socorro.