El mal hábito de mordernos las uñas

Es la respuesta al ‘chute’ de energía que nos provoca el estrés

YOLANDA VEIGA

Si es usted una de esas personas que se muerde las uñas, aquí un par de cosas que le van a tranquilizar más que el propio hecho de mordérselas: es usted uno de tantos y es algo que tiene arreglo, aunque hay que mirarlo. Lo de ‘uno de tantos’ está hasta contabilizado: el 45% de los adolescentes tiene este (mal) hábito, cifra que disminuye con la edad. Lo del arreglo no tiene cifras pero sí solución: aprender a canalizar el estrés.

Porque eso es lo que esconde esta costumbre: «Es un acto repetitivo con el que tratamos de calmar la ansiedad, de ‘bajar el subidón’ que nos provoca el estrés», explica Guillermo Fouce, profesor de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid. Explica que «a través de las manos y de los pies canalizamos el ‘chute de energía’ que nos provoca el estrés». «La tensión hace que nos pongamos en alerta, listos para responder a una amenaza, sea esta real o ficticia. Esa tensión se transfiere, además de al corazón, con un aumento de las palpitaciones, a las extremidades».

Pies que golpean rítmicamente el suelo, manos que se entrelazan en el pelo haciendo ‘tirabuzones’ o se frotan una contra otra, que mesan la barba con insistencia... y lo de las uñas. «En ocasiones se comen también la cutícula de la piel vecina, lo que llamamos los padrastros, aunque es muy poco frecuente que dé lugar a infecciones en las zonas vecinas a la uña, lo que llamamos panadizo, cuando se inflama y se pone roja la parte alrededor de la uña», explican desde la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI). Y advierten de otros daños: «el morder excepcionalmente daña el esmalte dentario y favorece las caries».

Al margen de lo físico, lo psicológico: «Morderse las uñas es la reacción a esa sobredosis de energía que nos provoca el estrés. De hecho es una evidencia de su mal manejo». Una ansiedad que, además de la reacción física traducida en «sudoración, palpitaciones y actos repetitivos que se convierten en tics», va acompañada de «un sentimiento de agobio, de presión o de amenaza» y de «pensamientos recurrentes del tipo ‘¿y si en lugar de haber hecho esto hubiese hecho lo otro?’ En definitiva, darle vueltas a la cabeza», enumera Fouce, presidente de la FundaciónPsicólogos sin Fronteras.

– Las personas que se muerden las uñas aseguran que les calma. ¿Lo hace realmente?

– La sensación aparente es esa, que nos tranquiliza. Igual que el que fuma dice que el cigarrillo le calma, cuando en realidad es un estimulante. Hay gente que acaba mordiéndose las uñas incluso cuando no está estresado como un refuerzo para sentirse más relajado y quizá no tienen ni uñas que morder ya, pero insiste sin percibir el problema.

Sobre las soluciones, consejos no faltan: desde los líquidos con sabor desagradable para echarse en los dedos, a las obvias de ponerse guantes, tiritas, o la búsqueda de sustitutivos como mascar chicle. Pero lo que recomiendas los expertos es consultarlo con un psicólogo para resolver lo que hay detrás, porque suele haberlo: «El tratamiento nos ayudará a superar la ansiedad y el estrés, a mejorar la autoestima y eliminar el sentimiento de culpa que genera y a acabar con las conductas compulsivas», explican en la Sociedad Española de Medicina Interna.

Chuparse las mangas del jersey, un hábito que «se pasa»

No es una manía muy extendida, pero sí llamativa. Niños que se chupan la manga del jersey, empapándola hasta el codo. Explica Guillermo Fouce que no es igual que lo de las uñas. «Es propio de niños muy pequeños y está asociado a la época en la que salen los dientes. El disfrute de los bebés tiene mucho que ver con las cosas que chupan y algunos ya mayores se siguen chupando la manga porque recuperan esa sensación de la más tierna infancia de cuando chupaban o mordían algo y les relajaba o disminuía el dolor», explica el psicólogo Guillermo Fouce. Habrá excepciones, pero mantiene el experto que con el tiempo es una costumbre que suele ir desapareciendo de manera natural.

En su contexto

El 30%

de los menores de entre 7 y 10 años tiene esta costumbre. Cuando llegan a la adolescencia el porcentaje se eleva hasta el 45%, según los datos que manejan en la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI). Estos porcentajes disminuyen en la edad adulta.

Onicofagia

Es el nombre científico de moderse las uñas. «Con frecuencia ocasiona otros trastornos como la tricotilomanía: arrancarse el cabello o la mucomanía, que consiste en comerse secreciones o mocos», advierten desde la SEMI

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