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La polémica relación entre vino y cáncer sacude el Europarlamento

La polémica relación entre vino y cáncer sacude el Europarlamento

Defensores y detractores del vino se enzarzan en un intenso debate antes de la decisiva votación que puede equiparar al alcohol con el tabaco

Pío García

Logroño

Martes, 15 de febrero 2022, 19:36

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El Parlamento Europeo acordó formar en junio del año 2020 un comité especial para abordar la lucha contra el cáncer. Su resolución final acaba de llegar a la sede de Estrasburgo. El informe, que contiene 196 puntos, realiza un abordaje integral de todas las estrategias necesarias para afrontar la enfermedad más devastadora de nuestro tiempo. Hay medidas de prevención, de coordinación, de atención sanitaria. Entre otras cosas, se insiste en la necesidad de efectuar cribados continuos para la detección temprana del cáncer y se incide en que la supervivencia no debería depender ni del país en el que se viva ni de la cuenta corriente que el enfermo posea.

El informe ha recibido el beneplácito de los eurodiputados de todos los partidos y territorios... Salvo en una cuestión. En su punto 15, la resolución indica que «no hay un nivel seguro de consumo de alcohol por lo que se refiere al cáncer, lo que debería tenerse en cuenta cuando se implementen políticas de prevención». En el punto 16 reclama que se incluyan «etiquetas sanitarias» en las botellas de cualquier líquido alcohólico, sin distinguir entre el vino, la cerveza o el vodka. Al mismo tiempo, reclama a la Comisión la necesidad de evaluar «un incremento en los impuestos sobre las bebidas alcohólicas».

El parlamento de Estrasburgo, que esta noche votará las enmiendas presentadas y este miércoles resolverá si aprueba o no el dictamen final, ha debatido esta mañana sobre el contenido del informe. El único punto visible de fricción entre los eurodiputados ha sido el que corresponde al vino. El alemán Peter Liese, del Partido Popular Europeo, lo resumió con una frase lapidaria: «Este debate se ha nublado por la discusión sobre el consumo del alcohol». Cada eurodiputado interviniente tenía minuto y medio de tiempo para exponer sus objeciones o reflexiones sobre la norma y la división entre ellos quedó clara desde el primer momento. Los más beligerantes en favor del vino fueron los italianos de la Liga, que salieron en tromba para defender que, como dijo en el estrado Chiara Gemma, «el consumo moderado y responsable del vino es algo diferente al del abuso del alcohol». Su compatriota Stefania Zambelli fue incluso aún más contundente: «No se puede criminalizar a algunos productos, como el vino. No es lo mismo el vino que otros licores con mucho más grado. Está en peligro la vitivinicultura no solo italiana, sino también europea».

Por parte española, la eurodiputada del PP Dolors Montserrat, exministra de Sanidad y miembro del comité que ha elaborado el informe, pidió incorporar una excepción para el consumo moderado del vino: «El consumo abusivo de alcohol es nocivo para la salud y tenemos que combartirlo con firmeza; pero no podemos equiparar el consumo abusivo de alcohol con el consumo moderado del vino, que forma parte de la dieta mediterránea y es una valiosa herencia europea que aporta una nutrición saludable».

Partidarios de no hacer excepciones

Hubo, sin embargo, voces muy expeditivas que rechazaron toda excepción. Manuela Ripa, eurodiputada alemana de Los Verdes, lo enunció sin tapujos: «Ni ingesta moderada ni nada. No queremos prohibir el consumo de alcohol, pero sí proteger a los jóvenes y a todos los consumidores». Su compañera Tilly Metz, de Luxemburgo, censuró a todos los colegas que «no querían atender a los informes científicos y preferían alinearse con los intereses de la industria».

De una manera más sutil, el eurodiputado socialista español Nicolás González Casares, uno de los ponentes del dictamen, dejó una frase que parecía llevar mensaje oculto: «En cuanto al tabaco o al alcohol, podemos cambiar parte del informe, pero lo que no cambia es la ciencia. La ciencia seguirá volviendo a llamar a la puerta».

Mucho más claro, y más duro, fue un socialista alemán, Timo Wolken, que echó un órdago a la grande: «El alcohol está científicamente demostrado que es perjudicial. Hay un cierto lobby que quiere modificar esta resolución y eso es una vergüenza. No debemos verter vino, ni siquiera del bueno, para diluir este informe». La francesa Anne Sander, del Partido Popular Europeo, le replicó: «Hay que luchar contra el abuso del alcohol, pero no se trata de ser abstemio por imposición. La cerveza y el vino representan un estilo de vida y es un sector esencial, gran creador del empleo. Seamos pragmáticos».

Al texto final se han presentado varias enmiendas, que se votarán esta tarde. Algunas de ellas pretenden minimizar el impacto de las resoluciones sobre el vino. Las más relevantes llevan la firma, entre otros, del eurodiputado socialista riojano, César Luena, y de la eurodiputada popular Dolors Monsterrat. Pretenden introducir en el texto dos matices que pueden parecer menores, pero que cobran una enorme importancia: reclaman que se condene el «abuso del consumo del alcohol» y piden que, en lugar de etiquetas sanitarias truculentas, como las que se incorporan en las cajetillas de cigarros, se incluyan advertencias en favor «de una forma responsable y moderada de beber».

La eurodiputada Montserrat, además, presentó otra enmienda para que el sistema impositivo sobre el alcohol «tenga en cuenta el importante papel que desempeña la producción vitivinícola en el mantenimiento de actividades en ellas zonas rurales, así como sus altos costes de producción».

La votación final del texto, con las enmiendas que queden incorporadas, tendrá lugar mañana por la mañana. Una vez aprobado, el informe se convertirá a todos los efectos en una resolución del Parlamento Europeo. Aunque no tendrá fuerza ejecutiva, sí que se convertirá en la guía que marcará los pasos de la Comisión en la lucha contra el cáncer. La comisaria de Salud, Stella Kyrikiades, cerró el debate reafirmando el objetivo de la UE de reducir «un 10%» el consumo de alcohol. Y añadió: «No tenemos ninguna intención de atacar a ninguna cultura gastronómica, pero debemos basarnos en la ciencia».

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