La psiquiatra Sabrina González Santana, en su consulta en el Hospital Juan Carlos I de Gran Canaria. / ARCADIO SUÁREZ

«El motivo de consulta más frecuente en menores es la conducta suicida. Es terrible»

«Con los recursos que tenemos en el servicio público ahora mismo no llegamos a atender a todos», afirma la psiquiatra Sabrina González Santana

Samantha Sánchez
SAMANTHA SÁNCHEZ Las Palmas de Gran Canaria

La jefa de Servicio de Psiquiatría Infanto Juvenil del hospital Materno Infantil, Sabrina González Santana, alerta en esta entrevista de que, a pesar de que la pandemia por el coronavirus nos ha pasado factura a todos, los grupos más vulnerables, como niños, niñas y adolescentes, además de los ancianos, son los que se han visto más afectados.

Además, denuncia que los recursos de los que dispone el servicio público de salud mental en Gran Canaria -y en toda Canarias- continúan siendo insuficientes para atender a toda la población infanto juvenil que lo necesita, sobre todo después de que la pandemia haya triplicado la demanda.

- ¿La pandemia ha traído un tsunami de trastornos mentales o solo los ha destapado?

- Una de las pocas cosas que le podemos agradecer a la pandemia es que, tras ella, se ha empezado a hablar por fin con mayor naturalidad de la enfermedad y de la salud mental y se ha visibilizado que los niños y los adolescentes también pueden presentar problemas de salud mental y que son igual de importantes que los que pueden presentar los adultos. Sin lugar a dudas, la pandemia ha empeorado la salud mental de todos, sin excepción. Pero es verdad que ha afectado especialmente a los grupos vulnerables. Esto no significa que la pandemia haya generado enfermedad, sino que ha precipitado la aparición de muchos factores de riesgo en un corto periodo.

- ¿Qué supone esa vulnerabilidad en la adolescencia?

- La adolescencia es una etapa de transición en la que los individuos comienzan a gestar su propia personalidad y en la que se producen numerosos cambios biológicos y fisiológicos. Por ello, se vuelve un momento de gran vulnerabilidad, tanto psíquica como física, para que irrumpan las patologías. Y a todo eso le tenemos que sumar el paso de la pandemia por nuestras vidas, que disminuyó las tan necesarias posibilidades de socialización. Si todo lo que gira en torno a la adolescencia ya es complicado de por sí y encima añadimos más factores de riesgo como los que hemos tenido durante la pandemia, pues la situación se vuelve peor todavía.

- ¿Por qué siempre se han minimizado las patologías mentales en esa etapa?

- Desde tiempos pasados, los problemas que afectaban a la población infanto juvenil han sido minimizados y ninguneados porque era un grupo que no aportaba absolutamente nada a la sociedad, al igual que pasaba con las mujeres. Actualmente, la creencia de que a nivel cerebral todavía no existe una madurez suficiente en los niños y en los adolescentes, genera la sensación de que quizás no puedan presentar las patologías que sí que pueden presentar las personas adultas.

- ¿Y esto en realidad es así?

- Para nada. La población infanto juvenil puede presentar y de hecho presenta las mismas patologías que los adultos, con las mismas complicaciones. Lo que pasa es que los factores de riesgo asociados a estas enfermedades siempre se han atribuido más a las personas adultas. Pero hay que tener en cuenta que los niños y los adolescentes son seres dependientes de los sistemas que son cercanos a ellos como la familia, el grupo social o la sociedad al completo. Por lo tanto, no se les puede abstraer de su contexto. Y si el contexto no funciona, el individuo tampoco va a funcionar.

- ¿Los adultos arrastran problemas de su etapa adolescente?

- Sí, aquellos pacientes adultos que han sufrido afecciones crónicas, es decir, de larga duración, pueden arrastrar problemas que se han iniciado en la adolescencia. En las patologías que son crónicas vemos que en hasta un 50% su debut es antes de los 18 años y en un 75% su debut es antes de los 25 años. Por lo que, cuando hablamos de trastorno crónico, es muy importante ver cuándo debuta. Porque cuanto antes comience, peor va a ser el pronóstico y peor va a ser la evolución.

Perfiles

«Nos llegan muchos adolescentes con intolerancia a la frustración, con una gran confusión»

- ¿Qué trastornos mentales se han visto más en los adolescentes tras la pandemia?

- A lo largo de la pandemia fueron modificándose los perfiles de presentación en los adolescentes. En un primer momento, aparecieron los trastornos más evidentes, que son las patologías conductuales: se reflejaron en forma de agresividad en los pacientes chicos y en forma de trastorno de la conducta alimentaria en las pacientes chicas. Estos forman parte de los trastornos externalizantes, que son los más sencillos de ver. Fue en un segundo momento cuando aparecieron los trastornos internalizantes, que son aquellos más callados y por lo tanto, más complicados de diagnosticar, como la ansiedad.

- ¿Cómo está la situación ahora?

- Ahora mismo, en este momento de «estabilización inestable», tenemos un poco de todo. Empieza a notarse que ya llevamos demasiado tiempo con todo esto encima. Los que más nos llegan actualmente son adolescentes con perfiles de intolerancia a la frustración, de confusión muy importante, de autolesiones y de conductas suicidas. Y es que, el motivo de consulta más frecuente en menores de edad en este momento precisamente es la conducta suicida. Es terrible.

- ¿Por qué una persona joven piensa en quitarse la vida?

- Ahora mismo nos encontramos con unos adolescentes que están muy perdidos en la vida y que realmente no saben cómo manejarse ante las situaciones normales que se les presentan. Esto hace que, ante cualquier vicisitud, piensen 'pues me voy de este mundo', porque realmente llegan a creer que esa es la manera más fácil de salir de la situación de malestar en la que se encuentran.

- ¿La pandemia ha incidido en los suicidios?

- La pandemia supuso una suma de muchos factores de riesgo en un corto periodo de tiempo como la sensación de tensión constante, la situación de incertidumbre, la convivencia en hogares a veces muy disfuncionales, la imposibilidad de salir de las casas o la falta de socialización. Ante esta situación, estos jóvenes a los que nadie les ha enseñado a tolerar las emociones negativas, la frustración y el malestar, asumen que la salida más rápida es la conducta suicida. Realmente piensan que así acabarán con todo el sufrimiento que están sintiendo.

- ¿Cómo ver las señales?

- Es verdad que son pocos los jóvenes que expresan abiertamente sus intenciones de quitarse la vida, porque no resulta algo fácil de decir. Pero tampoco es algo que se hace en silencio. Creo que lo más importante es conocer a la persona que tenemos al lado. En la mayoría de las ocasiones, se van a ir dando pistas que nos pueden alertar de que algo no está bien, siempre y cuando estemos atentos. Es importante tener en cuenta los cambios de actitud en la persona, si comienza a aislarse o a entregar sus pertenencias sin ningún motivo aparente.

Alta demanda

«Tenemos más de 3.000 menores en tratamiento y cada año hay de 1.000 a 1.500 más»

- ¿En cuarentena fue más fácil para las familias ver esas pistas?

- Sorprendentemente, no. Una de las cosas que notamos durante la pandemia es que las familias no conocen bien a sus hijos, quizás porque pasan mucho tiempo fuera o quizás porque cada miembro hace su vida de forma independiente. La pandemia nos encerró a todos de golpe y esa convivencia generó situaciones de desconocimiento absoluto entre los núcleos familiares. Los padres se preguntaban '¿por qué mi hijo ahora no me habla de lo que le pasa?'. Pero realmente ellos nunca habían construído un espacio de confianza dentro del grupo familiar en el que su hijo se sintiera seguro para expresarse. Y eso es algo que debe hacerse desde que son pequeños.

- ¿Y qué pasa con los centros escolares?

- El ámbito familiar no es el único que puede detectar este tipo de situaciones de riesgo. Por eso es importante aliarnos con Educación, porque la población infanto juvenil pasa mucho tiempo de su vida en los centros escolares. De hecho, en este momento ambas áreas estamos trabajando en un protocolo de prevención de suicidios.

- ¿Cuáles son los determinantes de salud en un adolescente?

- Debemos tener claro que un adolescente no enferma porque quiere, sino porque puede, como cualquier otra persona. Para que eso ocurra se tienen que dar dos circunstancias: una vulnerabilidad genética y unos factores de riesgo a los que llamamos estresantes. A mayor riesgo genético, menos factores de riesgo necesitamos. Y a mayores factores de riesgo, menos vulnerabilidad genética necesitamos. De momento, nosotros no somos capaces de modificar la parte genética, pero sí los factores de riesgo y los factores protectores. Dentro de esos factores de riesgo tenemos una serie de determinantes que son individuales, familiares y sociales. Si todos estos ámbitos van mal, pues van a aparecer los trastornos psiquiátricos. Es por esto que no todo lo relacionado con la salud y la enfermedad mental debe depender solo de Sanidad.

- ¿Es necesaria una coordinación?

- La coordinación en la población infanto juvenil es imprescindible. Desde Sanidad no podemos hacernos cargo solamente de una parte del niño. Por ello, todas las áreas debemos trabajar a partir de la misma línea, mano a mano, porque los niños y los adolescentes son seres dependientes de su contexto y de su entorno.

- ¿Se da actualmente?

- Actualmente existe una coordinación, pero es insuficiente. La realidad es que las situaciones se van complicando cada vez más y necesitamos que esas coordinaciones sean mucho más fluidas y mucho más efectivas. Todavía existe demasiada división en las áreas porque hay que tener en cuenta que somos instituciones diferentes. A veces los de a pie tenemos muy claro que debemos hacer las cosas de una manera determinada pero desde arriba seguimos siendo organismos distintos y entonces no podemos colaborar tanto como deberíamos y como quisiéramos.

Atención en las aulas

«Debemos aliarnos con Educación porque los adolescentes pasan mucho tiempo en los centros escolares»

- ¿Existen suficientes profesionales especializados en la población infanto juvenil?

- A partir del año que viene, por primera vez en España, que era uno de los países que no tenía reconocida la especialidad, empezamos a tener residentes con formación específica en niños y adolescentes. Es algo muy necesario porque, de la misma manera que la sociedad siempre ha minimizado la importancia de los trastornos mentales en este grupo de población, los profesionales también lo hemos hecho. Al final siempre se le había otorgado mayor gravedad a una afección que pudiera presentar un adulto en un momento determinado, cuando en realidad hay niños que debutan con 5, 6, 8 o 9 años y serán pacientes muy graves cuando sean personas adultas. Por lo tanto, todo lo que se invierta en salud mental infanto juvenil va a ser una gran inversión de futuro para la sociedad en general.

- ¿Hacen falta más recursos?

- Necesitamos más recursos, eso es una realidad. El servicio aquí en Gran Canaria ha crecido bastante en poco tiempo, pero seguimos siendo insuficientes para toda la demanda que hay post pandemia. Una demanda que se ha incrementado por tres. Nosotros ahora mismo tenemos más de 3.000 pacientes en la isla, menores de edad, en seguimiento y tratamiento. Y cada año están presentándose de 1.000 a 1.500 más. Entonces estamos hablando de una cifra enorme para un servicio pequeño, por lo que ahora mismo estamos saturadísimos. Necesitamos más recursos efectivos y reales para que podamos llegar a todo lo que tenemos que llegar.

- ¿Entonces hace falta tener dinero para que una persona pueda tratar su salud mental?

- Lamentablemente, con los recursos que tenemos en el servicio público ahora mismo no llegamos a atender a todos. Es una situación complicada porque normalmente los pacientes más graves vienen asociados a situaciones socioeconómicas deprimidas, por lo que no pueden permitirse acudir al servicio privado. Ante esta falta de medios, nosotros estamos intentando atender lo más grave. Lo más leve probablemente lo tendremos que ir retrasando en las interconsultas y finalmente se tendrán que buscar la vida en la privada. Ojalá no tuviera que ser así, pero es que no podemos hacerlo de otra manera. Y esto nos obliga a decidir con lo que tenemos.

– ¿La sobreexposición a las redes sociales afecta a la salud mental de los adolescentes?

– La realidad es que las redes sociales nos están haciendo un flaco favor porque no son un sustituto de la vida real y tampoco son un sustituto de las relaciones interpersonales, que son esenciales. Las redes generan unas expectativas y unas imágenes completamente distorsionadas de la realidad y fomentan las comparaciones, que resultan ser muy peligrosas. Evidentemente todo esto afecta de una manera u otra a la salud mental de la población infanto juvenil y de cualquier otro grupo de población.

– ¿Y cómo afecta el postureo?

– El movimiento del postureo también es peligroso. Ahora todo el mundo tiene que ser feliz, todo el mundo tiene que ser perfecto, todo el mundo tiene que ser guapo. Y por supuesto hay que mostrarlo por las redes sociales, para que todos lo vean. Cuando eso realmente no se da, es imposible, es algo que no existe. No es lícito decir que estamos tristes o que nos sentimos mal. No queda bien. Porque parece que estar mal está mal. Hay que decir siempre que somos felices, que todo está super bien en nuestra vida. Y todo esto hace mella en los adolescentes, que comienzan a pensar que sentirse mal te hace ser un inútil.

– ¿Cómo separar las redes de la realidad?

– Los que no hemos nacido con las redes sociales, podemos tener la capacidad de dejarlas a un lado y equilibrarlas con la vida real. Pero para los niños y los adolescentes que han nacido con las redes sociales, es una parte más de su vida y resulta muy complicado hacer esa separación. Es posible, pero cuesta.

– ¿Y la adicción a las pantallas?

– Al final las pantallas son un sinónimo de la no presencia y de la ocupación sin ocupación. Tenemos que volver a enseñar a los niños y a los adolescentes a relacionarse adecuadamente en vivo y sobre todo a aburrise, que también es importante y resulta fundamental para desarrollar la creatividad y la inteligencia y para desarrollar todas las capacidades y funciones cognitivas que estamos dejando un poco anestesiadas en este tiempo.