La gente hace cola para hacerse la prueba contra la covid-19 en Shanghai. / AFP

La fuerza imparable de Ómicron desafía la política de Covid 0 en China

Aunque solo registra 1.807 casos de transmisión local más 1.455 asintomáticos, pocos en comparación con otros países, salta la alarma porque son el máximo en dos años

PABLO M. DÍEZ Corresponsal en Pekín

Ni el cierre de fronteras ni las restricciones draconianas, como las cuarentenas de 21 días y los controles del «Gran Hermano» chino, pueden detener la fuerza imparable de Ómicron. Con brotes en 16 de sus 32 provincias, China sufre el máximo número de contagios del coronavirus desde el estallido de la pandemia en Wuhan hace dos años. Según informa la agencia estatal de noticias Xinhua, el sábado se contabilizaron 1.807 positivos, a los que hay que sumar 1.455 asintomáticos, que van en una lista aparte, y 131 casos importados del extranjero.

Aunque son pocos en comparación con otros países, se trata de cifras muy altas para la política de «Covid 0» que aplica Pekín, que se ha blindado contra la pandemia gracias al cierre de sus fronteras a finales de marzo de 2020 y desde entonces ha atajado todos sus brotes con confinamientos y pruebas masivas. Además de la proliferación de casos por la mitad del territorio nacional, su número lleva una semana creciendo exponencialmente, desde los 175 positivos confirmados del lunes pasado hasta los 476 del viernes. Con esta cifra cuadruplicada al día siguiente y más de un millar de asintomáticos, parece clara la amplia circulación de la variante Ómicron del coronavirus, que es más contagiosa pero menos grave.

A pesar de esa menor mortalidad, su altísima infección es inaceptable para las autoridades chinas, que han hecho del control del coronavirus una razón de Estado y un pilar de la legitimidad de su régimen autoritario frente a la sangría que la pandemia ha causado en las democracias occidentales. Para que la situación no se les escape de las manos, están imponiendo de nuevo confinamientos masivos como el que ya rige sobre los nuevos millones de habitantes de Changchun, capital de la provincia nororiental de Jilin, las más afectada con 1.412 positivos reportados el sábado.

En Shanghái, la capital económica del país, también han saltado todas las alarmas y hasta el temor a un confinamiento de la ciudad entera, donde viven 25 millones de personas. Las autoridades lo niegan e insisten en que seguirán aplicando el sellado selectivo de barrios y urbanizaciones, pero los colegios han cerrado y han sido suspendidas las actividades en lugares al interior como teatros y salas de exposiciones o conciertos. Shanghái, que hasta ahora era considerada un modelo de control del coronavirus sin mermar su vitalidad económica y social, está en la picota después de que los medios oficiales hayan informado de que este brote se ha debido a la «laxa seguridad» en un hotel de la cuarentena para los viajeros llegados del extranjero. A pesar de las nuevas restricciones y de la psicosis ante un cierre de la ciudad, que ha llevado a muchos a hacer acopio de víveres, el parque de atracciones de Disney sigue abierto y solo ha reducido su aforo.

Al sur, las autoridades también intentan contener los focos en las ciudades de Shenzhen, donde hay once distritos confinados y sus vecinos deben someterse a pruebas PCR diarias, y Cantón (Guangzhou), donde miles de personas se han visto atrapadas en su popular feria de exportaciones. Todo apunta a que estos brotes proceden del vecino Hong Kong, que vive su peor ola del coronavirus por la explosión de Ómicron.

Con sus hospitales colapsados, la antigua colonia británica registró el sábado 27.600 infecciones y 198 defunciones, lo que supone el peor zarpazo para una ciudad que, hasta ahora, había controlado bien la epidemia. Pero la alta contagiosidad de Ómicron y la baja vacunación entre los mayores han disparado la mortalidad y las críticas contra el Gobierno local.

Mientras Occidente avanza hacia la «gripalización» del Covid-19 para convivir con el virus, China sigue blindada y, a la vista del caos sanitario en Hong Kong, no parece probable que vaya a relajar sus controles. Más bien al contrario, los está reforzando para atajar estos brotes. «Nuestras medidas de control y prevención se basarán en el desarrollo de la pandemia y los cambios del virus», se limitó a contestar el viernes el primer ministro, Li Keqiang, cuando la agencia EFE le preguntó en su comparecencia anual ante la Prensa tras la reunión de la Asamblea Nacional Popular. De momento, el único cambio ha sido permitir que cinco compañías suministren test de antígenos a pacientes y contactos de positivos ya en aislamiento, cuyos resultados deben ser luego confirmados por pruebas PCR, más extendidas en China.

Otros países de Asia que también habían mantenido a raya al coronavirus, como Corea del Sur, sufren su peor ola por el estallido de Ómicron, que deja ya más de 350.000 contagiados y 250 fallecidos al día. Tarde o temprano, esta variante del coronavirus acaba atrapando incluso a quienes mejor se habían protegido.