Concentración contra la violencia machista en la capital grancanaria. / Arcadio Suárez

«Hay que repetirlo: un maltratador nunca puede ser un buen padre»

Los expertos piden que se suspendan el régimen de visitas y la custodia compartida en caso de que el agresor sea condenado

ANTONIO PANIAGUA madrid.

«No las vas a volver a ver». Es la amenaza que profirió Tomás Gimeno a su exmujer y que ejemplifica mejor que nada la violencia vicaria: infligir a la pareja un sufrimiento extremo a través de los hijos. El hombre que secuestró y asesinó a Olivia y Anna para escarmiento y mayor dolor de la que fue su esposa buscaba golpear «ahí donde más duele». Una tortura que dura toda la vida y de la que es imposible recuperarse.

Sin llegar al asesinato, hay una panoplia de conductas que entran dentro de eso que se llama violencia vicaria, la que se ejerce por persona interpuesta, generalmente los hijos. Bajo esta definición se agrupan desde el maltrato a los menores hasta su manipulación para indisponerlos contra la madre. Una modalidad de este tipo de violencia es la económica, que consiste en el impago de las pensiones alimenticias, una extorsión que se traduce en la precariedad de madres e hijos. «Todos los maltratadores que tienen hijos la ejercen. En las asociaciones estamos hartos de pedir que cuando haya una denuncia por violencia de género se suspenda automáticamente la convivencia del maltratador con los menores», asegura el secretario de la asociación Alma, Gregorio Gómez Mata.

Son muchas y variadas las formas de ejercer la violencia vicaria. Gómez Mata ha visto algunas desde su puesto de atención a las víctimas. «La madre compra ropa nueva a su hija y al terminar la visita con el padre la niña vuelve con las prendas hechas jirones. O el padre le pone a su hija dos tallas más pequeñas de zapato para hacerle daño en los dedos de los pies. O la niña que le encantaba hacerse peinados y coletas se presenta al final de la estancia con su progenitor con el pelo rapado. Estoy contando cosas leves», enumera el secretario de Alma.

Desde 2013, año a partir del cual se empezaron a contar, asciende a 39 el número de menores que han sido asesinados por su padre o pareja de su madre. En esta cifra no se incluye el caso de Olivia y Anna, dado que aún no se ha demostrado la autoría del asesinato. Uno de los casos con mayor repercusión mediática fue el asesinato perpetrado por José Bretón, condenado a 40 años de prisión por asesinar a sus dos hijos de 6 y 2 años; o el de las hijas de Itziar Prats, también de 6 y 2 años, que fueron asesinadas en 2018 por su padre, Ricardo Carrasosa, quien después se suicidó. La madre había denunciado el riesgo, pero nadie la escuchó. Ahora ha emprendido una cruzada contra la Administración para que se reconozcan los errores cometidos que condujeron a la tragedia.

Objetos

La psicóloga clínica y forense Sonia Vaccaro, quien acuñó el término de «violencia vicaria», asegura que esta variante del maltrato empieza en muchos casos con los trámites de divorcio o separación. Es una expresión que se incluyó en el pacto de Estado contra la Violencia de Género de 2017, lo que permitió que las mujeres que padecían agresiones por persona interpuesta fueran merecedoras de protección. «Los hijos son considerados objetos. Los hombres, sabedores de que las madres son muy vulnerables en este aspecto, comienzan con la amenaza de 'te quitaré a los niños'». Para Vaccaro, las propias instituciones son de alguna manera cómplices por omisión de esta violencia vicaria. «Las cifras del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) nos dicen que solo en el 3% de los casos de violencia de género se suspende la custodia y en el 5% se cancelan las visitas cuando el maltratador resulta condenado. Prácticamente es inexistente la suspensión de la patria potestad».

Según la psicóloga, los jueces y servicios sociales no han sido suficientemente diligentes para erradicar estos comportamientos, pues tienden a minimizar la gravedad de las intimidaciones. «Lo tenemos que repetir y tomar conciencia: un maltratador nunca puede ser un buen padre. El maltratador sabe que de un asesinato la madre nunca se va recuperar. Por eso lo comunica antes de hacerlo».

Desde hace apenas dos años, el protocolo que las mujeres siguen en las comisarías cuando denuncian un maltrato machista, dentro del llamado sistema Viogen, incluye preguntas sobre el riesgo específico que corren sus hijos. Ahora el cuestionario incorpora preguntas sobre si los hijos han sido amenazados por el agresor.

Altamira Gonzalo, vicepresidenta de la Asociación de Mujeres Juristas Themis, argumenta que en «España ha habido bastante insensibilidad con el sufrimiento que pueden tener los menores con la separación de sus padres. Muchas veces, si los menores se oponen a ir con sus padres según lo estipulado en el régimen de visitas, se dice que es un capricho o una decisión inducida por la madre».