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Un país de ensueño. Vista aérea del distrito de Queenstown Lakes, en la Isla del Sur, a la cálida luz del crepúsculo. AFP
Seducidos por la Tierra Media

Seducidos por la Tierra Media

Refugio de millonarios. Nueva Zelanda se ha convertido en el destino de ricos potentados, sobre todo americanos, que escapan del cambio climático, de los efectos de la pandemia del Covid-19 y también de la presión fiscal

Gerardo Elorriaga

Sábado, 8 de enero 2022, 18:43

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España se halla en las antípodas del paraíso, literalmente. En el otro extremo del planeta dos islas se han convertido en el refugio de millonarios de todo el mundo. Nueva Zelanda es el destino preferido de aquellos que buscan establecer su hogar en un lugar seguro, dotado de bellos paisajes y clima templado y, sobre todo, aparentemente distante de este mundo convulso. El cambio climático, la amenaza de eventos nucleares y la expansión del Covid-19 por todo el mundo, han impulsado el atractivo de un archipiélago remoto, hasta ahora ligado a la amenazante 'haka' con la que se suele presentar su equipo de rugby. Y también a sus bellezas naturales, ampliamente divulgadas por el cine en los últimos años.

El director local Peter Jackson rodó en su país natal la trilogía de J.R.R. Tolkien y es a partir de ahí cuando muchos empresarios y ejecutivos de Silicon Valley, que han crecido con las aventuras de 'El señor de los anillos', han comenzado a ansiar un resguardado futuro en la fantástica Tierra Media.

No se trata de un hecho anecdótico, sino de un fenómeno con trascendencia social y económica. El archipiélago austral apenas ha sufrido el zarpazo de la pandemia y ahora pretende rentabilizar esa sensación de feliz aislamiento que provoca una incesante demanda de visas en su Oficina de Inmigración.

El gobierno ha vuelto a abrir las fronteras, aunque persiste en discriminar las llegadas. En los últimos años, recibía unos 70.000 inmigrantes anuales y, a partir de ahora, los prefieren escasos y solventes. Durante los próximos doce meses, la antigua colonia inglesa abrirá sus puertas a 200 inversores a los que facilitará la obtención del permiso de residencia a cambio de cuantiosas contraprestaciones y un régimen fiscal también especialmente indulgente con los beneficios obtenidos en Bolsa.

El atractivo 'kiwi' tiene sus antecedentes. Las aventuras míticas y la paranoia no fueron los primeros alicientes para buscar domicilio en el continente austral. Los emprendedores chinos, tan prudentes, siempre han buscado otros pasaportes y algunos se radicaron o decidieron hacerse con una residencia en Nueva Zelanda. Soichiro Fukutake, un millonario japonés, fue el nuevo vecino más popular. Este magnate, propietario del grupo empresarial Benesse, se instaló en 2009 y generó enormes expectativas. Su fama como impulsor de la fastuosa isla de los museos de Naoshima le precedió y se ha mostrado a la altura de las expectativas.

Ambiciosos proyectos

Lejos de comportarse como un discreto residente, ha dado cuenta de ambiciosos proyectos empresariales, como la creación de una empresa embotelladora de agua con vocación internacional o la promoción del proyecto Sim-Drive, que aspira a la comercialización de un vehículo eléctrico con varios motores.

El estadounidense Julian Robertson fue también presa de su discreto encanto envuelto en facilidades tributarias. El fundador de los poderosos fondos Tiger Management adquirió varias fincas y bodegas en el país y su enamoramiento lo condujo en 2009 a la donación a la Galería Nacional de una colección de arte sin parangón en toda Oceanía, que incluye lienzos de Pablo Picasso, Paul Gauguin o Henri Matisse.

Hotel de lujo que ha levantado en Kauri Cliffs el multimillonario y filántropo Julian Robertson.
Hotel de lujo que ha levantado en Kauri Cliffs el multimillonario y filántropo Julian Robertson. R. C.

El interés de las elites estadounidenses por los Mares del Sur parece ligado al mandato del presidente Donald Trump, cuando la imprevisibilidad de su estrategia exterior amedrentó a la burguesía californiana, tradicionalmente demócrata. También se menciona la difusión de un manifiesto libertario llamado 'El Individuo Soberano: Cómo sobrevivir y prosperar durante el colapso del Estado de Bienestar', escrito por James Dale Davidson, prestigioso analista de inversiones que ha publicado varios libros describiendo la distopía que viene, una sociedad sumida en el caos, tal y como relata en 'Blood in the streets', otro de sus títulos. El espeluznante relato, parece haber inspirado la serie 'The Walking Dead' y alentado la búsqueda de segundas residencias a la oligarquía yanqui.

La salvación no estaba en Texas, tan polvorienta, ni en la tórrida Miami, sino a más de 12.000 kilómetros al suroeste. Los millonarios descubrieron el 'hobbit' que llevaban dentro e iniciaron las primeras gestiones en el mercado inmobiliario neozelandés tras volar durante más de 15 horas en un viaje sin escalas entre Los Ángeles y Wellington. El distrito de Queenstown Lakes, un paraje de ensueño donde confluyen los lagos Wakatipu, Wanake y Hawea, ha sido uno de los más demandados por los norteamericanos, arrebatados por una belleza que recordaba a Nueva Inglaterra o a la tierra de sus ancestros irlandeses o escoceses. Además, algunas empresas ofrecían parcelas con la posibilidad de construir búnkeres subterráneos para protegerse de esas anunciadas catástrofes.

Medidas restrictivas

El furor adquisitivo generó inquietud en las altas esferas. La Administración nativa impuso medidas restrictivas a la compra de inmuebles por extranjeros, operaciones que debían ser supervisadas y aprobadas por la Oficina de Inversiones Extranjeras. Pero la gentileza 'kiwi' ha vencido las limitaciones. La Visa de Inversor, un opción para los más acaudalados, permitió al director James Camerón, artífice de 'Titanic' o 'Avatar', la adquisición de una finca de más de 1.500 hectáreas en torno al Lago Pounui, cerca de la capital Wellington, y no hubo problema alguno, a pesar de que se trata de una zona de especial biodiversidad. No fue el único que se permitió la compra de grandes parcelas. El periodista televisivo Matt Lauer, una celebridad en Estados Unidos, también se hizo con una antiguo complejo de granjas con una extensión superior a las 6.000 hectáreas.

El escándalo llegó en 2013 con el descubrimiento de que el empresario Peter Thiel había obtenido la ciudadanía tras sólo doce días de estancia, un periodo suficiente para hacerse con la apreciada condición de ciudadano. El asesor de Trump y creador, junto a Elon Musk, de PayPal, accedió a un trato de favor por ser considerado «un embajador de Nueva Zelanda», según Nathan Guy, entonces ministro de Inmigración.

Poco importaba que el individuo no mostrara ningún interés por residir lejos de San Francisco o que la concesión se hubiera realizado, de forma secreta, en California. Quedaba meridianamente claro que su elección había tenido que ver con contrapartidas inmediatas. El empresario ya había realizado su compra de bienes raíces e, incluso donó un millón de dólares para los damnificados del terremoto que asoló la ciudad de Christchurch.

Boom inmobiliario

El apocalipsis no ha llegado aún, pero la demanda de chinos, japoneses y estadounidenses, ha provocado un delirante boom inmobiliario, tan sólo superado por el que experimenta Canadá. La burbuja es inmensa. Los precios de la vivienda en Auckland, la principal urbe, se han duplicado desde 2007 y los expertos locales calculan que volverán a hacerlo en los próximos siete años. El precio medio de una propiedad en esa ciudad es de 840.000 euros y en el resto del país se acerca a los 590.000, lo que ha provocado en los últimos años un descenso constante del porcentaje de propietarios.

El país de los Alpes del Sur, donde abundan lagos, fiordos glaciares y pastos sin fin, el escenario de la Tierra Media y el reino de Mordor, se ha vuelto una 'rara avis' en la que los oropeles esconden un desmesurado afán especulativo. Según un informe de Credit Suisse, el 4% de sus 4,9 millones de habitantes disfruta de la condición de millonario, una tasa que supera a potencias como Japón y Alemania, aunque esta circunstancia parece ligada a la desorbitada revalorización de sus activos inmobiliarios.

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