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Alumnado del centro ocupacional de Adepsi junto a una monitora y la coordinadora del programa. cober

Sin plazas les privan de una vida autónoma

Discapacidad ·

Al cumplir 21 años el estudiantado con necesidades de apoyo educativo sale de los centros formales, pero la carencia de talleres ocupacionales les mantiene en listas de espera de años. ¿Hay solución?

Luisa del Rosario

Las Palmas de Gran Canaria

Domingo, 19 de febrero 2023, 01:00

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En Canarias, según los datos de la Consejería de Educación, están escolarizados 24.925 niñas, niños y adolescentes con Necesidades específicas de apoyo educativo (NEAE) y de ellos 2.496 tienen una discapacidad intelectual. Allí reciben la formación necesaria para potenciar su autonomía personal hasta los 21 años. A partir de ahí, el 70% del alumnado con necesidades especiales «desaparece», señala el Consejo Escolar de Canarias en un informe sobre equidad e igualdad. De ahí que pidieran que se «garantizara al alumnado diverso» la formación. Eso en la actualidad no ocurre. Los y las jóvenes con discapacidad a partir de los 21 años se quedan en un limbo, esperando para poder acceder, según capacidades, a un centro ocupacional sin saber cuánto tiempo va a tardar porque no hay plazas disponibles. «Esta situación me retrotrae a los años 80», explica María Eugenia Palmás, presidenta de Adepsi y una de sus fundadoras. Eugenia hace referencia a unos años en los que apenas había recursos para las personas con discapacidad ni apoyos para las familias.

Necesidad de planificar

Natalia Cañeque, gerente de la asociación de organizaciones de personas con discapacidad intelectual Plena inclusión Canarias, asegura de que este es un problema del que vienen advirtiendo desde hace años. «Las familias están esperando un montón de tiempo. Hemos estado reivindicando una planificación de los servicios sociales. La planificación no puede ser en base a una legislatura sino a corto, medio y largo plazo. Si yo tengo identificadas a las personas que tengo en el sistema educativo y tengo en cuenta sus requerimientos y su comarca para no desarraigarlos, tengo que planificar. Las familias cuando sus hijos e hijas salen del sistema educativo caen en el olvido pero no son estancos, la vida es un continuo». Además, lamenta «obligan a las familias a exponerse públicamente para conseguir una plaza. Es una situación muy dura que las obliga a exponerse públicamente para lograr los derechos que tiene su hijo por la falta de planificación».

  • 3.213. Es el número de personas de entre 18 y 34 años con discapacidad intelectual en Canarias con datos del INE. De ellas 1.703 viven en la provincia de Las palmas y 1.510 en Tenerife

  • 2.496 Es el alumnado con discapacidad intelectual y Necesidades específicas de apoyo educativo (NEAE) que están matriculados en los centros de Canarias.

Municipios con más lista de espera

La Consejera de Derechos Sociales, Noemí Santana, pidió a los cabildos insulares el número de jóvenes que estaba en esta situación. El Cabildo de Tenerife dijo que 77. En Gran Canaria son 61. Pero según la consejera de Políticas Sociales, Isabel Mena, «no hay una lista única de centros ocupacionales», las listas están por municipios y en el caso de Gran Canaria, las listas de espera se concentran en tres: Las Palmas de Gran Canaria, Telde y Santa Lucía de Tirajana. En otros, en cambio, como los de Firgas o Gáldar los centros ocupacionales pueden atender a población de otros municipios. Cabe recordar, no obstante, que esto en muchas ocasiones no es viable para las familias pues no cuentan con transporte propio.

Mena asegura que el Cabildo de Gran Canaria es consciente del problema y que van a convertir el colegio Drago, en el barrio de La Paterna, en Las Palmas de Gran Canaria, «en un mega centro ocupacional que de soporte a toda la isla» con 90 plazas. El proyecto, dice, está «redactado», falta licitarlo y las obras durarán unos 10 meses. «Verá la luz en un año y daría cobertura a la lista de espera que tenemos hoy». La cuestión es que seguirán faltando plazas porque seguirán saliendo jóvenes del sistema educativo.

Para aumentar el número de plazas los centros deben contar con personal y con espacio. El problema de las administraciones públicas es que «pueden tener espacio, pero no pueden contratar», dice Mena. El de las entidades privadas, que sí pueden contratar, es el de contar con espacio.

«El tercer sector es la solución», afirma la gerente de Adepsi, Natascha García. «Somos familias que realmente podemos dar respuesta a esta problemática con colaboración pública. Este centro fue construido con cesión de suelo público y dinero del Gobierno de Canarias y el Cabildo de Gran Canaria y otras entidades privadas. Pusimos la primera piedra en 1999 y estaba funcionando en 2001 atendiendo a más de 100 personas y todas en plazas públicas. Queremos ser colaboradores», insiste.

Precisamente por esa acuciante falta de plazas Adepsi ampliará de 53 a 63 la de su centro ocupacional. «Y tenemos una tercera planta en la que podríamos atender a más gente» y llegar a las 122. Las plazas las sufragan las administraciones públicas, según el último convenio con 19,07 euros al día durante 248 días al año por persona. El 66% lo sufraga la comunidad y el 33% los cabildos de cada isla. La diferencia con las plazas sociosanitarias en residencias es obvia. «En una residencia una persona mayor ocupa una plaza durante un tiempo» en función de su edad. En discapacidad, recuerda Natascha, una persona puede ocupar una durante «50 años». Por eso, abunda, «No hay una respuesta a corto plazo».

Más coordinación

Eugenia pone también el foco en la necesidad de una mayor coordinación entre Educación y Derechos Sociales. Muchas personas jóvenes con discapacidad pueden formarse para su empleabilidad, pero la FP Adaptada ofrece pocas plazas en las islas. De hecho, en los centros relacionados con distintas enseñanzas de FP en las islas solo hay 442 estudiantes con NEAE.

Para las personas jóvenes con discapacidad intelectual no acudir a un centro después de los 21 años les acarreará «retrocesos» en su desarrollo formativo, explica la coordinadora de los talleres ocupacionales y centro de día de Adepsi, Zuleima Rodríguez. Incluso puede que presentan «problemas de conducta» porque se quedan «aislados». Al integrarse en un centro, abunda, además «tendrá una formación acorde al deseo que tiene la persona, que está siendo individualizada».

Ruth Santana, madre de Texeida, una joven con discapacidad intelectual, fue la que dio la voz de alarma sobre la falta de plazas. Su hija lleva dos años fuera del sistema educativo, tres en la lista de espera. Su denuncia pública ha puesto de manifiesto las carencias del sistema de servicios sociales en Canarias y el «desamparo», como dice Ruth, de jóvenes como su hija. De hecho, han creado una plataforma Y ahora ¿Qué hacemos?

En el lado contrario, mostrando la vida que se está perdiendo Texeida, están Juan Francisco Guzmán y Belinda Valerón, usuarios del centro ocupacional de Adepsi. Francisco vive solo y tiene un empleo. Belinda, por su parte, va sola en transporte público al centro y se compra su propia ropa. Dos muestras de que la educación puede ayudar a superar barreras y alcanzar una vida en la que se conozca la sensación de libertad también para las personas con discapacidad intelectual. Y es su derecho.

Juan Francisco, usuario de Adepsi. COBER

Francisco y Belinda: ejemplos de lo que se puede lograr con apoyo educativo

Belinda, usuaria de Adepsi COBER

Juan Francisco Guzmán es uno de los usuarios del centro ocupacional de Adepsi, en la capital grancanaria. Él mismo explica que gracias a esta institución se ha «formado» haciendo «un montón de cursos». Juan está contento por su forma de vida. «Sé hacer las cosas por mí mismo, soy autónomo. Me levanto antes de la 4 de la mañana para ir a trabajar».

Juan tiene un empleo de media jornada en el sector de la limpieza. Se ocupa de un polideportivo e incluso tareas que antes no le gustaban mucho ya las domina y le gustan.

Belinda Valerón es «un caso de éxito» para Adepsi porque ejemplifica el grado de autonomía que puede alcanzar una persona a la que no se le ponen límites en su aprendizaje. Belinda cuenta que está muy satisfecha porque va sola en guagua al centro cada día. «Antes mi madre no me dejaba», asegura.

Hoy, además, hace los recados, va a la tienda e incluso sale y se compra su propia ropa.

«Hay que empoderarlos, Trabajamos con ellos y ellos son los portadores de derechos. A veces ese empoderamiento puede entrar en conflicto con las familias», reconoce Zuleima Rodríguez, coordinadora del centro de día y del taller ocupacional de Adepsi. Las personas jóvenes con discapacidad intelectual «son personas adultas. Es clave situarnos en la edad, no son niños o niñas sino hombres y mujeres adultos con objetivos y deseos», abunda.

Personalización

La clave, para Adepsi, está en «estudiar cada caso de forma individualizada y , en base a lo que quiere esa persona, promover su autonomía». A veces la respuesta puede ser «un servicio de apoyo» en su entorno, apunta la gerente de Adepsi, Natascha García.

«Salen de la educación formal y no hay nada. Esa es una realidad de hace muchos años», pero puede haber «equipos que les presten apoyo dos o tres horas para que no pierdan las competencias que ya han adquirido. Eso sí se puede hacer porque la nada no es solución», abunda Eugenia Palmás, presidenta de Adepsi.

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