Ana Cuartas, con una foto en la que aparece de niña. / e.c.

«Mi padre ha pedido la libertad. Siento rabia, frustración e impotencia»

Ana Cuartas, violada desde niña hasta los 17 años, relata que «la pesadilla ha vuelto» y pide que su progenitor «siga en la cárcel»

A. VILLACORTA Gijón

Lo primero que dice, alto y claro, Ana Cuartas es que su agresor fue su padre para «devolverle la responsabilidad» que tenía de cuidarla y protegerla. Pero, en lugar de eso, la violó hasta que cumplió los diecisiete. Cada vez que su madre, «sometida», salía de casa a trabajar «para no estar con él». «Recuerdo la primera vez. Tenía tres o cuatro años y, cuando se tumbó sobre mí, le intenté apartar con mis piernas y me pegó». Lo hizo muchas veces más. Nadie la creyó. En 2003 una paliza la llevó al hospital. Estuvo 45 días ingresada sin poder moverse. «La razón fue que no quise ver una película con él». Cuando tenía quince años, fue con una amiga a la Comisaría a contar lo que pasaba. Tampoco la creyeron. En su casa de Colloto le decían que la internarían si no dejaba de decir «bobadas», «que los trapos sucios se lavaban en casa», y, cuando al fin logró grabar una confesión de su padre en una cinta y demostrar los abusos, volvieron a intentar silenciarla.

El delito casi había prescrito para entonces. Por una fórmula llamada «cuasiprescripción», logró llevarle a la cárcel ocho años, al centro penitenciario de Asturias, donde permanece desde el 2 de marzo de 2016. Su familia la repudió. Su hermano, policía, la amenazó si seguía con el proceso. Sobrevivió gracias a que para entonces ya había creado su propia familia, en Galicia, lejos de la que olvidó que era víctima y la quiso hacer culpable.

Pero, de repente, la pesadilla ha vuelto. «Mi padre ha solicitado la reducción de condena. Con la nueva ley del 'solo sí es sí', pide quedar en libertad, lo que me ha obligado a presentar alegaciones a través de mi abogada, Ana Boto. Y yo solo siento rabia, frustración e impotencia».

«Basta ya de que nos pisen y nos revictimicen una y otra vez, porque esto nos hace volver a recordar el infierno por el que hemos pasado»

Eso es lo que denuncia esta mujer de 43 años convertida en activista que pone su voz y su cara para «que se respeten los derechos de todas las víctimas de abusos sexuales en la infancia» y que su padre «siga en la cárcel».

Una mujer valiente que se enfrenta a su peor pesadilla después de «luchar durante muchísimos años» para que su agresor esté «donde tiene que estar, encerrado en prisión», y que clama «basta ya»: «Basta ya de que nos pisen y nos revictimicen una y otra vez, porque esto nos hace volver a recordar el infierno que hemos pasado. No hay condena que pague el daño que me hicieron, pero ya está bien».

Porque, además, recuerda que «mientras que los agresores pueden solicitar la reducción de condena, las víctimas anteriores a la llamada ley Rodhes no se pueden acoger a ella. Ellos sí se pueden acoger a una nueva ley. Las víctimas, no. El Gobierno más feminista ha dejado a mujeres y niños y niñas desprotegidos».