Rubio, perro guía que llevaba con Juan desde 2016. / ideal

Muere su perro guía tras huir del estruendo de la pirotecnia en Granada

Rubio, el labrador que ayudaba a Juan, huyó de su casa por el ruido de los fuegos artificiales. Horas después lo encontraron sin vida tras haber caído por un barranco presa del pánico

ALBERTO FLORES

El pasado fin de semana Monachil (Granada) celebró por todo lo alto sus tradicionales fiestas, unos días en los que el pueblo se echó a la calle para disfrutar de múltiples actividades, de su tradicional procesión y de los característicos fuegos artificiales de estas festividades. Sin embargo, esto último no siempre es del agrado de todos debido a que el estruendo de las tracas, cohetes y petardos resulta muy molesto para muchos. De hecho, en esta ocasión la pirotecnia no solo ha resultado molesta, sino que ha propiciado que ocurra una desgracia en el municipio.

Rubio, el perro guía de Juan Navarro, una persona invidente de 70 años que reside en Monachil, siempre se alteraba con el ruido de los fuegos artificiales. Y el domingo, casi al final de las fiestas, el animal entró en pánico cuando de forma inesperada comenzaron a lanzar cohetes por la mañana. Salió corriendo de su casa asustado, lo que propició que gran parte del municipio saliera en su búsqueda. Finalmente, después de varias horas intentando dar con él, lo encontraron muerto tras haberse precipitado por un barranco.

«Cada vez que sonaba un petardo Rubio se ponía muy inquieto, se escondía bajo sitios en los que ni cabía», cuenta a IDEAL Juan, que llevaba junto a su perro guía, un labrador de 8 años, desde enero de 2016. Hasta la fecha, siempre había conseguido calmarlo cuando había pirotecnia. Pero el domingo por la mañana comenzaron a tirar cohetes bastante temprano, cuando Juan todavía no se había levantado. Y la reacción de Rubio, presa del pánico, fue la de huir de casa debido al miedo que le provocó el estruendo. «Cuando fui a verlo mi sorpresa fue que no estaba. No sé cómo se fue, pero huyó bajo el pánico».

Un pánico que instantáneamente también se apoderó de Juan al ver que su compañero no estaba en casa. Llamó a la Policía Local e informó a todos los vecinos de que su perro se había ido. Y prácticamente todos se echaron a la calle con él para empezar a buscarlo porque Rubio no regresaba. Tras horas de búsqueda sin éxito, los agentes de la policía contactaron con él: «Me dijeron que habían visto a un perro en el fondo de un barranco, un labrador, y pudimos confirmar que se trataba de Rubio». Todos sus temores se habían vuelto realidad.

«El vínculo que tenía con él era muy grande. Han sido muchos años con él las 24 horas del día, ayudándome a salir de muchas situaciones comprometidas», cuenta emocionado Juan, que reconoce que tras lo sucedido se desmoronó por completo. Y es que, más allá de a un compañero, también pierde a una herramienta básica en su día a día. «Me quedo desvalido y mi autonomía queda diezmada sin Rubio». Ahora tendrá que iniciar un nuevo trámite para que la ONCE le otorgue un nuevo perro guía, un proceso que durará en torno a cuatro o cinco meses.

No es un caso aislado

Juan explica que pese a que su caso esté siendo muy sonado por ser el perro guía de una persona ciega, lo que él ha sufrido no es algo aislado. «Esto afecta a todos los animales que hay en el pueblo y viene de largo, lo que a mi me ha pasado solo ha sido la gota que ha colmado el vaso», detalla el de Monachil. Según cuenta, durante las fiestas del pueblo han sido muchos los animales que se han perdido. Muchos de ellos han sido recuperados en otros pueblos cercanos, mientras que otros han aparecido atropellados en la carretera o incluso aún no se sabe nada de ellos.

Pero no es solo una cuestión de animales: «Hay personas con autismo, bebés, gente mayor, enfermos cardíacos… Personas que se ven muy afectados por los fuegos artificiales. Para mi es hacer ruido por hacer ruido, no tiene sentido». Explica que no pretende que se cancele la fiesta, sino que se haga de otra manera. Algo que también secundan muchos de sus vecinos, hasta el punto de que recientemente han creado una petición en change.org para que las fiestas de Monachil se celebren sin pirotecnia el próximo año.

«Monachil está enclavado en un valle cerrado y la resonancia es enorme. Hay que revisar un poco la manera de cómo se hacen las cosas porque una sociedad que presume de moderna debe buscar alternativas y corregir esta situación», asegura Juan. Todo, añade, para ser más empáticos y solidarios con los demás. «Debemos reflexionar entre todos para que no se perpetúen hábitos molestos que ignoran el sufrimiento ajeno apelando a la cultura y a la tradición».