Odisea. Montse Garrido se ha enfrentadoa problemas legales y médicos, además de a la incompresión del entorno hacia la enfermedad. / C7

Montse Garrido afronta todas las caras del covid persistente

La enfermedad obliga a la médico a encarar la incredulidad del entorno, problemas laborales y un sistema sanitario incapaz de atender sus múltiples síntomas

Carmen Delia Aranda
CARMEN DELIA ARANDA Las Palmas de Gran Canaria

La tinerfeña Montse Garrido tiene 46 años pero, desde que el covid llegó a su vida, se siente mucho mayor. «Estaba sana. Tenía una vida activa y sin ningún factor de riesgo previo», explica la médico.

El 19 de marzo de 2020 resultó positiva en coronavirus con un cuadro agudo que, pese a no ser grave, le provocó múltiples complicaciones de las que, a día de hoy, aún no se ha recuperado. Sufre dificultad para respirar, cansancio intenso y se le adormecen brazos y piernas, además de tener frecuentes despistes.

«Al mes y medio me incorporé al trabajo, pero apenas aguanté un mes. No podía hablar, me asfixiaba», explica la doctora que poco después, en junio de 2020, sufrió un ictus y, posteriormente, en noviembre, le diagnosticaron un tromboembolismo pulmonar. Ambas dolencias, según estudios sobre las complicaciones del Sars-Cov-2, están vinculadas a la hipercoagulidad que provoca el virus.

Sus males empezaron hace dos años y medio, pero los remedios llegan tarde o no llegan. «La primera cita para el neumólogo me la dieron para enero de 2022 y aún estoy pendiente de rehabilitación respiratoria», lamenta Garrido.

Ella es una de los sanitarios afectados por la covid en la primera ola de la epidemia cuya enfermedad no ha sido contemplada como contingencia profesional, por eso ha tenido que recurrir a la justicia en busca de ese reconocimiento. «Además de los problemas de salud y de las limitaciones que causa la enfermedad, los sanitarios infectados al principio de la pandemia hemos tenido que batallar legalmente para que sea reconocida como enfermedad profesional», dice la afectada.

En primera línea y sin protección

En aquellos días de marzo de 2020, con el estado de alarma recién declarado, estaba confinada. Solo iba al trabajo. Por ello, está convencida de que contrajo el virus en su consulta del centro de salud de Cabo Blanco, en Arona. «No teníamos mas que mascarillas quirúrgicas. Ni EPI ni nada. Atendimos a muchos pacientes con cuadros víricos a los que nunca se les hizo la PCR», rememora.

La enfermedad está poniendo a prueba su paciencia. «Sigo esperando a tener rehabilitación respiratoria desde entonces», lamenta la médico de familia y presidenta de la Asociación de Covid Persistente de Canarias cuya lucha es la misma que la de las casi cien personas que conforman el colectivo.

«Estamos ante una enfermedad nueva y necesitamos que sea reconocida, diagnosticada y tratada, pero entre las listas de espera y que no se diagnostica nos sentimos olvidados», indica.

Hasta ahora, y pese a las promesas, los pacientes que sufren covid persistente no disponen de unidades multidisciplinares donde se les haga un seguimiento y se aborden sus múltiples síntomas que requerirían ser tratados en unidades de rehabilitación respiratoria, física y cognitiva. «Los pacientes con covid persistente, al final, tienen que recurrir a la sanidad privada, pero no todos tiene recursos», sostiene la médico de familia que reclama un registro para los enfermos de covid persistente y una formación específica dirigida al personal sanitario para que conozca la enfermedad y sus manifestaciones clínicas.

« El diagnóstico es complicado. Se realiza por exclusión, descartando otras enfermedades. Con la covid persistente los síntomas duran más de tres meses pasada la infección y son inexplicables con un diagnóstico alternativo», dice.

Fatiga, niebla mental y desorientación, dificultad para respirar, problemas cardíacos y de estómago son algunos de los síntomas asociados a la covid persistente que, en algunos casos, alteran la vida laboral de los enfermos. «Hay personas de baja. Otras intentan reincorporarse a sus puestos de trabajo pero no se adaptan. Algunas han sido despedidas», explica Garrido sobre las consecuencias laborales de las limitaciones funcionales que genera la enfermedad.

«Una compañera tuvo que incorporarse con disnea - dificultad respiratoria- y astenia -cansancio intenso- y adaptaron su puesto de trabajo. Pero fallan cosas. Es una enfermedad nueva que no está reconocida ni diagnosticada», insiste Garrido.

Luchar contra la incredulidad

A ella se le reconoció una incapacidad laboral permanente, revisable en un año, tras sufrir el ictus, afirma la médico que se ha tenido que enfrentar, también, a la incomprensión que le dispensó un sistema sanitario incrédulo ante la enfermedad. « Que tu médico no te crea es lo peor que le puede pasar a un paciente», señala la doctora que se ha visto en el otro lado de la barrera.

En general, muchos médicos achacan la enfermedad a un problema de salud mental, pero « no es una somatización. Los síntomas existen», subraya Garrido.

De hecho, la doctora reconoce que justamente estos síntomas -sobre todo la astenia- pueden generar ansiedad y depresión a los pacientes por sentirse limitados para hacer lo que hacían antes y por la falta de comprensión del entorno hacia su situación. «Es muy triste saber que si caminas algo más de la cuenta, te pasa factura. El entorno desconoce la enfermedad. Hay afectados que no han tenido la comprensión de su propia familia», relata la médico.

Otro factor que contribuye a aumentar esta sensación de soledad es la falta de unidades especializadas. « Vamos de especialista en especialista en una peregrinación muy lenta, con listas de espera de más de un año, en función de la especialidad», señala.

Además, tampoco hay equidad entre los pacientes de covid persistente. Algunos hospitales, como el Insular de Gran Canaria, disponen de una unidad de rehabilitación específica para la enfermedad pero, de momento, no se han creado unidades multidisciplinares para tratar de forma conjunta los síntomas respiratorios, físicos y neurológicos de la enfermedad. «En La Candelaria, los pacientes de covid persistente los lleva Medicina Interna», dice la presidenta de la asociación de pacientes canarios, con la que se puede contactar en el correo covidpersistenteislascanarias@gmail.com.

Problema desatendido

Por otra parte, tampoco anima mucho la lentitud institucional para abordar el tema. «El 12 de noviembre el consejero de Sanidad se comprometió en el Parlamento de Canarias a publicar un plan de abordaje de la covid persistente en el primer semestre de este año. No se ha publicado nada al respecto», afirma la representante de quienes padecen una dolencia que tiene demasiados frentes abiertos y podría afectar a unas 40.000 personas en Canarias.