Mirlos y alpispas: Las aves siempre han estado ahí, pero no las mirábamos

En las ciudades canarias hay mirlos, capirotes, alpispas, cernícalos que crían en lo alto de los edificios y halcones que se lanzan a la captura de tórtolas. No han aumentado su número con el confinamiento, pues "las aves siempre han estado ahí, pero no las mirábamos", afirma el naturalista Juan José Ramos.

EFE /SANTA CRUZ DE TENERIFE

Gerente de Birding Canarias y promotor de proyectos de conservación y divulgación medioambiental, Ramos señala en una entrevista a Efe que no es factible que en menos de un mes de confinamiento de las personas se haya producido un incremento en el número de aves, sino que ahora hay tiempo para mirarlas y no hay ruidos que oculten su canto. "Ahora las molestamos menos", apunta.

Como ejemplo: Santa Cruz de Tenerife está llena de mirlos, en las Ramblas y en la plaza del Príncipe hay canarios, capirotes y herrerillos y frente al Museo de la Arqueología y la Naturaleza se forma un charco al que acuden alpispas, gorriones morunos, andarríos chico y zarapitos trinadores, mientras vuelan los vencejos unicolores.

Y Las Palmas de Gran Canaria "es un sitio maravilloso" para observar aves, pues incluso desde la playa de Las Canteras se pueden ver especies migratorias, como la garceta común, vuelvepiedras y en el Parque de Santa Catalina "de repente llega un halcón y caza una paloma".

También abundan las aves en el Jardín Canario, en las instalaciones del Puerto de La Luz se pueden observar varias especies de gaviotas y se reproducen los charranes comunes, y en los altos edificios más altos de la ciudad nidifican los cernícalos, que cazan lagartos para alimentar a sus crías.

Incluso a la frecuentada plaza del Charco de Puerto de la Cruz (Tenerife) han bajado gavilanes desde el valle de La Orotava para cazar tórtolas, prosigue Juan José Ramos.

Siempre han estado ahí, reitera el naturalista, quien indica que la desaparición de la contaminación acústica, las molestias humanas y la polución atmosférica hace que "ahora oigamos a los pájaros en la ciudad".

Aún así señala que siguen existiendo graves amenazas para las aves en las ciudades y le preocupa el uso abusivo de productos fitosanitarios y la elevada presencia de gatos callejeros.

Su experiencia de confinamiento es algo diferente pues al residir en el municipio tinerfeño de Los Silos. Desde su vivienda observa el macizo de Teno y el vuelo de las palomas de la laurisilva, pero, insiste, "pájaros hay en todos lados, solo hay que parar a mirarlos y respetarlos".

Desde su ventana hasta ahora ha visto 23 especies de aves diferentes, algunas tan escasas como el martinete común o el águila pescadora.

Ante la cuarentena propiciada por el coronavirus los observadores de aves se han organizado a nivel nacional para compartir sus imágenes y datos de las aves comunes "desde el balcón, la terraza o el jardín", y los que tienen más suerte y viven en el campo, con el telescopio pueden ver especies más raras y amenazadas.

"Imitando a la película de Alfred Hitchcock 'La ventana indiscreta'", se comparten las fotos en foros de observaciones diarias e incluso hay un censo de aves y otro de biodiversidad, que también incluye la observación de ranas, lagartos, perenquenes, murciélagos...", apostilla Juan José Ramos, quien precisa que en realidad mirar desde la ventana es como instalar un punto de observación.

Además, la comunidad de observadores de aves dispone ya de cuadernos de campo virtuales que son "grandes bases de datos" compartidas por naturalista de todo el mundo, como la plataforma ebird.

Incluso hay personas que han aprovechado la cuarentena para instalar bebederos, comederos y cajas nido en el jardín de su casa y en las huertas.

Al respecto, Juan José Ramos aconseja estos días acudir al archivo visual de RTVE para ver un serie documental pionera en su época, "Fauna callejera", en el que naturalista Luis Miguel Domínguez ya retrató hace 30 años "la fauna salvaje que habita en las ciudades" del país.