Ciudades limpias, seguras y accesibles

06/06/2020

Políticos y organizaciones ecologistas coinciden en que la nueva movilidad debería apostar por un modelo que priorice los desplazamientos a pie cuando sea posible y sobre todo el transporte público en las ciudades

La crisis causada por la covid-19 ha dado la oportunidad de pensar en un nuevo concepto de ciudad que, aprovechando una atmósfera temporalmente descontaminada, priorice los sistemas de movilidad seguros, ecológicos y accesibles, que además resultan ser los más saludables y rentables.

«Para alcanzar el derecho a respirar aire limpio no debería ser necesario un confinamiento masivo»,asegura Adrián Fernández, responsable de la campaña de Movilidad de Greenpeace que, con motivo de la próxima celebración del Día Mundial del Medio Ambiente, ha advertido de que la atmósfera poscovid, más despejada de gases tóxicos, es solo «un espejismo» y ahora toca prepararse para seguir protegiendo la salud pública.

Según las estadísticas del INE, los utilitarios de combustión emiten 59 millones de toneladas de CO2 anuales, lo que les convierte en uno de los principales problemas para cuidar de la calidad del aire en las grandes urbes y en la causa de más de 30.000 muertes prematuras en España y más de 400.000 en Europa.

La ministra de Transición Ecológica, Tersa Ribera, lamentaba hace unos días en el Congreso que haya españoles que pasen más de 17 horas al año de media metidos en atascos de tráfico (42 horas anuales, en el caso de Madrid y Barcelona) y celebraba a la vez que en los últimos meses las emisiones de gases de efecto invernadero se hayan reducido en España hasta un 32% respecto de la media de 2019 (un 17% a nivel mundial).

También indicaba la ministra que los niveles de dióxido de nitrógeno (el gas contaminante que expulsan los tubos de escape de los vehículos a la atmósfera) han caído un 64% de media en las principales ciudades del país por el confinamiento derivado del estado de alarma, unas cifras, dijo, «difíciles pero no imposibles de mantener».

Para lograr ese objetivo, el Gobierno prepara un plan de movilidad que conecte con los acuerdos internacionales, los objetivos europeos y el Pacto Verde, todo ello dirigido a alcanzar la neutralidad de emisiones a mitad de siglo y evitar las peores consecuencias del cambio climático.

Entre los propósitos más destacados de la futura ley de Cambio Climático se encuentra que los vehículos de uso particular y comerciales ligeros que se vendan en España tengan ‘emisiones cero’ de CO2 no más tarde de 2040, para lo cual se fomenta el coche eléctrico y los puntos de recarga y se potencia el uso del transporte público ecológico, la bicicleta, el patinete y otros sistemas de micromovilidad urbana.

«Las ciudades son los primeros agentes políticos que están tomando medidas para implantar hábitos más saludables y seguros de movilidad, aprovechando que esta crisis nos ha dado la oportunidad de repensar o de reconstruir como queremos que sean los nuevos espacios urbanos», declaró el portavoz de Greenpeace.

Y es que, según datos de los grupos ecologistas, las grandes urbes, donde habita el 55% de la población mundial, generan el 75% de las emisiones de CO2 del planeta, y de ahí que se hayan convertido en el principal foco a transformar si se desea que los principales centros de actividad económica sean espacios mas sostenibles y resilientes.

A nivel mundial, Bogotá, Budapest, Amsterdam o Berlín han ampliado sus vías ciclistas y zonas peatonales, y en nuestro país Madrid ha cerrado al tráfico de motor 29 tramos de calles (19 kilómetros), Barcelona va a poner en marcha 21 kilómetros de carriles bici, Vitoria ha reducido el 30% de la ciudad al paso de los coches mediante el modelo de supermanzanas y Valladolid va a implantar un plan integral de calles peatonales, vías ciclistas y carriles bus.

Ante el Día Mundial de Medio Ambiente, políticos y organizaciones ecologistas coinciden en que la nueva movilidad debería apostar por un modelo sostenible y accesible para todos, que priorice los desplazamientos a pie cuando sea posible y sobre todo el transporte público en las ciudades y, solo cuando sea realmente necesario, permita el uso del vehículo privado eléctrico de cero emisiones, como forma de proteger también la industria del automóvil y evitar su obsolescencia.