Los microplásticos de las playas: ni se reciclan ni se valorizan

06/05/2019

Los residuos que se limpian en la arena van en su mayoría a los vertederos. El resto tiene un uso artístico. La ULPGC los usa en investigación. Cada marea deposita 120 gramos por metro cuadrado

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Cada vez son más los colectivos ambientalistas que se lanzan a las playas de Canarias a recoger los plásticos y microplásticos que llegan a la arena arrastrados por la corriente. «Hay días que recogemos en una playa más de 30 kilos y cuando volvemos a la semana siguiente hay la misma cantidad o más», reconoce Luis Valen, presidente de Canarias Libre de Plásticos, una asociación que en solo un año ha retirado más de 40.000 litros de volumen de plástico de las playas de Tenerife. Esa cifra es de un año y solo del grupo de Valen, pero ¿cuánto recogen los otros voluntarios y a dónde van a parar las toneladas de microplásticos que se retiran de las playas?

La primer pregunta tiene difícil respuesta, pero la investigadora de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), Alicia Herrera, estimó en un estudio que en playas como la de Famara, en Lanzarote, cada marea deja un promedio de 120 gramos de microplásticos por metro cuadrado de arena. Y como esa playa, en Canarias hay muchas, algunas, como la de Lambra, en La Graciosa, o Playa Grande, en el Porís de Abona, en Tenerife, tristemente famosas por los microplásticos las tapizan.

Las playas el norte y noreste de islas son casi una barrera natural frente a la corriente del Golfo y su rama descendente, la corriente de Canarias, y recogen la basura marina de todo el Atlántico norte. Playa Grande, en Tenerife, es la prueba.

La segunda pregunta pudiera tener una respuesta lógica: a la planta de reciclado. Pero no es así. «Ni un gramo de los plásticos y microplásticos que se recogen de las playas se recicla», asegura Juan Jesús González, un activista que lleva más de 20 años observando cómo cada vez llegan más y más plásticos a Playa Grande. Él, que fue de los fundadores del Foro contra la incineración en Tenerife, allá por 2002, ha llegado a la conclusión de que «esto no tiene remedio».

Juan Jesús González considera que Playa Grande es «un termómetro de lo que llega» y cree que se ha perdido un tiempo precioso sin estudiar sus microplásticos que llegan a ella. Sería, dice, un «estudio de gran valor estratégico».

Hoy por hoy, los microplásticos que se recogen o bien van al vertedero o bien se dedican a crear arte. «No es viable separar trozos milimétricos», dice Valen.

Ahora, en las islas se está dando una nueva salida los microplásticos recogidos: la investigación. El grupo Eomar del Instituto Universitario de Acuicultura Sostenible y Ecosistemas Marinos (Ecoaqua) de la ULPGC, al que pertenece Alicia Herrera, será el receptor en los próximos meses de buena parte de los microplásticos recogidos para estudiar su composición química y sus efectos en organismos marinos. Pero evidentemente la ULPGC no va a usar todo el plástico de las playas.

Una solución a la que aluden desde el Comité de Expertos contra el Cambio Climático es su valorización, pero, de momento, la burocracia y la inacción administrativa impiden que empresas que sí están valorizando estos residuos en otros lugares se instalen en las islas y hagan un reciclaje químico de plásticos, bien para convertirlos en aceites que retornan el ciclo del plástico, bien para hacer combustible (el plástico es un derivado del petróleo).

El reciclaje de microplásticos es casi imposible, pero no así el de los plásticos de uso doméstico, industrial o agrícola y, sin embargo, en Canarias y en el mundo apenas se recicla un 10% del total. El 90% restante se almacena en vertederos, se incinera, o, simplemente, se vierte a los océanos, desde donde, arrastrado por las corrientes, llegan a la costa. Y en ella se siguen recogiendo en porciones milimétricas: los microplásticos.

Estudio pionero

El grupo Eomar de la ULPGC recibirá tras el verano plásticos retirados de las playas de Canaria que va a utilizar en una investigación pionera a nivel mundial. Por primera vez el equipo del que forma parte la bióloga Alicia Herrera va a estudiar «los efectos de los microplásticos en organismos marinos con partículas plásticas reales y no vírgenes, como ahora».

Con los microplásticos que se les entreguen, gracias a un convenio con el Ejecutivo regional, diseñarán un pienso (parte alimento, parte plástico) con el que alimentarán a peces en cautividad para estudiar qué les sucede.

La doctora Herera y otros investigadores ya descubrieron que casi el 80% de las caballas que se vendían en Lanzarote y Gran Canaria contenía microplásticos en el estómago. Ahora pretenden saber qué pasa si esos microplásticos pasan el estómago. También fue el equipo de Herrera el que estudió los microplásticos que llegan las playas de las islas y que descubrió contienen hasta 81 compuestos químicos. Se sabe, dice, que los microplásticos se incorporan a las cadenas tróficas al ser ingeridos por el zooplancton y que los químicos que tienen son disruptores endocrinos, «pero hay que investigar más».