Violencia machista

Más allá de la violencia en parejas

26/11/2017

El revuelo social que ha traído consigo el caso de La Manada y los acosos de Hollywood han puesto en el centro del huracán los delitos contra la libertad sexual. Una asignatura pendiente en la legislación española, que no los reconoce dentro de la ley contra la violencia de género de 2004.

El año pasado, Canarias registró 797 denuncias contra la libertad sexual, de las cuales 355 fueron agresiones sexuales, 14 violaciones, 389 abusos y 39 acosos sexuales, sólo en adultos, según datos de la Fiscalía de Canarias. A estas cifras aún habría que sumarle 294 denuncias de agresiones a menores y 76 relacionadas con exhibicionismo, prostitución y material pornográfico. Llegar a saber en cuántos de esos casos los agresores eran hombres y en cuántos mujeres con datos oficiales es una tarea difícil teniendo en cuenta que el sistema español no incluye en sus estadísticas ningún estudio por sexos. Sin embargo, Pilar Parejo, magistrada de la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Las Palmas, confirma lo que muchos intuyen: «Al menos en mi experiencia, puedo asegurar que la inmensa mayoría de los casos son agresiones de hombres hacia mujeres».

De los 797 casos contra la libertad sexual en 2016, solo 88 continuaron con el procedimiento y fueron 15 acusados fueron a prisión

La corriente de opinión nacida de los abusos a actrices en Hollywood bajo la etiqueta #Metoo, que también se ha sentido en la industria española, ha puesto en el punto de mira nacional una asignatura pendiente: la inclusión de este tipo de agresiones dentro de la Ley Orgánica de Protección Integral contra la Violencia de Género, que solo reconoce como tal la ejercida en las relaciones de parejas o ex parejas, dejando de lado feminicidios cometidos por terceros y otras prácticas como las mutilaciones genitales, la trata de personas o los matrimonios forzados.

Esta exclusión significa, entre otros aspectos, la privación de las partidas destinadas a paliar los casos de violencia de género. Un presupuesto que este año contaba con 27,7 millones de euros, un 9,9 % más que en 2016. Además, solo 9 de las 17 comunidades autónomas disponen de recursos específicos para víctimas de violencia sexual, entre las que no figura Canarias. «Actualmente, esos recursos están muy vinculados a lo que pase en el procedimiento penal», afirma Parejo. «Deberían existir otros para asesorar y apoyar a las víctimas tanto si no quieren denunciar como si, al final, la sentencia resulta absolutoria y necesitan ayuda para aceptarlo».

Solo 88 de los 797 casos contra la libertad sexual en 2016 continuaron con el procedimiento tras la denuncia y, finalmente, fueron 15 los acusados que llegaron a cumplir condenas penitenciarias. Las estadísticas reflejan una realidad dramática, a pesar de que los expertos aseguran que la verdadera dimensión de este problema sigue oculta. El motivo es la falta de denuncias de las víctimas por la vergüenza, la presión social o incluso el miedo a las posibles consecuencias.

El estereotipo machista que culpabiliza a las víctimas de delitos sexuales ha vuelto a la palestra a raíz del juicio por la violación grupal de la autodenominada La Manada, en el que el juez aceptó como prueba un informe que analizaba el comportamiento de la supuesta agredida tras el incidente de los Sanfermines en 2016. «Entiendo la indignación, pero admitirla no me parece mal; otra cosa es la valoración que luego se dará de esa prueba», señala la jurista. Sobre el debate social lo tiene claro: «Lo que faltaba es que la víctima no tenga el derecho a comportarse y a llevar su vida de una manera normal».

Una cuestión de todos

La implicación de los hombres para luchar contra la violencia de género es otro de los grandes frentes abiertos a nivel mundial. La magistrada Pilar Parejo incide en que, a pesar del sentimiento de comunidad que se genera entre las mujeres, éstas deben ser conscientes de que, por sí solas, no pueden atajar un problema. Hasta que los hombres no den «un paso al frente», la sociedad no podrá avanzar en ese aspecto.

«Todo hombre tiene, al menos, una madre, y estoy segura de que el 90% de ellos no aprueba el tipo de comportamiento al que hemos asistido estos últimos meses. Sin embargo, echo en falta que se pronuncien al respecto y salgan en defensa de las mujeres», afirma.

En este sentido, la jurista considera que «tienen que ser un poquito más valientes, y que todo empieza por la educación y el ejemplo». Por ese motivo, la magistrada recalca que es importante frenar cualquier actitud machista desde el inicio y recuerda que no existe un perfil específico de agresor ni de víctima. «Las bromas o micromachismos se sufren a diario en la casa, en el trabajo, entre los amigos e, incluso, entre las propias mujeres», critica. «Hay cambiar la mentalidad y no participar de ello».

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