Los arados tirados por bueyes, origen de la división de ricos y pobres

19/09/2019

Hace siete mil años, las sociedades en toda Eurasia comenzaron a mostrar signos de divisiones duraderas entre los que tienen y los que no tienen. En una nueva investigación publicada en la revista Antiquity, los científicos de la Universidad de Oxford, la Universidad Bocconi y el Instituto Sante Fe, el precipitado aumento de la desigualdad prehistórica y sus orígenes económicos se remontan a la adopción de arados tirados por bueyes.

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Sus hallazgos desafían una vieja visión de que la desigualdad surgió cuando las sociedades humanas primero hicieron la transición de la caza y la recolección a la agricultura. Según los investigadores, no fue la agricultura per se la que introdujo desigualdades sustanciales de riqueza, sino una transformación de la agricultura que hizo que la tierra fuera más valiosa y la mano de obra menos.

Los robots de Neolítico

"Los arados tirados por bueyes eran los robots del neolítico tardío", explica en un comunicado el coautor Samuel Bowles, economista del Instituto Santa Fe. Los bueyes eran una forma de tecnología que ahorraba trabajo que conducía a un desacoplamiento de la riqueza del trabajo, un desacoplamiento fundamental para la desigualdad de riqueza moderna. "El efecto fue el mismo que hoy: crecientes disparidades económicas entre quienes poseían los robots y aquellos cuyo trabajo los robots desplazaban".

En el primero de dos documentos complementarios, los investigadores presentan nuevos métodos estadísticos para comparar la desigualdad en diferentes tipos de riqueza, sociedades diferentes, en diferentes regiones, en diferentes momentos de la historia. Su análisis de los datos de 150 sitios arqueológicos revela un fuerte aumento de la desigualdad en Eurasia desde alrededor de 4.000 antes de Cristo, varios milenios después del advenimiento de la agricultura.

"La sorpresa aquí no es tanto que la desigualdad desaparezca más tarde, es que se mantuvo baja durante tanto tiempo", dice la autora principal Amy Bogaard, una arqueóloga de la Universidad de Oxford que también es profesora externa en el Instituto Santa Fe.

"La historia habitual, que las sociedades que adoptaron la agricultura se volvieron más desiguales, ya no es válida porque observamos que algunas sociedades que adoptaron la agricultura fueron notablemente igualitarias durante miles de años", dice la coautora Mattia Fochesato, economista de la Universidad Bocconi.

Cultivos asignados

Antes de alrededor de 4.000 aC, las sociedades de Oriente Medio y Europa cultivaban un mosaico de pequeñas parcelas, que Bogaard compara con las "asignaciones" actuales en el Reino Unido. Las familias habrían cultivado una variedad de granos de cereales, así como lentejas, guisantes y otros cultivos de legumbres que debían cosecharse a mano. Notablemente, habrían labrado el suelo a mano usando azadas, en algunos casos también con la ayuda de ganado no especializado (como vacas lecheras envejecidas) para tirar de arados, y monitoreado cuidadosamente sus jardines durante la temporada de crecimiento para protegerlos de los animales salvajes. "Era un paisaje bastante ocupado, con mucha gente trabajando en y alrededor de estas parcelas de jardín".

Entonces algo cambió. Los agricultores que tenían los recursos suficientes para criar y mantener bueyes arados especializados vieron nuevas oportunidades en la agricultura de tierras adicionales. Un solo agricultor con un equipo de bueyes podría cultivar diez veces o más tierras que un agricultor de azada, y comenzaría a adquirir más y más tierras para cultivar. Aquellos que poseían equipos de tierra y bueyes también comenzaron a optar por cultivos más tolerantes al estrés, como la cebada o ciertos tipos de trigo, que no requerían mucha mano de obra.

Divisiones 2.000 años antes de Cristo

En el segundo milenio antes de Cristo, en muchos paisajes agrícolas, los campos se extendían hasta el horizonte, y las sociedades estaban profundamente divididas entre terratenientes ricos, que pasaban sus propiedades a sus hijos, y familias pobres o sin tierra.

El mecanismo que impulsó este cambio se detalla en un modelo económico en el segundo artículo de los investigadores. Revela una distinción clave entre los sistemas agrícolas donde el trabajo humano era el factor limitante para la producción, frente a los sistemas donde el trabajo humano era más prescindible, y donde la tierra era el factor limitante.

"Mientras la mano de obra era el insumo clave para la producción, la desigualdad era limitada porque las familias no diferían mucho en cuanto a la mano de obra que podían desplegar para producir cultivos", explica Fochesato. "Pero cuando el aporte más importante se convirtió en la tierra, las diferencias entre las familias se ampliaron porque la tierra y otras formas materiales de riqueza podían acumularse y transmitirse de generación en generación. Por casualidad, fuerza o trabajo duro, algunas familias llegaron a tener mucho más que otras. Entonces surgió la desigualdad radical". .

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