La sumisión química, detrás de 3 de cada 10 agresiones sexuales

15/04/2018

Los expertos calculan que en un 20-30% de las agresiones sexuales las víctimas son drogadas para anular su voluntad y ser sometidas. Es lo que se denomina sumisión química. Y, advierten, cada vez se aprecian más casos. Detectar el rastro de estas sustancias es una carrera contrarreloj.

Aunque sí se han descrito casos, la famosa burundanga, o escopolamina, no es la sustancia más utilizada en España para agredir sexualmente a mujeres con sumisión química. «Por delante están las benzodiacepinas, los psicofármacos, con alcohol o sin alcohol, porque lo normal es que se use sustancias que se tienen más comúnmente a mano y es más difícil acceder a burundanga que a un tranquimazín», señala la forense María José Meilán, directora del Instituto de Medicina Legal de Las Palmas, quien constata el aumento de este tipo de agresiones sexuales, aunque muchas veces por la tardanza en la recogida de muestras y la rapidez con la que desaparecen estas sustancias del organismo no se detectan en los análisis forenses. Sangre, orina y cabello son las tres muestras que se deben recoger cuando se sospecha de una agresión de este tipo.

«Es cierto que ha aumentado el número de casos de mujeres que no recuerdan nada de lo que les pasó, aunque no es tan cierto que en todos los casos se haya podido probar científicamente, pero muchas veces se certifica el delito de forma indirecta», puntualiza Meilán. El relato de la víctima para que los forenses busquen estas sustancias es vital y el tiempo corre en contra. «Un problema importante con el que nos encontramos es la corta vida media de los productos que se suelen utilizar, en sangre seis u ocho horas, en función del tipo de tóxico, y en orina se puede alegar a un plazo de más de doce horas, pero depende de lo que sea», explica.

Sin embargo, no es imprescindible que se detecte para que haya una condena. «Generalmente nuestros diagnósticos de sumisión química son indirectos, y son igualmente válidos; a la víctima la encuentran tirada o ella se despierta desorientada, algunas veces sin ropa, sin recordar qué le ha pasado», destaca la directora del Instituto de Medicina Legal de Las Palmas.

Porque un resultado negativo no implica que no se haya administrado alguna sustancia, sino que puede haber desaparecido del organismo por el tiempo transcurrido, de la misma manera que un resultado positivo apoya la sospecha de sumisión química, aunque hay que tener en cuenta la historia clínica de la víctima y en general todos los informes realizados por los médicos y forenses implicados. Con todo, la actuación urgente en la recogida de muestras es imprescindible para actuar ante las agresiones sexuales.

En Gran Canaria el hospital Materno Infantil es el centro de referencia del protocolo integral –sanitario, judicial y policial– de atención a víctimas de estos delitos contra la libertad sexual. «Tenga conocimiento del caso quien tenga todos nos desplazamos al hospital; se avisa a la policía y al juzgado de guardia, que llama al forense. La idea es que haya un reconocimiento conjunto y en pocas horas para que no haya una victimización secundaria y la mujer no tenga que contar lo mismo a varias personas». El médico forense toma muestras para analizar en el Instituto de Medicina Legal o se derivan a otro centro y el ginecólogo hace su protocolo clínico, además de recibir la víctima atención psicológica. Reducir el tiempo y atender cuanto antes a la víctima es vital, y cuando hay sumisión química aún lo es más.

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