La huella de Canarias revela que los cachalotes no son animales solitarios

14/08/2018

Hasta ahora se creía que solo las hembras de esta especie formaban grupos, pero la revista ‘Scientific reports’ publica este mes un estudio que cuestiona ese paradigma tras el varamiento de 30 machos

El mito del cachalote solitario es casi tan viejo como el naufragio del ballenero Essex (1820) que inspiró a Herman Melville para escribir Moby Dick, pero un estudio científico demuestra ahora que esos gigantes del mar también viven en grupos... y una de las claves está en Canarias.

La mayoría de los estudios sobre cetáceos sostienen que, mientras las hembras de cachalote suelen formar grupos estables junto a su prole, los machos jóvenes buscan la soledad a partir de los diez años, emigran hacia el norte y pocas veces se juntan con otros machos. Y, si eso sucede, los encuentros duran apenas unas horas.

La revista Scientific reports publica este mes un estudio de 14 científicos de Alemania, Bélgica, Holanda y el Reino Unido que cuestiona ese paradigma, a partir del varamiento de una treintena de cachalotes (todos machos jóvenes) que se produjo en varios puntos de las costas del Mar del Norte entre enero y febrero de 2016. Los autores remarcan que los varamientos masivos de este tipo de cetáceos en esa zona están documentados desde el s. XVI y se repiten siempre con el mismo patrón: las costas someras de Alemania, Holanda y el oeste de Inglaterra están tan plagadas de marismas, bancos de arena y estuarios que resultan una trampa natural para el cachalote, uno de los campeones del buceo profundo en el reino natural.

En el último de esos episodios, 30 cachalotes encallaron en menos de un mes (del 8 de enero al 4 de febrero de 2016) en Wagenrooge, Helgoland, Büssum y Kaiser-Wilhem-Koog (Alemania); Gibraltar Point, Skegness y Old Hundstanton (Inglaterra); y Texel (Holanda). Los científicos que firman este trabajo realizaron las necropsias a 24 de ellos, con un resultado revelador: salvo cuatro, que realmente sí eran machos jóvenes solitarios, todos los demás formaban dos grupos diferenciados, en los que no solo se percibían lazos genéticos, sino también indicios de una relación social.

La novedad de este estudio se basa en que no solo examina los marcadores de ADN que indican de qué «familia» (en sentido amplio) procedían esos cachalotes, sino que analiza los contaminantes presentes en sus organismos para tratar de averiguar a través de esas marcas químicas dónde crecieron y cazaron.

Conclusiones. Cruzando genética y contaminantes, los firmantes del trabajo concluyen que en esos varamientos había dos grupos de cachalotes: uno criado en el entorno de Canarias y otro procedente zonas del Atlántico situadas mucho más al norte, y claramente diferenciados de sus congéneres del Golfo de México o del Mediterráneo y esto puede ser indicio de que existen estructuras sociales entre machos jóvenes de cachalote».

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