«La educación afectivo sexual es vital para lograr la igualdad»

Hace cuatro décadas que Mary Bolaños trabaja en el ámbito de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. Desde el Colectivo Harimaguada (es una de sus fundadoras) logró llevar en los años 90 los primeros proyectos de educación afectivo sexual a las escuelas canarias. Y también ha vivido su desmantelamiento por parte del Gobierno. Cree que sin una educación integral difícilmente se logrará la igualdad.

ROSA RODRÍGUEZ | SANTA CRUZ DE TENERIFE

En el 8M se reivindica igualdad entre mujeres y hombres, ¿en qué punto estamos?

— Uff, pregunta complicada. Estamos en un momento complejo e interesante, y los desafíos a los que nos enfrentamos también lo son pero atravesados por bastantes contradicciones. Lo cierto es que en los últimos años las mujeres hemos penetrado con fuerza en todos los espacios, públicos y privados. Las poderosas movilizaciones en defensa del derecho al aborto o las importantes contestaciones a las violencias machistas que precedieron a las grandes e intergeneracionales respuestas a las convocatorias de huelga feminista que vivimos los 8 de Marzo de 2018 y 2019 son evidencias rotundas e irrebatibles de que se ha asumido que las mujeres no vamos a permitir que el mundo se mueva sin nosotras. Somos más fuertes que nunca como movimiento y el discurso igualitarista está integrado en la sociedad, sin embargo a las mujeres nos siguen asesinando, mercantilizando, violando..., y en el contexto de la crisis sistémica se han profundizado las desigualdades entre hombres y mujeres y entre las propias mujeres. Nos tenemos que mover también en la contradicción de que mientras el feminismo ya no está estigmatizado, existe una contienda en torno a su sentido por parte de los poderes económicos y los partidos de derecha. Situaciones nuevas a las que nos enfrentamos, y que es importante que abordemos desde la unidad y reflexión en nuestro movimiento. Todavía queda mucho por andar, por luchar, para que las mujeres seamos dueñas de nuestros cuerpos, nuestros deseos, nuestras decisiones y nuestras vidas.

— Usted es experta en educación afectivo sexual, ¿hasta dónde es importante para lograr la igualdad?

— Parto del convencimiento de que para lograr ese cambio social que nos vaya acercando a que la igualdad sea posible, la educación integral es fundamental. Adquiere, por tanto, vital importancia la implementación de un modelo coeducativo, feminista, en todos los ámbitos y espacios de formación, en todas las disciplinas y en todos los niveles, en el que la formación en los cuidados compartidos esté presente, en el que se respete el derecho a una formación afectiva y sexual que parta de una visón positiva del hecho sexual humano no heteronormativa, que eduque en la igualdad desde la diversidad, sin miedos, sin complejos; una educación en la que niñas, niños y jóvenes asuman que sus cuerpos diversos deben ser respetados, no hipersexualizados, ni cosificados; una formación que les dé herramientas para construir su biografía sexual y afectiva de una forma positiva, diversa, sin elementos discriminatorios de género y libre de riesgos, para asumir que cuando mantienen una relación que involucra a otra persona, ésta debe estar guiada por la ética relacional del placer y el bienestar compartido, sin coerciones ni engaños; una educación y atención afectiva y sexual integrales, con implicación de sus protagonistas, como una responsabilidad compartida por todos los agentes sociales, que contribuya a la construcción de una sociedad donde el respeto, la igualdad, la diversidad, la solidaridad, la justicia y los cuidados, sean los valores básicos que nos ayuden a relacionarnos de manera positiva e igualitaria. En este modelo de educación afectivo sexual se hace imprescindible deconstruir las ideas hegemónicas, estereotipadas y erróneas sobre la feminidad y la masculinidad, examinando de forma crítica los modelos de amor en los que esta sociedad nos socializa, vaciando de atractivo los modelos violentos y desarrollando gustos y preferencias por modelos de personas con valores igualitarios; que puedan vivir relaciones diversas, sin jerarquías, imposiciones ni desigualdades, relaciones que no impliquen dominación o subordinación, ni sean caldo de cultivo para la violencia. Se necesita el aprendizaje en buenos tratos, en respeto, en humanidad, para lograr la igualdad y en este aprendizaje la educación afectivo sexual integral es esencial.

— ¿Se está hace lo suficiente en las escuelas canarias para incorporar a las aulas la educación afectivo sexual?

— Pienso que no. Ante la dura realidad que estamos viviendo por la inexistencia de esta educación afectivo sexual (más infecciones de transmisión sexual, violencia sexual, embarazos y abortos en adolescentes, lgtbifobia, abusos, bullyng, soledad...) se habla mucho últimamente de su necesidad, pero, lo que percibo es que todo queda en el reconocimiento de su necesidad. En Canarias, en la práctica, son poco frecuentes los planteamientos integrales y comunitarios que son necesarios. El actual gobierno de progreso no ha ofrecido aún alternativas al desmantelamiento de los planes, programas, recursos y servicios en materia de sexualidad, que llevaron a cabo varios gobiernos de Coalición Canaria, ni al modelo de educación afectivo sexual que éstos implementaron, que se sigue concretando en acciones y medidas voluntarias, puntuales, fragmentadas y deslavazadas. La educación afectivo sexual no es un hecho puntual, ni se puede concretar en la charla de algún especialista o activista; es un camino formativo de largo recorrido que implica un trabajo personal. Urge la inclusión explícita en el currículo, y se necesitan medios y recursos personales y económicos para la puesta en marcha de planes de educación y atención a la sexualidad integrales, biográficos, interseccionales, con implicación de sus protagonistas, y como una responsabilidad compartida por los diferentes agentes sociales.

— La futura ley educativa prevé incorporar a los currículums escolares la educación emocional y sexual y la prevención de la violencia de género ¿es el camino a seguir?

— Bueno, habrá que ver cómo se concreta esta ley. Yo parto de que es necesaria una educación pública, laica y con currículos realistas, que pongan en su centro las necesidades humanas, donde se transversalice la perspectiva de género, en todas las disciplinas. Hay que avanzar en la transformación sociocultural, que es el terreno en el que los cambios se producen más lentamente, pero de forma más sólida. Y debo reconocer que no tengo mucha confianza en que las instituciones tengan claros estos compromisos. No detecto signos de una voluntad firme de que estas enseñanzas se incluyan definitivamente en el currículum educativo (de infantil hasta la universitaria). Me ha llamado la atención que en estos días que se han hecho públicas las infografías de presentación de este nuevo proyecto de Ley Orgánica de Educación (Lomloe) y en ellas no aparecía explícitamente la educación afectivo sexual. Lo cierto es que nos jugamos mucho. Si no se trabaja la educación y atención sexual integral en el sistema educativo, sanitario y social nuestra gente joven seguirá enfrentándose a la vida sexual y emocional de forma intuitiva y reproduciendo acríticamente modelos aprendidos inconscientemente sobre todo en las redes sociales y en los medios, donde pocas veces encontrarán ejemplos de buenas prácticas.

— ¿Cómo valora planteamientos como el veto parental?

— La educación afectivo sexual es un derecho de la población, recogido por la OMS junto con otros derechos sexuales, y una tarea imprescindible y compartida. Quienes hemos estado 40 años en Canarias formando a profesorado y a familias para que abordaran la educación afectivo sexual en los hogares y en los centros educativos, con absoluta armonía y colaboración, no podemos sino indignarnos ante la destructiva capacidad de los partidos políticos de la derecha para, una vez más, instrumentalizar la educación afectivo sexual como excusa para fomentar la discordia y el odio, para socavar la pluralidad, la diversidad y la libertad de pensamiento en la escuela; reclamando un supuesto derecho de las familias a censurar la formación de sus hijos e hijas, impidiéndoles el acceso a las actividades programadas por los centros que no coincidan con sus planteamientos morales. Un supuesto derecho, que no es tal, dado que este planteamiento va en contra de los derechos humanos y de la infancia, de los tratados internacionales, de las leyes estatales y autonómicas, de las normativas de la Consejería de Educación e incluso de la propia Constitución. Un supuesto derecho que no es más que un ataque directo al profesorado, al modelo de educación pública y, sobre todo, a los derechos de las niñas y los niños.