Investigado por violar a su ex en Teror con técnicas sadomasoquistas

El Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 2 de Arucas dictó un auto de prisión comunicada y sin fianza para un individuo que, presuntamente, quebrantó una orden de alejamiento que tenía sobre su expareja al quedar con ella en Teror, una cita en la que, supuestamente, además la agredió sexualmente llevando a cabo prácticas sadomasoquistas. El juez Andoni Arano Sastre dictaminó que los hechos podían ser aparentemente constitutivos de un delito de quebrantamiento de condena y agresión sexual en el ámbito de la violencia de género, por lo que dictaminó su ingreso inmediato en prisión de forma preventiva, aunque acusado niega los hechos y sostiene que todo lo que ocurrió fue de manera consentida por ambas partes.

Francisco José Fajardo
FRANCISCO JOSÉ FAJARDO

La autoridad judicial pudo evidenciar de las declaraciones de la víctima e investigado y de las actuaciones judiciales y policiales llevadas a cabo, que ambos contactaron a través de la red social Instagram para mantener un encuentro el pasado lunes 4 de mayo en un restaurante abandonado de Teror, donde tuvieron lugar los presuntos hechos denunciados.

Ambos habían sido pareja desde 2015 pero la relación se rompió en 2018 de forma tormentosa debido a actitudes violentas por parte del detenido. Debido a ello, la mujer lo denunció por violencia de género y fue condenado en sentencia firme de 19 de noviembre de 2019 a una pena de prisión –que fue suspendida–, además de una orden de prohibición de aproximación y comunicación con ella hasta el año 2025.

Kilian E. R. quebrantó la medida y «lejos de escarmentar con la suspensión excepcional de la pena acordada», según el juez, continuó «poniéndose en contacto» con la denunciante, empleando varios perfiles de Instagram. «Tal y como el propio investigado reconoció», detalla el auto judicial, el 4 de mayo habló con su ex «para mantener relaciones sexuales», afirmando el mismo en sede judicial que tenía la certeza de que «fueron en todo momento consentidas por ella».

Determina el auto que quedó acreditado que ambos se vieron en un restaurante abandonado en Teror, un lugar donde habían quedado en numerosas ocasiones anteriores cuando eran pareja para practicar sexo de índole sadomasoquista «aunque sin llegar al extremo del 4 de mayo», según matizó la mujer en su declaración en sede judicial. Ella narró que había accedido a verse con su ex ante la insistencia y «acoso» de sus mensajes y también por el «miedo» que le tenía «y que me hizo pensar que era mejor tener una relación de amigos», añadió.

Ya en el restaurante abandonado, ella fue atada supuestamente sin su consentimiento por su cuello y brazos a una columna con correas, circunstancia que pudo haber aprovechado el denunciado para golpearle por los pechos, las nalgas y sus genitales con una espátula y penetrarla vaginalmente, aunque el acusado sostuvo que todo lo que hicieron esa noche fue de mutuo acuerdo.

También la mujer manifestó que la obligó a hacerle una felación, que luego le introdujo los dedos en su recto y en la boca de forma reiterada mientras le exclamaba que quería saber con cuántas personas había tenido relaciones sexuales.

Policía.

Una persona que paseaba por la zona, ante los gritos de la mujer que se escuchaban en el interior del restaurante, alertó a la Guardia Civil que hizo acto de presencia en minutos y detuvieron al presunto agresor. El mismo sostuvo que los gritos eran «de placer» y reconoció haber realizado prácticamente todo lo que la mujer declaró posteriormente, salvo la introducción de los dedos en la boca tras habérselos metido en el ano.

Pero el juez, al no esgrimir «una explicación coherente y verosímil» para justificar qué le llevó a desatar a la denunciante, «pues ni llegó a eyacular, ni ella le pidió que parase» y, según él, «aparentemente estaban disfrutando», consideró que los hechos resultaban susceptibles de tener encaje en el delito de agresión sexual con penetración. Además, los mismos a juicio del juez eran compatibles con las conclusiones del informe provisional de la exploración de la víctima realizado por el médico forense.

El procedimiento ya ha sido asumido para continuar con su instrucción por un juzgado de Violencia sobre la Mujer de la capital.

Declaró que le dijo: «Ahora te vas a enterar, vas a sufrir».

La denunciante declaró en sede judicial que había quedado con Kiliam E. R. «como amigos, hablar y ya está» a propuesta del acusado ya que le «insistía en quedar» por Instagram , aunque «ella no quería» y sabiendo que había en vigor una orden de alejamiento, unas conversaciones que dijo haber borrado.

Quedaron en el restaurante abandonado de Teror donde se habían encontrado otras veces para mantener relaciones sexuales y al llegar, hablaron «poco» y él le colocó –según esta parte– «una correa en el cuello», sin su consentimiento y a la fuerza. La amarró a una columna y le ató los brazos aunque ella «se intentaba defender» dándole patadas y empujones.

Una vez maniatada, declaró, su presunto agresor le decía «ahora vas a ver de verdad como soy», «ahora te vas a enterar», «vas a sufrir» y comenzó a pegarle «por los pechos, en las nalgas y en sus genitales con una espátula de plástico de cocina» y siguió «manoseándola por todo el cuerpo». Fue en ese momento cuando, detalló la denunciante que «le levantó una pierna» y la penetró sin su consentimiento vía vaginal.

También la obligó a practicar sexo oral «agarrándole de la cabeza y de los pelos» mientras le preguntaba «con qué personas había tenido relaciones sexuales, que quiénes eran». Después le introdujo «los dedos en el recto y, posteriormente, en la boca».

Según esta parte, el investigado insistía en que «le dijera la verdad, que ella iba a sufrir, que iba a saber quién era él», hasta que de repente y sin mas, la soltó «justo cuando escucharon que la policía estaba llegando».

Admitió que «en otras ocasiones en el restaurante habían realizado prácticas similares» amarrándose con cordones de zapato, pero «sin llegar a ser tan extremas» como las del 4 de mayo. Insistió en que «no quería» mantener con su ex «relaciones sexuales de tipo alguno».

Por último, la denunciante dijo que «no borró los mensajes», sino que «estaba nerviosa y al bloquearlo sin querer se perdieron» los mismos, ya que el acusado sostuvo que en esa conversación ella «lo retó para hacer lo que hicieron». A su vez, sostuvo que no tenía «ningún inconveniente» en que se investigasen las conversaciones de ese chat.

Accedió a la cita «por miedo».

La denunciante sostuvo en su denuncia que «tenía miedo» a su ex y eso le hizo pensar «que era mejor tener una relación de amigos para que la dejara en paz» y no actuara contra ella o sus seres queridos.

Sostuvo que «temió por su vida» durante los presuntos hechos que sucedieron el lunes 4 de mayo en el restaurante abandonado en Teror y que creía que el investigado la soltó porque «notó la presencia de la policía» que fue requerida por un testigo.