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La escritora y periodista Cristina Fallarás. Efe
Fallarás recupera su cuenta de denuncias de violencia sexual: «No fue casual»

Fallarás recupera su cuenta de denuncias de violencia sexual: «No fue casual»

Su perfil de Instagram cuenta con miles de testimonios de mujeres víctimas de agresiones machistas. Estuvo bloqueada durante siete días y volvió a funcionar este 8 de marzo

Dánae Pérez

Las Palmas de Gran Canaria

Sábado, 9 de marzo 2024, 21:29

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«Esta semana sentía que me habían vuelto a silenciar. Que tu cuenta estuviera bloqueada era una manera de callarnos a todas, de aleccionarnos por habernos hecho fuertes, a través del relato de nuestras violencias». Son las palabras de una víctima de violación dirigidas a la escritora y periodista Cristina Fallarás.

Se trata de una de las miles de mujeres que han sufrido agresiones machistas y las han denunciado en el perfil de Instagram de la periodista, destinado a este fin desde que el expresidente de la Real Federación Española de Fútbol Luis Rubiales dio un beso no consentido a la jugadora Jennifer Hermoso.

La cuenta volvió a funcionar con normalidad este viernes 8 de marzo, después de haber permanecido cerrada siete días, sin ningún tipo de explicación por parte de la red social. «Me preocupaba que lo hubiera hecho el propio sistema, no los 'haters'», relata Fallarás, quien define la medida adoptada por la plataforma como «una violencia terrible» hacia las mujeres que encontraron la fuerza para compartir sus testimonios por esta vía.

La escritora considera que el bloqueo de este espacio no fue «ni inocente ni casual», como tampoco lo es, a su juicio, que censuren el pezón femenino. «Cuando aparecen las redes sociales, las mujeres las utilizamos en masa porque no habíamos tenido antes lugares donde expresarnos. Pero las usamos por una necesidad nuestra, no por un servicio de las redes en sí», apunta.

Fallarás argumenta que este tipo de plataformas «no son redes amigas, son redes de empresas privadas y, por supuesto, son machistas, creadas por machos». «En tanto que son empresas privadas, su finalidad no es feminista, es el lucro. No es la construcción de espacios seguros ni de espacios de ayuda», ahonda.

Ante este dibujo de las redes sociales que esboza, desesperanzador para la mujer, propone ser «más listas» que las compañías que están detrás de estas plataformas. «Tenemos que saber cómo usarlas. Tenemos que pensar otra vez, pensar cuál es el siguiente paso. Hay que cambiar de estrategia», arguye, para seguidamente poner en valor la capacidad de «las mujeres, en general, y del feminismo, en particular», de «tejer espacios» donde «cabe la alegría de la posibilidad el cambio».

El caso Rubiales motivó su iniciativa en la red social: «Las mujeres pasamos del papel de sufridoras al 'se acabó', el papel de poder»

A Fallarás le removió especialmente el conocido como caso Rubiales, motor de su iniciativa en Instagram: «De repente vi que las mujeres pasábamos del papel de, digamos así, sufridoras al de 'se acabó', que es el papel de poder. Además, el hecho de que hubiera sucedido en la selección de fútbol campeona nos ponía a las mujeres en el papel de campeonas».

Mantiene cristalino, a su vez, el caso de la manada, al que se refiere como «el gran shock en la sociedad española, que marcó la evidencia de que no se estaban castigando las violencias sexuales y de que el consentimiento no estaba en el centro».

El regreso de su cuenta de denuncias ha calmado las heridas reabiertas de las mujeres a las que sirve de altavoz: «Hoy entré, leí mi historia y los comentarios. Me sentí abrazada, sostenida, creída», confiesa la mujer que abre este texto.

«El problema de la pornografía tiene que ver con lo laboral, no con lo moral»

Internet entraña tantas luces como sombras. Diferentes esferas de la sociedad, entre ellas la académica o política , han puesto sobre la mesa la facilidad que tienen los menores de acceder a contenido pornográfico que enarbola la violencia contra la mujer y los efectos negativos que ello conlleva.

Para la escritora y periodista Cristina Fallarás esta situación, aunque no le extraña debido a la sociedad actual, le parece «un desastre». «El 99,99% del porno que se ve usa cuerpos de mujeres de forma violenta para producir placer en otros que lo miran», lo que «genera, por un lado, mecanismos de comportamiento violento por parte de los varones y, por otro, de aprender a someterse por parte de las mujeres». Siendo así, considera que el Estado debe fiscalizar a las empresas que producen y distribuyen porno como hacen con el resto de compañías o autónomos.

«Si cobrara a estas empresas, si fiscalizara que los trabajadores y trabajadoras están contratados, que tengan una nómina, que se acepten las medidas de cuidados laborales, impuestos, mercancías, que existan sueldos, seguridad social y que respeten los derechos de no violencia en el trabajo, el porno no nos molestaría», profundiza la escritora para concluir: «En tanto en cuanto no lo fiscalizan, es un problema del Estado y tiene que ver con lo laboral, no con lo moral».

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