«Habrá plazas en colegios para niños de dos años»

05/08/2019

María José Guerra Palmero (La Laguna, 1962) es la única persona sin carné político que se sienta en el Consejo de Gobierno de Canarias. Propuesta por el PSOE, la catedrática de Filosofía Moral de la Universidad de La Laguna asume la Consejería de Educación, Universidades, Cultura y Deportes convencida de lo que puede aportar en un «momento histórico» para las islas. Ecofeminista e investigadora de prestigio, habla de retos concretos, como implantar la enseñanza de 0 a 3 años o la urgencia de acometer la renovación de las plantillas docentes, pero también de cómo entiende la educación. «La formación integral debe ocuparlo todo», afirma.

¿Por qué una catedrática de filosofía como usted, activista feminista sin carné de partido, acepta ser consejera?

— Había tenido propuestas de estar en las listas de otras instituciones y no me veía ahí. Luego, simplemente en una conversación informal se me ocurrió decir que quizás dada mi trayectoria de 35 años dedicada a la educación, mi lugar sería esta consejería. Simplemente mi nombre estaba y recibí la llamada del presidente del Gobierno. Estamos en un momento histórico en Canarias y creo que desde esta experiencia intensa y profunda que tengo del mundo de la educación, primero como profesora de instituto, luego de universidad y desde otros cargos de gestión, quizás tengo algo que aportar a la consejería, al Gobierno y a la sociedad canaria.

Ser la única consejera independiente en un consejo de gobierno con personas de cuatro partidos políticos, ¿es un hándicap o una ventaja?

— Ni una cosa ni la otra. Es un trabajo de equipo importante dirimir cuáles son las prioridades políticas, y ahora tenemos una situación presupuestaria complicada. Esta es una Consejería con unas necesidades de financiación importantes. Siempre me he sentido muy libre para opinar y creo que la independencia de juicio es un valor que alimenta la política frente a esas visiones más asociadas a los partidos, a las disciplinas de voto. Además, al ser un gobierno de cuatro formaciones políticas hay mucha pluralidad.

— En sus viceconsejerías mandan dos partidos diferentes, con una socialista en Educación y un miembro de Podemos en Cultura. ¿Irá cada uno por su lado?

— La mía es una tarea de coordinación muy importante con respecto a los diferentes equipos y diferentes procedencias de esas personas. Creo que no hay grandes discrepancias en cuanto a líneas políticas, de hecho creo que educación y cultura son áreas en las que podemos hablar de bastante consenso, incluso con otras fuerzas políticas. En Canarias no hay guerras educativas. A mí me interesa mucho visibilizar cómo se ha construido nuestro sistema educativo, que tiene muchos problemas, pero que también ha supuesto un salto hacia delante importantísimo para nuestro archipiélago.

— Entre esos muchos problemas, ¿cuál es prioritario solucionar?

— El fundamental, la renovación de las plantillas. La generación que ahora se está jubilando masivamente es la que construyó el sistema, y como en estos últimos diez años hemos vivido la gran recesión del siglo XXI, con poquísimas plazas convocadas, tenemos un verdadero boquete en el sistema y esto, que es general para toda la administración pública, en el caso de educación, tanto en la enseñanza no universitaria como en la universitaria, es un problema de primera magnitud, que necesita financiación. La renovación generacional de las plantillas es imprescindible. En educación hay que dar una respuesta ya porque compromete la viabilidad y sostenibiilidad del sistema. Es un reto estructural ineludible.

— Habrá entonces amplias ofertas de plazas en las oposiciones.

— Eso depende de los presupuestos, pero es lo que requiere el sistema. hay un número elevadísimo de docentes de entre 50 y 60 años que se van a jubilar ya. Todo lo que ha pasado en estos últimos tiempos genera un problema enorme de injusticia generacional. A mi generación le tocó la expansión del sistema educativo y muchas personas pudimos entrar, luego otras han tenido mucha menos cabida.

— La vuelta a las 18 horas lectivas del profesorado de secundaria se aplicará ya este curso y supondrá la contratación de 1.250 profesores más. ¿Qué problemas genera?

— Los datos de la oficina presupuestaria dicen que serán 1.403 profesores más, 72 millones de euros más al año. Creo que este tipo de medidas tendrían que ir con una ficha financiera... Era una medida muy deseada que va a redundar en la calidad del sistema. Las 18 horas las vamos a asumir ya, pero no puedo negar que hay mucha preocupación en el Gobierno porque las necesidades financieras de esta Consejería son enormes y esto suma un momento de, vamos a llamarlo así, estrés financiero. — ¿Cree que era una medida prioritaria para la educación canaria?

— Es una restitución para el profesorado. Venimos marcados por ese periodo de recortes tan duros y llega un momento en que se necesita una restitución, un respiro, de que los poderes públicos reconozcan la labor del profesorado. El Gobierno asume la medida, aunque plantea un desafío presupuestario.

— Los sindicatos reclaman también bajar a 23 horas lectivas en primaria.

— Hay que ir poco a poco, paso a paso. También es muy importante bajar las ratios...

— ¿Qué hará para que Canarias deje de estar a la cola en la implantación de la educación de 0 a 3 años? Hay pocas plazas y la mayoría son privadas.

— Estamos ya diseñando un plan. La idea es que sean tres fases, y que se base en la colaboración con las administraciones públicas, sobre todo con los ayuntamientos. Son muchas realidades muy distintas. Hay zonas donde hay colegios con vacantes en educación infantil y ahí puede ser factible reconvertir las plazas de alumnado de tres años para los de dos años. También hay un sector de escuelas infantiles privadas que han hecho un gran esfuerzo por adaptarse a la normativa. Será un modelo mixto porque lo importante es cubrir las necesidades. Espero que en septiembre en el Parlamento pueda hablar de las líneas fundamentales. La educación infantil es necesaria por tres argumentos fundamentales: educativo, lucha contra la pobreza y por la igualdad. Hay que dirimir la cuestión presupuestaria, pero espero un gran avance en estos años, poner la base para el despegue de esta etapa educativa.

— Las universidades también reclaman al Gobierno un modelo de financiación plurianual en base a objetivos que les dé estabilidad, algo que dejó pendiente el anterior Ejecutivo.

— Está claro que la financiación de las universidades es un tema prioritario. Los diagnósticos están hechos y repasaremos los elementos más importantes de la política universitaria. Espero que lleguemos a un consenso y habrá que pedirle al Gobierno un esfuerzo. La enseñanza universitaria es básica, las universidades canarias son factores fundamentales de desarrollo local. La universidad también ha sufrido la precarización de su personal y tenemos que enfrentar este asunto.

— ¿Este Gobierno sí cumplirá la Ley Canaria de Educación para llegar a una inversión del 5% del PIB en 2022?

— Es el objetivo político. Tenemos una mala perspectiva inmediata presupuestaria y la situación es complicada pero el Gobierno tiene el objetivo claro de cumplir su agenda social.

— El debate sobre el acceso a la profesión docente está abierto. ¿Debe cambiar para que haya un mejor profesorado?

— Es un tema muy complejo que deberá abordar la nueva reforma educativa. Hay que pensar qué perfiles de profesorado tenemos que tener para afrontar los retos del siglo XXI. Yo personalmente he sido opositora tres veces y me ha servido mucho para formarme. El debate está abierto, está la propuesta del modelo del MIR educativo, que hay que ponderar mucho. Este será uno de los temas importantes que afrontar. Para mí, lo más importante de la vocación docente es la pasión. Si realmente te apasiona y te interesa lo que tienes que explicar y enseñar se producen milagros. Emilio Lledó dice que es muy importante el vínculo con tus estudiantes pare crear una comunidad de aprendizaje y de diálogo. Este espíritu un sector muy tecnocrático lo ha olvidado. Y pienso, por ejemplo, en los informes Pisa, donde solo hablan de resultados en lengua y matemáticas, que se magnifican, olvidándonos que la formación de las personas tiene que ser mucho más amplia y que las humanidades, el arte y el teatro tienen que estar en nuestro sistema educativo.

— Como presidenta de la Red Española de la Filosofía ha sido beligerante para que las humanidades y la filosofía vuelvan tras el recorte de la Lomce. ¿Por qué es tan importante?

— Las asignaturas de corte filosófico son fundamentales para la formación integral de las personas, la independencia de juicio y el pensamiento crítico, que además tienen que ser desarrollados en un contexto de deliberación y de diálogo. Esa visión tecnocrática que reduce todo a competencias básicas, al uso de las TIC y el aprendizaje de los idiomas, siendo necesarias, no es suficiente. No se puede olvidar el núcleo duro de la formación humanística y artística si queremos que los niños y niñas y los adolescentes que tenemos en el sistema educativo e incluso en la universidad sean personas con vidas plenas, reflexivas y sean ciudadanas y ciudadanos comprometidos con el bien común.

— ¿Qué asignaturas cree que deben reforzarse y cuáles, en su opinión, están sobredimensionadas o sobran en los currículos actuales?

— Hay que llegar a una amplia mayoría para que haya un cambio legislativo en la educación. Creo que muchísimas personas tenemos un disgusto enorme porque la educación se haya convertido en una trifulca política. La educación es un bien básico, común. Respecto a las asignaturas, hay nuevas metodologías que hablan por ejemplo de aprendizajes por proyectos... Creo que simplemente la formación integral tiene que ocuparlo todo, que ha sido nefasta la división entre letras y ciencias. Estamos viendo que los grandes desarrollos tecnológicos necesitan de reflexión y controles. Me gustaría que se potenciaran en las universidades canarias dobles grados que combinen materias tradicionales de humanidades con las tecnológicas y científicas. Esos perfiles inter o transdisciplinares son los que ahora se están demandando.

— ¿La especialización en educación tiene que acabar?

— El especialismo tenía sentido en un mundo muy ordenado y estable donde ibas a cualquier módulo profesional y ya estaba, toda tu vida te dedicabas a lo mismo. Ahora vemos que ni sabemos qué profesiones se van a necesitar en diez años. Lo que necesitamos son personas con grandes competencias básicas, que puedan seguir aprendiendo, recualificándose en toda su vida laboral. La educación para adultos y la formación continua van a ser algo imprescindible, como una visión más flexible de la Formación Profesional en relación con las empresas y los cambios del mercado laboral. Esos perfiles se consiguen con una buena formación básica e integral donde tanto las ciencias como las humanidades sean el soporte. Hay que plantear una mayor flexibilidad.

— ¿Hay que volver a implantar una asignatura que forme en valores?

— No diría solo valores, sino principios. Hay un marco constitucional que establece elementos fundamentales y son el soporte del consenso de nuestra sociedad, desde la igualdad hasta el pluralismo. Es fundamental valorar lo que significa la convivencia. A los adolescentes les llega a través de los medios de comunicación este individualismo neoliberal y falta incidir en las comunidades pluralistas, de diálogo, de reflexionar cómo nos tratamos unos a otros, cómo convivimos.

— Todo el mundo mira a la educación como la base para desterrar estereotipos y lograr una sociedad igualitaria entre hombres y mujeres. Sin embargo, diferentes estudios apuntan que los jóvenes están perpetuando ideas y actitudes machistas. ¿Se está fallando en la educación para la igualdad?

— Efectivamente, la escuela es uno de los agentes de socialización, como lo son las familias, pero también los medios de comunicación y todos los contenidos y mensajes que llegan a través del móvil y los soportes tecnológicos, de las redes sociales y los grupos de iguales , de youtubers o influencers. Muchas veces ni profesores ni familias tienen ni idea de en qué tribus digitales hasta militan sus hijos e hijas. Hay que analizar todo este ecosistema digital desde la escuela. Tenemos que hacer un análisis crítico de los mensajes que con ropajes hipertecnológicos perpetúan mensajes muy tradicionales de un sistema de dominación patriarcal, de intolerancia a la diversidad sexual... En el ámbito educativo tenemos que estar muy atentos a lo que está pasando, escuchar mucho a nuestros niños y niñas, a nuestros adolescentes y ver cómo esta nueva socialización está generando nuevos problemas y cómo se está enmascarando con esta pátina de lo tecnológico los viejos mensajes que minan la igualdad e incluso pueden alentar la violencia. Intentaré propiciar un observatorio de la educación en Canarias que ayude a la detección de esos fenómenos nuevos ligados al mundo digital.

— Un informe reciente del colectivo Harimaguada alertaba de que la educación afectivo-sexual ha desaparecido de las aulas canarias mientras los adolescentes identifican la sexualidad con la pornografía que consumen a través de las red. ¿Recuperará usted este tipo de formación?

— Creo que hay que darle un tratamiento riguroso y serio. Hay cuestiones muy importantes, también de educación para la salud y para el desarrollo psicológico y social implicados en este tema. La dejación que hace la escuela y muchas veces las familias hace que los jóvenes llenen este vacío con los mensajes que les llegan por los móviles y sus grupos de guasap. Hay que revisar qué se ha hecho, evaluar los programas, porque hubo un majo y limpio con la crisis. Hay mucho profesorado agrupado que está haciendo propuestas concretas. Tenemos que recuperar la renovación pedagógica desde la horizontalidad y los grupos de trabajo del profesorado y siempre en sintonía con las familias. Y, sobre todo, escuchar mucho a nuestro alumnado, porque ahora sí hay una brecha generacional.

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