Buque oceanográfico Ángeles Alvariño, amarrado a puerto. / EFE/ Vídeo: Atlas

La familia de Anna y Olivia pide que el buque prorrogue la búsqueda

Su entorno está molesto con que la pareja de Gimeno no comunicara a la Guardia Civil su encuentro con el presunto asesino

Antonio Paniagua
ANTONIO PANIAGUA Madrid

La familia de Anna y Olivia, las niñas asesinadas por su padre, Tomás Gimeno, observa con preocupación cómo pasan las horas y se acerca el plazo para que el buque oceanográfico Ángeles Alvariño termine su misión en Tenerife. Ante la inminencia de su partida, que está previsto se produzca el jueves, el portavoz de la familia y presidente de SOS Desaparecidos, Joaquín Amills, pidió este martes un aplazamiento de la marcha del barco. «Es lo que se debería hacer y estamos seguros de que así se va a proceder. Estamos esperanzados en que se produzca la prórroga de los trabajos, y de hecho toda la sociedad está a la expectativa de que ocurra».

Con todo, Amills considera que sería un «milagro» que apareciera el cadáver de Anna, la menor de las pequeñas. «Pero también era complicado encontrar a Olivia y se consiguió».

El buque oceanográfico está a una milla de la costa rastreando las profundidades en búsqueda del cuerpo de Ana y de su padre. La directora general de la Guardia Civil, María Gámez, dijo que el instituto armado mantiene el «ánimo» y la «ilusión» de poder hallar nuevos indicios que arrojen luz sobre la investigación.

Amills se mostró molesto con el hecho de que la última pareja de Tomás Gimeno, la directora de un centro educativo al que acudía Olivia dos veces por semana para aprender alemán, no alertara a las fuerzas de seguridad de que había recibido un paquete con 6.200 euros y una carta de despedida de manos de Gimeno. «No puso esos hechos en conocimiento de nadie. Ahí entramos en una doble moralidad. No sé si estaba obligada a comentarlo, pero si una persona te da un dinero, una carta de despedida y sabes que está con las niñas, blanco y en botella. O se las va a llevar o es una carta de suicidio. No podemos juzgar esta persona ni tampoco criminalizarla, pero que cada uno piense cómo actuaría».

Por lo demás, la familia sigue con el empeño de que se retire el apellido del padre de los datos filiación de las hijas. « Somos muchos los que lo pedimos. No queremos decir ese apellido porque este personaje no es humano», alegó Amills.

Maltrato psicológico

Según el portavoz, Beatriz Zimmermann siempre fue víctima de «maltrato psicológico e infidelidades constantes desde el primer momento». Pero fue a raíz de la separación cuando Gimeno arreció en sus insultos y el trato vejatorio hacia ella, quien decidió separarse cuando ya estaba embarazada de Anna. «Descubrió una nueva infidelidad y la existencia de una vida paralela. Fue cuando dijo 'basta ya'. El sujeto es una persona machista, narcisista, egoísta y envidiosa. Pensaba que o Beatriz era suya o no era de nadie».

Quienes conocieron a Tomás Gimeno no tienen muy buena opinión de él. Lo pintan como un «engreído», de buena familia, amante del pádel y los coches. Si conducía, gustaba de atemorizar a sus acompañantes poniendo el coche a velocidades temerarias. Amills sostiene que nunca fue a juicio, pero sí que estuvo implicado en una agresión a dos de sus tíos.

La familia desea que el buque oceanográfico logre encontrar el cuerpo del asesino, ya que mientras no aparezca quedarán muchas hipótesis abiertas, «lo cual va a ser un gran dolor para Beatriz». El hallazgo de Anna se antoja una tarea ímproba, pues se ignora a qué profundidad se rajó la bolsa que dejó escapar el cuerpo de la niña. En función de este factor, el cálculo del desplazamiento del cadáver varía mucho.

El Congreso guardó este martes un minuto de silencio en memoria de las últimas mujeres muertas a manos de sus parejas o exparejas, así como por las niñas Anna, Olivia y Yaiza, esta última asesinada por su madre.