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Unas vecinas colocan flores para recordar a una de las menores asesinadas por su padre en Almería. EFE
Las grietas por donde se cuela un padre maltratador para asesinar a sus hijas

Las grietas por donde se cuela un padre maltratador para asesinar a sus hijas

Leyes que no se aplican, juzgados sin recursos, presión a la madre víctima y máxima maldad son algunas de las causas de la violencia vicaria

Sábado, 23 de marzo 2024, 23:26

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Ante los sucesos de violencia vicaria, surge la pregunta: ¿Dónde falla el sistema y la sociedad? ¿Cuáles son las grietas por donde puede colarse un hombre violento para asesinar a sus hijos y así hacer daño a la madre? Los avances en la protección de los menores de violencia de género ha tenido algunos hitos. En 2014 se incluyó la retirada automática de la patria potestad a los asesinos de las madres, pero no afectaba los casos menos graves de violencia de género. Un año antes se le había puesto nombre a este tipo de crímenes en la legislación, y pasó a llamarse 'violencia vicaria'. En el pacto de Estado de 2017 se introdujo la medida de suspensión del régimen de visitas a los presuntos agresores y a partir de 2021 se reforzó. Sin embargo, «la ley no ha producido el efecto de que un maltratador no tenga visitas de sus hijos, porque el Poder Judicial dice que para ser un buen padre no importa la violencia que ejerce el hombre sobre la mujer», explica Marisa Soleto, directora de Fundación Mujeres. «Sometemos a los menores a un riesgo. La medida más razonable sería la aplicación universal, pero la ley la tienen que decretar los jueces, no puede ser automática».

Con sólo un centenar de juzgados especializados en estas violencias en un país con casi 500 partidos judiciales, los instrumentos de la administración lucen insuficientes. «Para evitar que estas situaciones se produzcan se necesitan más juzgados especializados, lo que supone un equipo psicosocial con respuesta inmediata para detectar el riesgo», analiza Cira García Domínguez, magistrada del Juzgado de Violencia sobre la Mujer de Getafe (Madrid) y coordinadora de la Asociación de Mujeres Juezas de España. «Hay que escuchar a los niños y las niñas, para valorar el interés superior del menor. Yo tengo un equipo de una trabajadora social y una psicóloga que trabajan en los juzgados. Están sobrecargados y una valoración tarda entre ocho meses y un año. El régimen de visitas está en suspenso hasta tenerlo».

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Prosigue García Domínguez: «Yo parto de que un maltratador no es un buen padre. ¿Pero qué hago si la propia madre me dice que sí lo es, y no hay ningún incidente que involucre al menor? El tiempo siempre juega en contra, en esa voluntad de no tener regímenes de visita sin decidir».

Social e institucional

Más allá de las leyes y su aplicación, hay una cuestión de fondo, que es social. «Hay violencia vicaria porque hay hombres maltratadores, ésa es la principal grieta», dice Yolanda Bernárdez, directora de la Asociación Psicología y Psicoterapia Feminista. «Ser madre es un factor de vulnerabilidad en la violencia de género. Cuando amas a tus hijos los conviertes, desafortunadamente, en diana. A las madres se les despoja de herramientas suficientes para proteger a sus hijos e hijas. Pierdes confianza en ti misma, porque el sistema nombra lo que te está pasando de forma diferente a como tú lo vives. Eso es violencia institucional».

En el caso más reciente, el de las dos niñas asesinadas en Almería, el foco se puso sobre la madre, implicada en el levantamiento de las medidas de protección por parte del juzgado. Ante todo, alertan las entrevistadas, se debe evitar culparla: ella vivía bajo presión. «Muchas veces las mujeres no son conscientes del riesgo», sostiene Soleto, que en línea con lo que mantiene la fiscal de Sala de Violencia sobre la Mujer, Teresa Peramato, observa un riesgo en medidas como la del mutuo acuerdo para fijar el régimen de visitas en contextos de agresión machista. «Las mujeres víctimas no tienen una posición de poder para negociar. Es humillada, carece de herramientas, de relaciones familiares. Quiere que el maltratador esté tranquilo. Depositamos el deber de proteger a los hijos en una persona en un proceso victimológico. La víctima nunca puede ser culpable».

Otro factor es la maldad del asesino. «Estos tipos se matan y matan a sus hijos para decir cómo y cuándo viven», prosigue la jueza. «Se quitó la vida porque era lo que él quería, al ver que perdía el poder y el control sobre una persona que consideraba de su propiedad. Hay que dar una vuelta más a todo, proteger a la infancia en todos los ámbitos. Las reformas legislativas se han nublado y la desprotección sigue existiendo». Soleto alerta: «mañana habrá otro casos y veremos otra laguna».

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