La diputada del PSOE y exministra María Luisa Carcedo, gran impulsora de la nueva ley, posa tras su aprobación. / EFE

Eutanasia en Europa Holanda practica 6.400 eutanasias al año, el 4% de sus defunciones

En Bélgica apenas suponen el 2,3% de los fallecimientos, y en Luxemburgo solo se ha aplicado en 71 ocasiones en doce años

ICIAR OCHOA DE OLANO

La eutanasia es una práctica regulada en Holanda y Bélgica desde 2002. Ambos países fueron los primeros en Europa en dotarse de sendas regulaciones, que han ido modificándose durante estas dos décadas para ampliarlas a más enfermedades. Así, por ejemplo, los Países Bajos engloban las «polipatologías de la vejez, que aunque no son invalidantes pueden degradar mucho la vida, como son la pérdida de la vista o de la movilidad, el dolor continuado o una demencia diagnosticada en estado inicial», explica la secretaria de la Asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD), Laurence Arseguet.

Desde su entrada en vigor, Holanda y Bélgica registran una media de 6.400 y 2.500 eutanasias cada año, lo que representa el 4% y el 2,3% del total de fallecimientos. Luxemburgo, que reguló esta prestación en 2008, apenas la ha aplicado en 71 ocasiones. «Es una ley a la que se ha puesto frenos para que se diera a conocer», afirma la activista. Mientras que Suiza solo permite el suicidio asistido (el enfermo se autoadministra el fármaco que le provoca la muerte), Portugal, con un debate y una tramitación avanzados, se perfila como el quinto país europeo que dará luz verde a una ley, tras España.

Fuera del viejo continente, Canadá acomete la reforma de la polémica y «limitada» ley que alumbró en 2016, y a la que se han acogido 3.800 personas, y Nueva Zelanda se prepara para su entrada en vigor en 2021. En otros países la situación es dispar y a menudo confusa. Como en Colombia, donde la eutanasia es legal por una sentencia de su Corte Constitucional, pero sin embargo carece de una regulación adecuada. En los Estados Unidos, nueve estados permiten alguna forma de eutanasia o suicidio asistido, de manera muy restringida. Oregón, pionero en el mundo con su norma de 1998, lo permite a enfermos con menos de 6 meses de plazo de vida y capaces de tomar por sí mismos y «tragar» la medicación letal.