Entre la playa y la preocupación social

Medio centenar de jóvenes de 21 países asisten al campamento que ha organizado el Club Rotario de Maspalomas Paz y futuro. Entre charlas y diversión, los estudiantes se preparan para asumir las riendas del poder.

Luisa del Rosario
LUISA DEL ROSARIO

El valor del esfuerzo y la solidaridad, la responsabilidad social desde la perspectiva de la igualdad, los tópicos sobre África, talleres de no violencia, charlas sobre las actividades de diferentes ONG o programas de liderazgo y coaching son algunos de los temas que está abordando el quinto Camp Internacional Rotary Maspalomas Paz, un campamento que se desarrolla en paralelo a la Universidad de Verano de Maspalomas.

Cerca de medio centenar de jóvenes de 21 países –Estados Unidos, la India, Croacia, Reino Unido...– participa durante los diez días que dura la actividad en este Camp que comenzó con solo 15 estudiantes y que ya se ha convertido en «el más grande de Europa» de los que organizan los rotarios. «Somos una asociación de servicios que organiza actividades que favorezcan a todos en la comunidad», explica el presidente del Club Rotario de Maspalomas, Daniel Bazán.

Los jóvenes participantes en este Camp están relacionados a través de sus padres o amistades con los rotarios. Jaklin, de Bulgaria, aprovecha que una amiga de su madre es rotaria y ya ha participado en otros dos campamentos, el primero en Bélgica y el segundo en Austria. Para la mexicana Itzel, cuyos padres son rotarios, este campamento ha sido su «primera oportunidad» de viajar a Europa. En el caso de José Miguel, este Camp es una especie de premio. Trabaja en una asociación en Granada ayudando a niños y niñas en exclusión social. Los rotarios granadinos, que dirigen la asociación, le agradecen sus esfuerzos con este viaje.

Sin embargo, no es una actividad «cerrada». «Este Camp está abierto a todo el mundo. Las conferencias son gratuitas y puede asistir cualquier ciudadano», apunta Bazán.

Son los propios clubes de los diferentes países –hay 34.000 en todo el mundo– los que seleccionan a los estudiantes. De esta forma han llegado a la isla 42 chicos y chicas interesados en la cultura y la paz, lema de este campamento. Además, recuerda Bazán, participan «de todas las actividades» once jóvenes de San Bartolomé de Tirajana, aunque no conviven en el alojamiento que acoge al resto de estudiantes.

Mezclarse con gente de diferentes países, «esto es la ONU», dice Bazán, crea una preocupación entre los jóvenes por el idioma. «No sabía si con mi nivel de inglés me haría entender», asegura José Miguel. Pero al final, apunta Jaklin que lo que le apasiona es el español, «el idioma es lo de menos, lo importante es el comportamiento».

Compartir la preocupación por construir un mundo mejor parece que es más importante que comunicarse en una lengua común.

«Este Camp ha sobrepasado todas mis expectativas. Cada conferencia me ha dejado algo y tengo muchísimas ganas de volver a mi país para ponerlo en práctica. No puedo cambiar el mundo, pero pienso que puedo hacer algo», comenta Itzel, que se declara consciente de los graves problemas de violencia que atraviesa su país, México.

«Yo venía con temor por el inglés. Era la primera vez que iba a estar con diferentes personas de distintos países, pero me ha sorprendido la calidez, la unión que hemos tenido conforme hemos llegado. Cómo nos íbamos uniendo. Yo me llevo un montón de amistades de aquí, y las ponencias y conferencias nos están haciendo ser más conscientes de lo que queremos ser y de lo que podemos ser. Nuestro propósito aquí es cambiar un poco a mejor a las personas que tenemos alrededor y preguntarnos qué podemos aportar, qué podemos hacer por la paz», asegura José Miguel.

ocio y aprendizaje. El reportero gráfico Hugo Rojas es uno de los ponentes de este Camp. ¿Una charla puede competir con la playa? Rojas está convencido de que sí, de que se pueden tener «ambas cosas, ocio y aprendizaje». De hecho, apunta, les interesa porque «las circunstancias de los países cambian en cuestión de muy poco tiempo. Están en paz y, de repente, hay una guerra, como en Siria. Estos jóvenes van a tomar las decisiones del futuro».

«A veces nos preocupamos mucho por tener cosas y aportar poco. Yo me estoy divirtiendo muchísimo. Para mí no es una pérdida de tiempo porque va a servir a mi vida y a la sociedad en la que vivo. He aprendido de mis compañeros de distintas partes del mundo y los voy a extrañar muchísimo», apunta Itzel.