Entrevista

«En nuestra hoja de ruta está alcanzar la igualdad real»

23/07/2018

La fiscal Inés Herreros, perteneciente a la Fiscalía Provincial de Las Palmas, ya ha jurado su cargo como vocal del Consejo Fiscal. Un puesto al que ha accedido sustituyendo, nada más y nada menos, que a la nueva ministra de Justicia, Dolores Delgado, con la que compartía candidatura. La portavoz de la Unión Progresista de Fiscales analiza el estado de la carrera y de la justicia.

— ¿Cómo será la hoja de ruta del nuevo Consejo Fiscal en el que usted ha jurado el cargo de vocal?

— Es cierto que, con los movimientos que han habido en el ministerio y en la Fiscalía General del Estado (FGE), la carrera fiscal está ilusionada porque dos de nuestras consejeras son ahora la ministra y la fiscal general. Entendemos que ahora cambia el escenario de forma muy positiva para abordar los importantes cambios que requiere la carrera fiscal. El nombramiento de María José Segarra es bueno, por supuesto por su condición de mujer, pues normaliza los referentes femeninos en los altos cargos, y también porque su condición de fiscal jefa de Sevilla, le otorga el conocimiento concreto de lo que es una fiscalía provincial, cómo se trabaja, cuáles son las carencias. Además de ello la FGE participó, no hace más de tres meses, como candidata al Consejo Fiscal, y durante dos semanas se recorrió fiscalías de toda España para conocer de primera mano su situación. Eso le permite tener un diagnóstico concreto de los problemas de la carrera en todo el país. La Fiscal General sabe de lo que habla y ha dejado constancia de ello en su primera intervención parlamentaria. Anteriormente, el problema fundamental que tuvimos fue un Ministerio de Justicia que dio la espalda a los problemas reales que tenemos en la carrera judicial y fiscal, perjudicando con ellos fundamentalmente a la ciudadanía, para la que préstamos nuestro servicio público. Segarra tiene un conocimiento muy preciso de cual es el diagnóstico y donde están los fallos, así como cuáles son sus posibles soluciones.

— Nunca ha tenido tapujos a la hora de expresar sus opiniones, en un mundo con pocas voces discordantes. Dijo que ahora había más visibilización en violencia de género, calificó de «ingerencia» las palabras de Catalá, que se había producido «un antes y después» tras La Manada y que «no había intención de cambiar las cosas» en justicia. ¿Sigue pensando lo mismo?

— Ahora somos muchas mujeres trabajando, estudiando con mucha dedicación, y siendo rigurosas en señalar un sistema social y judicial, que no está a la altura de la igualdad real constitucional a la que aspiramos. Este apasionante trabajo es fruto de todas las luchas de aquellas mujeres que vinieron antes y de las que hemos recogido el testigo. No pararemos hasta conseguir una vida más digna para nosotras y nuestras hijas. Amo a la carrera a la que pertenezco y creo que es una obligación ser crítica con la Justicia y con el mundo judicial al tiempo que se debe poner en valor todo lo que nos sirve y nos ha permitido llegar hasta hoy. Estamos muy agradecidas por la igualdad formal, que es importante, pero no nos vamos a conformar con eso. Por eso soy partidaria de la crítica constructiva a la carrera judicial, la visualización en las calles de las marchas de las mujeres, del lenguaje inclusivo, de que los medios cuenten con mesas y participación paritaria en los debates, del Consejo de Ministras... Desde luego, en la hoja de ruta hay que alcanzar la igualdad real.

— En cuanto al lenguaje inclusivo, ¿qué le parecen las quejas de miembros de la RAE?

— Es normal que haya miembros de la RAE que se quejen porque siempre ha sido una institución que ha dado la espalda a las mujeres. No solamente han evitado que mujeres ingresen en la institución, sino se han reído de nosotras entendiendo que no tenemos las mismas capacidades que los hombres. En el caso de Emilia Pardo Bazán, se reían hasta de su físico para negarle la entrada, e incluso discriminaron a María Moliner. Se trata de una institución que no ha pedido perdón y se ha mantenido definiendo a la mujer utilizando cinco acepciones que tienen que ver con una situación de prostitución. No hay nada más alejado para cualquier persona que viva la igualdad con una naturalidad propia de nuestros días, que entienda que hayan cinco acepciones referidas a la prostitución en la definición de mujer. La RAE acaba de modificar que jueza sea la mujer que ejerce la función jurisdiccional y no la mujer del juez. Es una institución absolutamente androcentrista.

— Usted abogaba por una revolución pacífica. ¿Será suficiente para cambiar las cosas?

— Abogo siempre por opciones pacíficas y el pacifismo es compatible con la denuncia insistente y la visibilización constante.

— ¿Qué sensación le transmite la polémica creada con el consentimiento expreso en los delitos sexuales?

— En relación a las manifestaciones de la ministra, no me pronuncio porque no ha presentado ningún desarrollo normativo y solo ha usado expresiones en tono coloquial. Con respecto al consentimiento expreso, yo estoy a favor de este consentimiento, entendiéndose que es aquel que se expresa mediante palabras o actos concluyentes. Este requisito, es algo que yo, junto a otras mujeres y en espacios de reflexión jurídica creemos que es muy necesario. Esto supondría que sin una convicción inequívoca no podría haber relaciones sexuales lícitas. No es descabellado pensar que no se puede mantener relaciones sexuales si no se tiene claro que todas las partes quieren. Y para que no haya dudas, el consentimiento tiene que ser expreso, repito con palabras o actos concluyentes.

— ¿Y cómo sería?

— Modificando el Código Penal en relación a los delitos contra la libertad sexual. Esto no supondría en modo alguno invertir la carga de la prueba, pues el proceso judicial sería el mismo, de forma que será quien alegue la falta de consentimiento expreso quién deba probar, que no hubo palabras ni actos concluyentes que consintieran el acto sexual. Sin contundencia en las pruebas no se puede condenar a nadie. Al debatirse planteamientos nuevos, constato como en las conquistas de las mujeres, en ámbito social, civil, o sexual, nunca se nos ha regalado nada. Siempre se nos han hecho pagar un precio muy alto, que en muchas ocasiones ha tenido que ver con la libertad y con la reputación de esas mujeres activistas por la igualdad. El que se nos permitiera trabajar, contratar o abrir cuentas bancarias, conducir o divorciarnos fue durísimo. No fue fácil. Ahora tenemos la igualdad formal y caminamos hacia la igualdad real. Siempre pongo el ejemplo de mi madre, que lo hubiera gustado estudiar lo mismo que yo, pero estaba prohibido por ley. Gracias a nuestras madres y abuelas hoy podemos disfrutar de una vida mucho mejor que la que ellas tuvieron.

— Habla de que han pagado un precio muy caro. ¿Cuál ha sido el suyo?

— Sí claro que he tenido que pagar un precio, escuchando cosas sobre mí que no me han gustado por ser insultantes, o por la imagen distorsionada que se ha querido transmitir de lo que hacía. En la franja de los 30 quizás me importaba más, pero a mis 43 años no me importa nada, en absoluto. De todas formas, no es algo que me pasa solo a mí, también a otras compañeras fiscales y juezas. Aunque es verdad que cada vez menos, los principios fueron más duros que ahora.

— ¿Qué es lo que más le ha dolido?

— Que consideren que nuestro trabajo con visión de género es de segunda categoría o improvisado. Se trata de una labor que requiere mucho estudio, y de una gran complicación porque no se trata solo de adquirir conceptos nuevos, signo de crearlos y perfilarlos. Y hacer esto además, con lógicas nuevas. Lógicas constitucionales que destierren el machismo, y para ello es necesario la previa deconstrucción de todas aquellas lógicas que aprendimos desde pequeños y que sitúan a las mujeres en ciudadanía de segunda. Afortunadamente, en los últimos meses estamos asistiendo a cambios importantes que nos dan la razón. Dos sentencias del Tribunal Supremo que recoge el propio concepto de la perspectiva de género o el debate desde la normalidad sobre la necesidad de desterrar el machismo en la justicia.

— ¿Es la violencia machista una de las grandes lacras de esta sociedad?

— Es un problema tremendo, pero no solo la que se visibiliza en los juzgados, sino todas las que se llevan a cabo en nuestra sociedad. Seguimos siendo, en muchas ocasiones ciudadanas de segunda, sin cobrar igual, desarrollando tareas de cuidado, se usan nuestros cuerpos para fines comerciales... Es un problema para los que buscamos un mundo igualitario.

— ¿Entiende las quejas que generan resoluciones judiciales como en los casos Eólico o Faycán, con penas mínimas?

— Hay que tener presente que tenemos un sistema garantista y unos límites en las penas que no quedan al arbitrio o capricho del juez o fiscal, sino que vienen establecidos en la ley. Yo, que me considero una jurista garantista, creo que debemos encontrar un equilibrio mayor entre las garantías de un procedimiento y el tiempo en el que estos se pueden dilatar. Y en todo caso, echo de menos nuevas formas de comunicación entre el sistema judicial y fiscal y la ciudadanía. Percibo al Poder Judicial alejado innecesariamente del pueblo. Y todas las explicaciones que no se den desde el mismo y desde la carrera fiscal, serán dadas por otras personas que a lo mejor no tienen la misma cualificación profesional o al menos les faltarán más datos. En la Fiscalía General del Estado, es una de las aspiraciones, poder establecer nuevos patrones de comunicación que nos recuerden que desde la carrera judicial y fiscal lo que se hace es prestar un servicio público.

— Y que la instrucción sea llevada por el fiscal, ¿para cuándo?

— Es algo que se hará, pero hay que ver si es dentro de tres, ocho o diez años. La Justicia, en primer lugar, tiene que ser tomada en serio como servicio público que es. Es una máquina que solo va funcionando por inercia y el trabajo incansable de los compañeros. En la candidatura del Consejo Fiscal, recorrimos toda España y, en lo personal, me congratuló y me sirvió mucho constatar el interés y la ilusión de los miembros de la Carrera Fiscal y judicial y como esto es, sin duda, el pilar fundamental en el que se sustentan ambas carreras. A la Justicia tiene que darle un impulso moderno, democrático y que replantee cuestiones como la relación con los medios, la elección del CGPJ, la autonomía de los fiscales, las nuevas diligencias de investigación, los medios informáticos... Está todo por construir para tener una justicia ágil que responda a la ciudadanía. Hay un reto por delante y debemos construir primer unos cimientos muy sólidos. La ciudadanía ve tan lejos esta institución que la deja de percibir como un servicio público y tenemos que pisar suelo para que cambie el concepto de nuestra sociedad.

  • 1

    ¿Está de acuerdo con que investiguen todos los casos de bebés robados denunciados en Canarias?

    Sí.
    No.
    Ns / Nc.
    Votar Ver Resultados