Recomendaciones saludables sobre mochilas y sillas

14/09/2018

Los escolares no deben llevar más del 15% de su peso cargado a la espalda y también deben prestar atención especial al asiento.

La visión de los jóvenes escolares con sus mochilas a la espalda es muy común, también están de moda las de ruedas, y cada inicio de curso, se debate sobre lo mismo. ¿Llevan demasiado peso? ¿cómo les puede afectar a su salud? y sobre todo, ¿qué soluciones se pueden adoptar? Antes de abordar el micromundo de la mochila, también conviene subrayar que es importante ocuparse de conocer si la silla donde el niño pasará sentado una media de seis horas de lunes a viernes durante ocho meses, unas 1.100 horas, aproximadamente, es la adecuada. El consejo no es otro que verificar donde se sienta el alumno.

Respecto a las mochilas, el prestigioso doctor Avelino Ferrero, presidente del SERMEF (Servicio de Rehabilitación del Hospital Ramón y Cajal, de Madrid), asegura que «el problema no es la mochila sino el peso que lleva el niño en ella». Este especialista explica que «el peso produce una gran tracción y presión sobre la musculatura y las articulaciones, debido a la sobrecarga de la mochila». Ante esta situación, él recomienda que los padres hablen con los profesores para evitar llevar tanto material escolar a casa, a diario. En cuanto a las mochilas de ruedas que, cuando salieron al mercado parecían ser una alternativa más adecuada, el especialista cree que tampoco es la solución más correcta dado que los niños tiran de ellas, produciendo así un aumento de la curva de atrás y provocando dolores de espalda. Lo ideal, según él, es que los niños no lleven más peso de lo recomendado.

Opina el experto

José Ricardo Ebri, traumatólogo especializado en lesiones en jóvenes, defiende desde hace una década y media que frente a la mala imagen que han tenido en los últimos años las mochilas más tradicionales, él, las reivindica porque «pueden ser incluso beneficiosas contra la atonía muscular de los chicos, que están mucho más blandos que hace años. Eso sí, siempre que sean adecuadas para su edad, lo que no sucede en el 50% de los casos. Deben llegar hasta la segunda vértebra lumbar, un poco por debajo de las costillas», de forma que descanse y se adapte a la curva de la espalda. Con todo, Ebri propone en una entrevista en el diario EL País, una fórmula que se ha empleado con éxito en otros países para no sobrecargar a los estudiantes: dividir los libros en fascículos de forma que sólo carguen el material que están estudiando en ese momento del curso.