Imagen captada ayer de una tolvanera, una especie de remolino de polvo que se produce por el calor que desprende el volcán. / COBER/GERARDO OJEDA

Carracedo: «Los datos científicos y la lógica apuntan a que la erupción ya ha acabado»

El volcán sigue inactivo y el Pevolca esperará diez días más para confirmar el final del proceso eruptivo

Carmen Delia Aranda
CARMEN DELIA ARANDA Las Palmas de Gran Canaria

Cuentan quienes están allí que, desde el lunes por la noche, solo el canto de los pájaros rompe el silencio reinante en el Valle de Aridane. El volcán sin nombre de La Palma permanece inactivo desde entonces y el comité científico del Plan de Emergencia Volcánica de Canarias (Pevolca) le ha dado un plazo de diez días para confirmar el fin de la erupción volcánica. Es decir, si no se reactiva antes, para Navidad se certificará la defunción del volcán.

Más atrevido es el veterano volcanólogo Juan Carlos Carracedo, que, basándose en su conocimiento del vulcanismo histórico de Canarias y en los datos científicos de la actividad eruptiva de los últimos días, está convencido de que la erupción ha llegado a su fin. «Si no hay sismicidad y no hay realimentación, no hay motor para una reactivación. Lo lógico en estas circunstancias sería vaticinar –con la posibilidad de equivocarnos– que estamos en la fase terminal, por no decir que la erupción ya se ha acabado», afirma el experto que fue testigo en 1971 de la erupción del Teneguía, cuyo final fue similar. «Cuando empezó a dar signos de debilidad, cesó bruscamente y nunca más dio síntomas de actividad eruptiva», recuerda Carracedo cuyo convencimiento sobre el final de la erupción se sustenta en la evidencia científica y en el deseo de que el volcán «cese de martirizar» a la población del Valle. «Ha causado un daño económico y emocional increíbles pero estoy seguro de que se recuperará la zona y las personas», vaticinó el investigador jubilado del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Su convicción en el fin de la erupción se basa en que, cuando el volcán deja de aportar energía, se produce «una especie de tapón que, si se enfría, aumenta de viscosidad. Haría falta mucha energía para quitarlo», explica.

No obstante, el vulcanólogo reconoce que pasará bastante tiempo antes de que esta parte del Valle pueda ser segura porque la desgasificación de las coladas provoca que el dióxido de azufre y, sobre todo, el dióxido de carbono se acumulen en las zonas más bajas del volcán. «Estos gases, puramente eruptivos, disminuirán rápidamente y serán sustituidos por aire de la atmósfera que penetrará por las fisuras», explica el experto que advierte de que, en los próximos años, el volcán seguirá desprendiendo calor por las grietas y emitirá penachos de vapor de agua cada vez que la lluvia penetre en bolsas superficiales de magma aún caliente. Este fenómeno se observa a diario en Lanzarote, en la zona Islote de Hilario de Timanfaya, donde, como atracción turística, se echa un cubo de agua por un tubo que, debido al calor que permanece en el subsuelo, sale expulsado en forma de vapor como si se tratara de un géiser. Este hecho prueba que el calor se mantiene pese a que la última erupción de Timanfaya se produjo en 1824. «El espectáculo se presenciará durante mucho tiempo porque este volcán es enorme comparado con los volcanes típicos de la dorsal de Cumbre Vieja», afirma el experto que, tres días después de que se abriera la tierra en Cabeza de Vaca, afirmó rotundo que el Teneguía, en comparación al nuevo volcán palmero, parecía «casi de juguete».

Sin lava, ni sismos ni tremor

El comité científico del Pevolca corroboró ayer que el volcán sigue sin constantes vitales. «No hay constancia de flujo de lavas desde la base occidental del cono principal, a partir de salideros de tubos volcánicos. En el delta lávico de la zona de Las Hoyas la colada que discurría sobre lavas anteriores se ha detenido», explicó la portavoz científica del Pevolca, María José Blanco. Además, la directora del Instituto Geográfico Nacional en Canarias precisó que la actividad fumarólica «es puntual y esporádica, concentrándose en la zona de los centros eruptivos».

En cuanto a la sismicidad, la geofísica indicó que sigue en niveles muy bajos en todas las profundidades. Además, la desaparición del tremor -las vibraciones causadas por la lava y los gases al fluir por los conductos del cráter- ha permitido detectar más temblores de menor magnitud que hasta ahora estaban enmascarados por el ruido de la erupción. Por otro lado, no se ha detectado ninguna variación reseñable en la deformación del terreno.

En cuanto a la emisión de dióxido de azufre, el único parámetro del proceso eruptivo que se mantenía elevado, cayó a partir de las 14.00 horas del martes hasta situarse en un nivel extremadamente bajo, por debajo de las 5 toneladas, reseñó Blanco.

Hasta el cese de la actividad eruptiva, la lava ha cubierto 1.198 hectáreas; si se incluye la superficie del cono volcánico, un total de 1.221 hectáreas, precisó Morcuende. Los deltas lávicos han ganado al mar 48,02 hectáreas, de las que 5,05 corresponden a la isla baja surgida más al norte. La anchura total entre las coladas se mantiene en 3.350 metros.

Este miércoles la calidad del aire fue buena en todas las estaciones, salvo en Los Llanos, donde se detectó un nivel alto de partículas menores de 10 micras.