Fayna Hernández pasea junto a su familia en la playa de El Puertillo. / Arcadio Suárez

Canarios sin dinero para salir de vacaciones: «Queda la playa»

El 43% de las familias de las islas no pueden permitirse salir fuera al menos una semana al año. Las prioridades son otras, como afrontar la vuelta al cole

SARA TOJ Las Palmas de Gran Canaria

Nevera azul con algo para almorzar y bebidas; toallas y sombrilla; pero, sobre todo, ganas de pasar un día agradable en la playa. Este es el equipaje de Fayna Hernández este verano. Vecina de San José del Álamo, en Teror, de 38 años, acude cuando puede a El Puertillo, en Arucas. Ella, su marido y su hijo forman parte del 43 % de las familias canarias que no pueden permitirse pasar, al menos, una semana de vacaciones al año fuera de casa, porcentaje diez puntos por encima de la media estatal.

Este dato se extrae de la última Encuesta de Condiciones de Vida publicada anualmente por el Instituto Nacional de Estadística (INE), que da la foto social de 2021. Gracias a ella se puede medir la incidencia de la pobreza y cómo se estructura la misma. En ella se incluyen indicadores como la población en riesgo de pobreza, que en las islas llega al 28,4%, o exclusión social. Y dentro de los datos de carencia material se incluye la imposibilidad de salir de vacaciones.

«La economía no está para tanto, han subido mucho los precios de los apartamentos, la comida y, haciendo cuentas, no creo que nos vayamos de la isla», responde Hernández. Está en la playa acompañada de su hijo, que pronto comenzará segundo de primaria, de su sobrino, su hermana y su madre y comenta que se prepara para uno de los gastos más importantes del año: la vuelta al cole. Por ello, ha decidido no invertir en un viaje: «Está subiendo todo, pero el sueldo es el mismo». Ahora mismo se encuentra en paro, pero con el comienzo del curso volverá a trabajar en comedores escolares.

Muchas personas retiradas también se privan del disfrute de una jubilación holgada. Para Cely Pérez, vecina de Los Giles, el descanso estival es un recuerdo emborronado: hace 19 años que no se va de viaje. El último, a Fuerteventura, gracias a sus hermanos: «Lo pasamos divino». Pero el presente es muy diferente: «El dinero no da para más. Si a mí con 700 euros de pensión me cuesta llegar a fin de mes, no me quiero imaginar a una familia». Según la Encuesta de Condiciones de Vida, el 27 % de los hogares del archipiélago tiene cierta dificultad para terminar el mes con tranquilidad.

Fayna Hernández junto a su familia (a), Samuel Torres junto a su hermana y su madre (abajo, izq.) y Cely Pérez (abajo, dch.). / Arcadio Suárez

Samuel Torres es natural de Arucas, aunque reside en Lanzarote desde hace muchos años. Trabaja de personal de mantenimiento en un gimnasio y se lamenta por los cambios en el nivel de vida que se han producido a lo largo de los años. «Si antes podíamos irnos casi un mes de vacaciones, ahora solo podemos estar en un apartamento en Playa del Inglés, por ejemplo, durante un fin de semana», asegura.

Las cifras lo corroboran. En 2019, antes de que irrumpiera la pandemia de la covid y la crisis que generó, el porcentaje de hogares canarios que se podían permitir destinar una parte de su presupuesto en pasar unos días de desconexión fuera de su residencia habitual era de casi un 37,6%, cinco puntos por debajo de la cifra del 2021.

Aunque cuatro de cada diez canarios y canarias no tienen la capacidad para costearse unos días de descanso, existen alternativas que pueden ayudarles a desconectar de la agobiante rutina.

En el caso de Fayna Hernández, las actividades gratuitas que ofrecen los centros comerciales son de gran ayuda. «Los llevamos a los castillos hinchables que ponen, hacen manualidades... También van a clases de natación que sí podemos costear. Lo importante es que los niños se diviertan y pasen un verano entretenido antes de regresar al colegio», comenta.

Moverse en coche

Cely Pérez, por su parte, opta por el deporte por las mañanas y por la playa tras el ejercicio, hasta casi la hora de almorzar. Además, asegura que poder tener un coche en una isla como Gran Canaria «se agradece mucho». Con él, se desplaza a diferentes lugares durante los fines de semana. Para ella, sus grandes aliados para la desconexión son la cocina y el baile, actividades que, confiesa, son su vida.

Por otro lado, Samuel aprovecha para recordar aquellos años en los que veraneaba en El Puertillo. Junto a su hermana, dedican tiempo a su madre para hacerle la vida más llevadera y la llevan a sitios de la isla donde vivió momentos de su infancia. «Todo lo que hacemos es para ella», confiesa.

Fayna no pierde la esperanza de que su situación mejore: «Siempre tienes esa ilusión de irte de viaje y conocer otras cosas, pero si no se puede, no se puede. Por lo menos aquí tienes cerca la playa».

Samuel también comparte ese sentimiento, y confiesa encontrarse «mal y estresado» por no poder desconectar del todo. «La monotonía del día a día y pensar solo en el trabajo mata a cualquiera», sentencia.

La realidad de ambos es la misma que la del resto de familias canarias que forman parte del porcentaje de hogares que tendrán que pasar sus vacaciones en casa. Todo ello en un territorio que vive de un turismo al que no pueden acceder.

No poder comer carne dos días a la semana o que el coche sea un lujo

Dentro de la Encuesta de Condiciones de Vida se estudia la carencia material, aspecto del que se extrae el porcentaje de hogares que no pueden permitirse unas vacaciones. Se estudian otras variables, como no poder permitirse consumir carne o pescado dos veces en semana, el 15% de las familias canarias. Además, el 17% no puede hacer frente al gasto de mantener la vivienda con una temperatura adecuada. Destaca también que casi el 54% de los hogares del archipiélago no es capaz de afrontar gastos imprevistos y tampoco puede disponer de un ordenador personal (9%) o un coche, el 8%. El sondeo del INE emplea la tasa de riesgo de pobreza o exclusión social Arope para hallar el porcentaje de personas y familias afectadas. Estudia tres aspectos, uno la carencia material y social. Se cumple cuando se presentan carencias en, al menos, siete de las variables estudiadas.