Calidez humana entre rejas

óliver suárez armas las palmas de gran canaria

La libertad de elegir a pesar de no ser libres. La vida entre rejas multiplica la soledad y el aislamiento, pero siempre hay maneras de vivir, de potenciar actividades para mejorar la comunicación y encontrar la ayuda necesaria para descubrir nuevos intereses que les faciliten la reinserción social.

La búsqueda de la calidez humana y el avance en los conocimientos alcanza su estado más óptimo con la generación de espacios de relación intergeneracional. Uno de esos caminos es facilitado por el proyecto CiberCaixa Penitenciaria, impulsado por el Programa de Personas Mayores de la Obra Social «La Caixa», en colaboración con la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias del Ministerio del Interior, y que cumple diez años de funcionamiento a nivel nacional y ocho en el Centro Penitenciario de Las Palmas de Gran Canaria.

Durante este periodo de tiempo, este programa ha acercado las nuevas tecnologías a 423 personas privadas de libertad en la isla merced a la participación de 32 voluntarios mayores de la Asociación de voluntarios de informática de mayores de Gran Canaria (AVIMGRAN), los cuales prestan su tiempo y sus conocimientos a los reclusos para el objetivo de mejorar su reinserción sociolaboral.

Se trata de un proyecto que contribuye a reducir el analfabetismo digital de la población penitenciaria, a la vez que fomenta la participación social de las personas mayores como grandes transmisores de valores, experiencias y conocimientos.

«No sabía nada de informática y, gracias a estas personas que viene a darnos las clases de forma desinteresada, he aprendido a manejarme con los ordenadores. Me sirve para hacer cosas, pero a otros compañeros más jóvenes les valdrá para incorporarse a la vida laboral porque, hoy en día, si no sabes informática es muy difícil que consigas un puesto de trabajo», asegura Alfonso Mena, de 59 años y que cumple tres años en el Centro Penitenciario de Las Palmas de Gran Canaria.

Las CiberCaixa Penitenciarias son aulas que actúan en dos ámbitos distintos, dentro de los centros penitenciarios y atendiendo a los internos de los Centros de Inserción Social (CIS). Estas aulas están dotadas de pantalla, proyector y ordenadores para realizar prácticas individuales, y a ellas acuden semanalmente mayores voluntarios y reclusos de los centros penitenciarios. De este modo, se constituye así un espacio único de relación intergeneracional que representa un proyecto pionero en España de una enorme preparación para la libertad.

En estas aulas, voluntarios mayores capacitados en la materia imparten informática a los internos, en lecciones que se adaptan al nivel de los beneficiarios y que van desde aprender a editar documentos hasta la introducción en el uso de internet.

Además, los mayores también enseñan a los reclusos a redactar un currículum o una carta de motivación para un trabajo, al mismo tiempo que les ayudan a preparar entrevistas y trabajan con ellos la importancia de valores universales como el esfuerzo, el trabajo en equipo o el respeto, entre otros.

Carmen Delia, de 68 años y voluntaria desde 2010, es de las personas más activas en la búsqueda de favorecer el aprendizaje de los internos. «Estoy encantada con los internos porque somos como una familia. Cada vez que vengo al centro, me emociono al ver a los que han pasado por los cursos que hemos hecho. Es una experiencia única, muy bonita y emocionante, soy un poco exigente con ellos, pero jamas he tenido ningún problema. En ocasiones, saben más ellos y me ayudan también», afirma.

VALOR. El director del Centro Penitenciario de Las Palmas de Gran Canaria, Juan Gabriel Jiménez, cree que «este proyecto combina dos factores fundamentales: por un lado, el acceso a la tecnología de los internos y, por otro y el que más destaco, la calidez humana que aportan nuestros mayores a los internos».

«Una característica típica de cualquier interno en un centro es que la vida les ha dado muchos vaivenes, que han tenido muchas dificultades y es bueno que los mayores vengan y les digan que la vida es dura para todo el mundo. Me quedo con esa experiencia. Han sido diez años que han ido muy bien.

Por su parte, el subdirector general de la Fundación Bancaria «la Caixa», Marc Simón, considera que «enfocar el futuro de una manera positiva tiene un valor incalculable que para la sociedad es muy importante».

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