«Soy muy batalladora, me gusta la intemperie»

La actriz, catapultada a la fama por su papel en 'Patria' y en pleno rodaje de 'Amar es para siempre', confiesa que en cuestiones de trabajo no dice no a nada. «Si tengo un talento oculto es saber escuchar»

SERGIO GARCÍA

Uno habla por teléfono con Ane Gabarain (San Sebastián, 1963) y tiene la impresión de estar haciéndolo con la vecina del quinto. «Es que yo soy muy normal», dice, lo que se antoja excepcional en una industria que se sostiene sobre focos, cámaras y largas sesiones de maquillaje. Ane, ya lo ven, es Miren, la madre coraje del etarra de 'Patria', un duelo a cara de perro con la que hasta no hace mucho era su amiga Bittori, personaje por el que fue nominada a los Emmy Internacional como Mejor Actriz. Se habla mucho de que los papeles pierden lustre conforme se ganan años, pero Ane parece dispuesta a demostrar lo contrario. «Yo es que soy muy batalladora, me gusta la intemperie», dice socarrona. Mientras rueda la próxima temporada de 'Amar es para siempre» (Antena 3), disfruta de «las mil cosas que se pueden hacer en Madrid». Una es ir al teatro, formato que no ha dejado de lado y que le congracia con las personas. «Ves al público en el patio de butacas, todos con mascarilla pero venciendo sus miedos, y te entran ganas de aplaudirles tú a ellos».

Lunes

5.00 horas. Vaya por delante que los actores tenemos una rutina muy variable y que lo que vale para esta semana no vale para la siguiente, que lo mismo me acuesto a esta hora. Hoy tocaba madrugar... ¡y me he quedado dormida!, así que cuando llaman los de la productora para recogerme en coche me siento como un zombi. Una ducha rápida, un café soluble... Me paso la vida corriendo.

8.00 horas. Empezamos a ensayar en el set de Pozuelo donde se rueda 'Amar es para siempre', que suma ya 17 años. Interpreto a la mujer-esposa-madre de una familia de jugueteros en los años 80. Burgueses, bien situados... Lo que el año pasado era una pastelería en la Plaza de los Frutos, que son los exteriores de la serie, ahora hay una juguetería. Cosas de la televisión. Estos días trabajo mucho con Carles Francino, Itziar Miranda... También con Jon Plazaola, que siempre es un gustazo. Hicimos de madre e hijo durante las seis temporadas de 'Ahí abajo', que rodamos en Sevilla, y ahora repetimos.

Martes

11.00 horas. En televisión no se hacen muchas tomas porque el ritmo es trepidante. Hay un tiempo estimado por secuencia, aunque también depende de que manejes una escena ligera, otra con peso dramático o un texto más farragoso. Además, yo ya no tengo 35 años y no es lo mismo plantarte con cuatro folios aprendidos que memorizar catorce. Que no somos máquinas, vamos. A media mañana, paramos para almorzar: un sandwich vegetal, una pieza de fruta... otra cosa me cae como una piedra.

20.30 horas. Vivo para estudiar los guiones, dos horas y más si hace falta. Soy tan ansiosa que no sólo ceno tarde -lo peor, ya lo sé-, sino que a veces hasta lo hago dos veces. Una cremita de verduras, una pechuguita a la plancha... en invierno entran bien los platos de cuchara. Y vuelta a estudiar. A veces no me entiendo: si hago comedia, pienso que soy más de drama; y cuando toca drama, pues al revés. Al final, todo se reduce a tener buenos compañeros, una dirección como Dios manda y un texto que te atrape. Bueno, ya está bien, ahora una tortilla de espárragos y un Cola-Cao antes de ir a la cama.

Miércoles

6.50 horas. Entro a maquillaje después de que en catering me preparen un café como Dios manda, no el placebo que me tomo en casa. Sólo entonces me pongo en manos de Ainize para que me arregle la cara, que a estas horas, te puedes imaginar, no es tarea fácil. Después me peinan, que si vengo del fin de semana es un horror. Y de ahí al camerino, a vestirme según dicta el guión. Más prisas. A estas alturas, ya no sé ni los PCR que llevo hechos.

18.30 horas. He ido al teatro con mi amiga Jone Irazabal a ver 'Los Gondra', en el Valle Inclán de Plaza de Lavapiés. Ahora la serie me tiene abducida, pero no renuncio a mis bolos con Mikel Laskurain -el Joxian de 'Patria'-. Ya me dice él: «Te veo a más a ti que a mi mujer». El teatro es impagable: toda esa gente con mascarilla en el patio de butacas, venciendo sus miedos a salir de casa... Te dan ganas de aplaudirles tú a ellos.

Jueves

12.30 horas. Dicen que los personajes de villano son más agradecidos, aunque yo creo que lo mejor es moverse entre grises intermedios, que es como es la gente real, de carne y hueso, con aristas. Qué pereza trabajar con clichés, ¿no? Cuánto mejor bucear dentro de ellos y de sus motivaciones.

16.00 horas. Soy muy batalladora, me gusta la intemperie. Intento no acomodarme, no sé si es una ventaja o quizá sólo un instinto de supervivencia laboral. Es un poco la cultura de trabajo que tenemos los actores, la de no decir no a nada. Al final, pasan los años, ves lo que llevas cotizado y piensas 'bueno, pues tampoco me va tan mal'.

23.30 horas. Soy de dormirme tarde más que de acostarme tarde, y cuando el sueño se resiste aprovecho para leer. Estoy con 'Las leyes de la frontera', la novela de Cercas por la que Chechu Salgado está nominado al Goya como actor revelación. Tengo todas las plataformas habidas y por haber, pero el tiempo se me va estudiando, poniendo lavadoras, limpiando... Luego está toda esa gente que te dice 'tienes que ver esto'. Por Dios, qué estrés, a mí es que me bloquean.

Viernes

17.30 horas. Mientras dura el rodaje, vivo en un estudio aquí en Madrid. Me encanta la capital y la sensación de que puedes hacer mil cosas, aunque luego no hagas nada porque tu vida es un torbellino. Pasear por El Retiro, ir al Primark... también me gusta mucho la zona de Acacias. Hace tiempo que no pinto y me gusta hacerlo en plan cochino: mezclar la grasaza, trastear con los colores... soy muy poco fina, lo reconozco. Pero es que no encuentro el momento.

19.00 horas. Vuelvo a San Sebastián. En bus, en tren... últimamente mucho por BlaBlaCar, porque mis horarios son los que son y las combinaciones son pésimas. Aunque tengo carné, no conduzco desde hace mucho, me da un miedo tremendo. A ver si nos acaban la 'Y' vasca de una vez, a este paso no sé si voy a vivir para verla.

Sábado

11.00 horas. ¡Cómo echaba de menos el mar y estar de vuelta con la familia! Un vinito mientras cocinamos, una cervecita... un acto íntimo y relajante. Si tengo un talento es saber escuchar. Preparamos una ensaladilla rusa rica, unos mejillones rellenos, cosas que no están excesivamente elaboradas pero que reúnen a la familia en torno a una mesa. Las esferificaciones al hidrógeno se las dejo a otros.

17.00 horas. Voy a visitar a los vecinos, lo único bueno que saqué del confinamiento. Hemos pasado de decirnos hola y adiós a tejer una relación muy bonita, un vínculo muy grande, hasta el punto de que se han convertido en parte de la familia. Hay que cuidar los afectos. Tenía un perro que se llamaba 'Paco' y que se me murió hace diez años. Uno de los seres que más he llorado en mi vida; ¡quién me iba a decir que se les puede llegar a querer tanto!