Portal del edificio donde fue agredida la menor que murió en Oviedo. / J. Vallina

Un hombre asesina a cuchilladas a una niña de 14 años a la que acosaba en Oviedo

El homicida, un vecino de 32 años, «estaba obsesionado» con la menor y la atacó en el rellano cuando volvía del instituto

COVADONGA DEL NERO / SUSANA NEIRA Oviedo

Erika Yunga Alvarado, una niña de 14 años, murió ayer apuñalada por un vecino que «estaba obsesionado con ella» y la «acosaba», según fuentes próximas al caso. El crimen se produjo en el barrio ovetense de Vallobín, cuando la menor regresaba a comer a su casa en el número 69 de la calle Vázquez de Mella desde el instituto en el que cursaba sus estudios, el IES de La Ería. Erika fue abordada en las escaleras por el agresor, de 32 años y origen moldavo, que la mató con «ensañamiento», asestándole varios cortes mortales «con un arma blanca», y se atrincheró con ella dentro del piso de alquiler en el que el presunto asesino residía desde hace apenas tres semanas.

Fue un hermano de la menor quien descubrió la tragedia. Después de que la niña tocara el timbre del portal, y ante su tardanza en subir al domicilio, su padre le pidió que bajara a buscarla. Al llegar al rellano de la primera planta, el chico se encontró la chaqueta de su hermana tirada en el suelo y un reguero de sangre que se perdía tras la puerta del vecino. Era poco antes de las cuatro de la tarde.

Los agentes que acudieron al inmueble tras el aviso a la sala del 061 intentaron acceder sin éxito al piso por la puerta principal, lo que les obligó a saltar por un patio de luces y entrar por una ventana. En el interior se encontraron una escena «atroz». La niña yacía muerta y el autor del crimen, a quien describen como una persona seriamente «desequilibrada» que tenía «fijación» con la menor, se había infligido una veintena de cuchilladas en distintas zonas del cuerpo. Fue evacuado por una UVI móvil al Hospital Universitario Central de Asturias, donde ingresó en estado grave y tuvo que ser intervenido quirúrgicamente. Al cierre de esta edición permanecía con vida. El cuerpo de su víctima fue trasladado al Instituto de Medicina Legal para practicarle la autopsia.

Erika era la menor de tres hermanos y la única chica. «Era una buena alumna, nunca se metía en problemas y ayudaba muchísimo a sus compañeros», explica Emma Álvarez, directora de su instituto. La familia, de origen ecuatoriano, se trasladó a España hace veinte años y reside en Oviedo desde hace tiempo. La madre, Alba, recibió la trágica noticia en su puesto de trabajo en la residencia de estudiantes femenina María Inmaculada, donde ejerce como recepcionista. «Estamos en shock, consternadas, porque lo ocurrido es un golpe difícil de asimilar», confesaron sus compañeras.

Tres semanas de inquilino

El agresor apenas llevaba tres semanas viviendo en ese piso de alquiler de la calle Vázquez de Mella. Ahora acusado como presunto autor de «un delito de homicidio», permanece en el hospital, donde requirió intervención quirúrgica. A última hora de ayer aún no había podido prestar declaración.

Por su parte, el juez que investiga el caso ha decretado el secreto de sumario, a la espera de que avancen las investigaciones iniciadas ya en la tarde de ayer por parte de la Policía, que realizó una inspección ocular en el portal y el domicilio donde se produjo el crimen. Los agentes abandonaron el lugar pasadas las ocho de la tarde con diversas pruebas.

En la esquela de Erika, cuya capilla ardiente permanecerá instalada en las Religiosas de María Inmaculada hasta el funeral, que se celebrará mañana jueves, a las cuatro de la tarde, en el citado templo, sus padres y hermanos también expresaron esta frase: «Ahora vives en la casa del Señor, espéranos».

La familia Yunga, de origen ecuatoriano, residía en Oviedo desde hace muchos años. Gonzalo Valverde, uno de sus allegados, recordó a la menor como «un ángel; una niña muy buena y muy formal» que solía acudir con sus padres a la iglesia María Inmaculada, donde ensayaban en el coro mientras la niña se quedaba jugando con otras jóvenes de su edad. Ayer no daba crédito a lo sucedido: «Es un acto muy mezquinos. No sé cómo pueden pasar estas cosas», se lamentó.

También estaba entristecido ayer Marcillo Velázquez, otro vecino del portal. Se encontraba «conmocionado»: «Tengo tres hijas y estamos todos muy asustados. Podría haber sido alguna de ellas al bajar la basura».

«Eran encantadores, una familia educadísima; de diez», destacó Raquel Fernández, vecina del tercero del mismo portal, que solía cruzarse «por las escaleras con la niña, que era un encanto». Esta vecina no escuchó nada, pero «el susto lo llevé cuando llegó mi marido para contarme lo que pasó».

La Policía Nacional tomó declaraciones, además de a los familiares, a varios comerciantes de la calle. Para recabar pruebas, preguntó por las posibles cámaras de vigilancia de los negocios con la idea de poder reconstruir los momentos previos a la muerte de Erika.