María Hernández, la cooperante española de Médicos sin Fronteras asesinada en la región etíope de Tigray junto a otros dos compañeros. / EFE/ Vídeo: Atlas

Asesinan en Etiopía a una cooperante española de Médicos Sin Fronteras

La ONG ha condenado el ataque en el que han perdido la vida la salmantina María Hernández y otros dos voluntarios

GERARDO ELORRIAGA Madrid

El cadáver de la cooperante española María Hernández fue hallado este viernes a escasos metros del vehículo en el que viajaba por la región etíope de Tigray. Esta madrileña de 35 años trabajaba como coordinadora de emergencias de la ONG Médicos Sin Fronteras (MSF) y se desconocía su paradero desde el jueves, cuando se desplazaba con el asistente de coordinación Yohannes Halefom Reda y el conductor Tedros Gebremariam Gebremichael, también abatidos por desconocidos. El crimen tuvo lugar en una zona en conflicto desde hace ocho meses, cuando las fuerzas gubernamentales desplazaron violentamente a las autoridades regionales.

La joven se había unido a la organización en 2015 y tenía experiencia previa en República Centroafricana, Nigeria y México. Según Ángel Olaran, misionero vasco que residía en este territorio, la fallecida llegó en noviembre, sólo cuatro días después de que él abandonara la región ante la creciente atmósfera de inseguridad. Desde entonces, se han sucedido los enfrentamientos entre las tropas federales y el Frente de Liberación Popular de Tigray, con acusaciones de violaciones de derechos humanos por ambos bandos. «Unos y otros se achacan la responsabilidad de los hechos», explica el sacerdote.

El crimen tiene lugar en un periodo crucial para la potencia del Cuerno de África. El país celebró elecciones parlamentarias el pasado día 21, aunque no tuvieron lugar en las 38 circunscripciones electorales de la región. La muerte de la española también coincide con un reporte de Amnistía Internacional en el que se asegura que, poco después del inicio de la guerra, se produjo una masacre en Aksum, la capital religiosa de la Iglesia Ortodoxa Etíope. El informe aporta imágenes de enterramientos masivos y, según la información, tropas eritreas practicaron allanamientos y masivas ejecuciones de hombres y niños en respuesta a un conato de sublevación local. El gobierno de Asmara, antiguo enemigo de Addis Abeba, colabora con los federales en la lucha contra los rebeldes.

Ataque aéreo

La noticia se produce, asimismo, cuando sólo han transcurrido veinticuatro horas desde el bombardeo aéreo sobre un mercado en la localidad de Togoga, cercana a Mekele, la capital tigriña, y que ha ocasionado medio centenar de muertos. Las protestas de Naciones Unidas, Bruselas y Washington, parecen avalar la autenticidad de la denuncia. El ataque se enmarca, según la oposición local, en el intento del gobierno central de desalojar a los insurrectos de varias ciudades retomadas por la milicia.

La guerra de Tigray se ha convertido en la mayor contradicción del gobierno de Abiy Ahmed Ali, flamante Premio Nobel de la Paz en 2019. El Primer Ministro estaba considerado el timonel del cambio en el país africano, un régimen autoritario apoyado por diversas facciones políticas con carácter étnico. Su ascenso al poder, hace dos años, impulsó un proceso de liberalización que debía consumarse con los recientes comicios. Las razones para la guerra no han sido esclarecidas, aunque se sospecha que las fuerzas locales se negaron a participar en el proyecto político de Ahmed, plasmado en la creación del Partido de la Prosperidad, y se convirtieron en el principal escollo para su estrategia personal. La represión ha concitado el apoyo de otros grupos étnicos, como los amhara, resentidos por la preminencia política y militar de los tigriña.

La catástrofe humanitaria se ha producido en una de las áreas más pobres de Etiopía, eminentemente rural y donde prima el minifundio más precario. Las últimas evaluaciones hablan de que el 30% de sus cinco millones de habitantes han sido desplazados y unos 60.000 han buscado refugio en la vecina.

Catorce víctimas españolas

El asesinato de la española María Hernández en un ataque en el norte de Etiopía se une al de otros 13 cooperantes desde 1990 mientras cumplían su misión humanitaria en diferentes partes del mundo. La mitad de ellos perdieron la vida en África (tres en Ruanda, uno en Mozambique, otro en Guinea Ecuatorial, uno más en Marruecos y María Hernández en Etiopía), y otros cuatro murieron en América (dos en El Salvador, uno en Colombia y uno en Perú)

En Europa (Bosnia y Chechenia) murieron dos cooperantes españoles más y la última, la fisioterapeuta Lorena Enebral, perteneciente al Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), fue asesinada en Afganistán en 2017. La mayoría de los colaboradores españoles asesinados eran médicos, enfermeros o trabajaban para organizaciones de ayuda sanitaria.

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