Amelia Valcárcel: «La memoria del talento femenino ha sido amputada»

10/06/2018

Amelia Valcárcel (Madrid,1950) es una de las grandes pensadoras y activistas del movimiento feminista en España. Catedrática de Filosofía Moral y Política, destaca la importancia de garantizar la presencia de las mujeres en los ámbitos de poder. «El feminismo ha ganado la batalla de las ideas», asegura.

¿Qué debe marcar la agenda actual del feminismo?

— La paridad. Esa es la agenda feminista fuerte y no sabemos en qué tiempo puede ser cumplida, y mucho menos en qué espacios. Pero esa agenda está abierta por páginas diferentes según el lugar del mundo.

— Aquí hablamos de paridad y en otros lugares de simple supervivencia...

— Hay lugares donde las mujeres no tienen ni la capacidad de decidir con quién se casan, carecen de las libertades más fundamentales, por eso es muy importante saber siempre cuál es la agenda de cabecera. En nuestras sociedades feministas tiene que ser la paridad en diferentes ámbitos, una vez que hemos conseguido libertades que ahora consideramos mínimas pero que en otras partes del mundo no se han logrado. Hablo de los derechos políticos, educativos, buena parte de los derechos civiles...

— ¿Y los derechos sexuales?

— Esos forman parte de la tercera ola del feminismo y de hecho se están jugando en buena parte del mundo que todavía es el nuestro. Aquí tuvimos que volver a defenderlos hace cuatro años, porque el ministro Gallardón quería reformar la ley del aborto y hubo que salir a la calle. Y fuimos nosotras las que pusimos al ministro en la calle, no está mal.

— La lucha por las libertades sexuales entronca con la movilización contra la sentencia de La Manada.

— Esa sentencia, con un voto particular más largo que la propia sentencia, es muy importante porque nos remite a la idea que se tenga de qué es la libertad sexual. Y como la posición de las mujeres y su libertad sexual ha cambiado mucho, esto tiene muy confusa a gente que cree que porque puedes hacerlo todo es que quieres hacerlo todo. Y no, puedes pero puede que no quieras, y si no quieres nadie puede obligarte a ello. Eso es muy importante dejárselo claro a algún tipo de gente que tiene una cabeza en la cual la libertad de las mujeres no acaba de encajarle. Esta sentencia tiene dos lugares más a los que puede ir, al tribunal superior y en casación al Supremo. Yo, que no juzgo ni soy magistrada, habría interpretado esto como un delito de violación continuada, por supuesto agresión.

«Paridad es paridad, no son cuotas o discriminación positiva; es establecer mecanismos de imparcialidad»

— ¿Espera de la comisión que analiza la tipificación de los delitos sexuales que proponga un cambio legal?

— Bien estaría. Espero de todos y de todas, de este país, que contribuya, que puede porque tiene cabezas jurídicas buenas, a afinar como una sociedad feminista necesita los delitos contra la libertad sexual de las mujeres. Porque las mujeres tienen libertad sexual, eso es lo primero que hay que entender. Y segundo, entonces el problema está en el consentimiento, y ese problema no se puede obviar, así que habrá que encajarlo bien.

— Dice que estamos en una sociedad feminista, pero una encuesta de esta semana dice que la mitad de la población española asocia la violación al alcohol.

— Distingamos. Nuestra sociedad comparada con muchas otras del planeta tiene admitidas muchas libertades y derechos. Eso la convierte en una sociedad más feminista frente, por poner un ejemplo de un país que está cerca, Marruecos. Pero el feminismo es siempre una vanguardia, de pensamiento, de teorías, de agenda, una vanguardia compuesta por cada vez más gente. Una cosa es que una sociedad tenga nítidos rasgos feministas y otra es que la sociedad entera se comporte como una vanguardia feminista. Eso no va a pasar, no pasa ni en países que nos llevan adelanto en esto.

— ¿Puede concretar en qué ámbitos hay que aplicar la paridad?

— En al menos seis ámbitos, y podemos meter un par más. En el poder explícito político se avanza, porque es el que más controles tiene, pero hay otros poderes en la sociedad muy resistentes a la presencia de las mujeres. En el ámbito económico y empresarial es ridículamente pequeña, a no ser que sea por cartera propia, por ejemplo si eres una fuerte heredera tienes que estar... En esos ámbitos hay que introducir la presencia de las mujeres por ley, porque espontáneamente no va a pasar. Está el ámbito de la opinión, importantísimo. La prensa, los medios de comunicación, que son los dadores de objetivo común, temas y debates a la sociedad. Las mujeres apenas llegan aquí al 4% en los puestos de poder. Ahora está Sol Gallego-Díaz como directora en El País y estoy contentísima. Nos alegramos todas porque vemos el tipo de conquista que es. Necesitamos muchas comunicadoras, comunicadoras buenas y valientes. Luego está la creatividad. Todo lo que vamos a trasladar como memoria colectiva es lo que consideraremos mejor que se ha hecho nunca, y todos los cánones de lo mejor son masculinos. La memoria del talento femenino ha sido amputada y hay que reconstruirla. Luego está el sistema completo del poder-saber, muy importante también. Las universidades, las grandes academias, los grandes centros del saber suelen ser impermeables al talento femenino. Y en sexto lugar yo pondría la religión, que no puede seguir siendo impermeable ni a las expectativas ni a la propia espiritualidad de las mujeres. Pondría dos ámbitos más. Uno el deporte, que forma parte del ocio colectivo en una sociedad como la nuestra, y está ejerciendo una barrera contra las mujeres terrible, a las deportistas les cuesta todo muchísimo y ahí hay un ámbito de paridad que no se ha abierto. Y por último, los ejércitos.

— ¿Habla de cuotas por ley, de discriminación positiva?

— Paridad es paridad. No son cuotas ni discriminación positiva. Cuota es que alguien te dé lo que no tienes y paridad es que alguien te dé lo que no te está dando porque no es imparcial. La palabra cuota, que se utilizó por primera vez en las luchas raciales de los sesenta, no es adecuada para hablar de las mujeres. Tampoco discriminación positiva, porque nadie te discrimina positivamente. Queremos paridad, que son mecanismos de imparcialidad.

— ¿Cómo asegurar esa paridad?

— Tiene que estar contemplada y promovida con un anclaje jurídico, porque no lo podemos dejar todo a las interpretaciones. Con el nuevo Gobierno tenemos abierta una ventana de oportunidad, que se puede cerrar, de volver imperativas leyes que eran recomendativas. La Ley de Igualdad debe ser una ley imperativa, como todas, espero que haya tiempo de hacerlo. Una ley no dice ‘se recomendará’, te dice que algo se hará y si no se hace algo pasará. En los últimos gabinetes del PP no han hecho ni caso de la Ley de Igualdad porque no es imperativa.

— ¿Qué mensaje saca de este Gobierno con el mayor número de mujeres de la historia española?

— Tiene dos interpretaciones. Una, la mala por decirlo de alguna manera, es que ellos se están poniendo de perfil, porque bien podría ser que le han ofrecido cosas a personas que han dicho que en estas circunstancias, para tan poco tiempo... Nuestra interpretación, la nuestra con mayúsculas, que es la buena, es que demuestra que si quieres buscar mujeres competentes hay muchísimas. Porque hay que respetar la paridad, por supuesto, pero se podría hacer un Gobierno completo solo de mujeres. Después del 8 de marzo salí a la calle y se respiraba de forma diferente, mejor, pues hoy también [la entrevista se hizo el día que se conoció la composición al completo del Gobierno de Pedro Sánchez].

«Con este Gobierno se demuestra que si quieres buscar mujeres competentes, hay muchísimas»

— Usted es militante feminista desde la época franquista y ha ido a numerosas manifestaciones y participado en muchas luchas con poco apoyo en la calle. ¿Qué sintió, a nivel emocional, el 8 de marzo, con una huelga feminista tan multitudinaria?

— Me voy a remitir a antes, cuando el entonces ministro Gallardón dice que tomará la ley Aído, la derogará y hará otra ley. Ese día tenía una conferencia sobre multiculturalismo en la tertulia feminista de Las Comadres de Gijón, pero solo hablé de cómo podíamos intentar evitar esto. Una semana después nos reunimos con las mujeres de Barredo, en plena cuenca minera. Y dos meses después estábamos en Madrid dentro de lo que llamamos el tren de la libertad. Yo iba allí agarrada a la pancarta con mis comadres, nos bajamos del tren sin saber si éramos cuatro o cuatrocientas, y cuando vi aquello me dije ‘ya está’. Pensé ‘Gallardón, vete haciendo las maletas porque no perteneces ya al mundo que queremos habitar’. Habrá, por supuesto, que trabajar mucho más. No puedo definir en una palabra lo que sentí al verme dentro de aquella maravillosa multitud. Es definir cuando te quedas maravillada, porque esperas que de todo lo que vamos haciendo surjan cosas, y de repente ves que se ha producido aquello que llamaban el salto cualitativo.

— ¿El feminismo ha ganado definitivamente la batalla de las ideas?

— Sí. Por eso ganamos a Gallardón, porque habíamos ganado la batalla de las ideas. Hemos ganado en temas y temas. Se han dicho muchas cosas, que las mujeres no teníamos derechos políticos, que no podíamos ir a la universidad... Esas batallas las ganaron otras mujeres para nosotras, que hemos tenido suerte. Me molesta mucho cuando me dicen como algo positivo ‘fue la primera mujer en...’. Me hubiera encantado ser la quinta, la sexta, la séptima. Cuando te han dado un camino hecho, vemos más.

— En la movilización feminista del 8M hubo personas no destacadas por su lucha por la igualdad desde sus puestos de poder con un lazo violeta en la solapa. ¿Es posible que haya quien se suba al carro del movimiento feminista para que nada cambie?

— Cuando escuché al cardenal Osoro diciendo que la virgen María hubiera hecho la huelga feminista... Cuando algo alcanza tal capacidad no puede desdibujarse, no puede que personas que realmente no lo comparten se lo apropien, son miedos que normalmente van asociados al triunfo de determinadas ideas, el temor a que el banderín de enganche pierda dignidad. Si pensamos que somos parte de la tradición democrática esto no va a pasar, si pensáramos que somos una especie de lobby, sí. Si lo fuéramos y se mete alguien deberíamos tener mucho cuidado sobre qué ideas trae y para qué lo hace, pero si consolidamos sentido común, que es lo que hacemos, es más difícil. No niego que puede haber gente que diga ‘a esto me apunto yo, ¿qué hay que decir?’, pero el feminismo nos compromete tanto emocionalmente, y de una forma tan corpórea incluso, que tiende a ser verdadero cuando se expresa.

— ¿Qué le reclama a la Iglesia católica?

— La Iglesia tiene la obligación de llevar sus posiciones hacia el feminismo corriente. No le voy a pedir que esté a la avanzada, porque en nuestras sociedades la religión es más bien una fuerza de conservación, pero tiene que ponerse en el cuerpo central, no puede permitirse el lujo de ser tan refractaria. Ha de mirar a todas las iglesias reformadas, que van bastante mejor. Estando en la catedral de Zamora vi unos folletos sobre ideología de género, diciendo que era lo peor y me ponían como uno de los principales exponentes, con, entre otras, Simone de Beauvoir, qué lujo... No pueden confundir así, porque el feminismo es una fuerza de avance moral evidente. Tienen que pensárselo mejor y estudiárselo más. Esto lo digo porque entre la ideología de género y la virgen María haciendo la huelga feminista debe haber un lugar en el medio, prudente para la institución.

— ¿Qué postura debe tener el feminismo ante la prostitución?

— El feminismo se pronunció sobre esto muy pronto. El movimiento sufragista del XIX fue abolicionista. Y el feminismo logró las leyes internacionales abolicionistas en los años 50, que no tuvieron efecto ninguno. En el feminismo, en su alma teórica, siempre coexisten el abolicionismo –cómo te va a parecer bien que un cualquiera pueda acceder mediante dinero al cuerpo de una mujer que no lo desea– con un alma redencionista, que expresó siempre muy bien Concepción Arenal, una de nuestras grandes. Tú odias el delito y compadeces al delincuente. Pues lo siento por los proxenetas, pero no son feministas y no son bienvenidos al club. Si hay mujeres que creen que ellas pueden prostituirse, con ellas podemos discutir, con los proxenetas no.

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