Sin rastro de Fernando Guanarteme

05/03/2018

La investigación para localizar y, en su caso, exhumar los restos del último rey indígena de Gran Canaria se ha cerrado sin resultados o, más bien, con un resultado claro: Fernando Guanarteme no está enterrado en la ermita de San Cristóbal de La Laguna, como apuntaba la tradición. Su muerte y su inhumación desaparecieron de la escena archivística del momento.

La búsqueda, por primera vez con método científico, de los restos de Tenesor Semidán, el último rey indígena de Gran Canaria, bautizado por los castellanos como Fernando Guanarteme, está, al menos de momento, cerrada. Ha sido imposible dar con los huesos de un personaje fundamental en la conquista de Canarias.

Pero la investigación no ha sido ni mucho menos un fracaso porque por primera vez ha arrojado luz sobre «un hecho histórico construido sobre una tradición carente de sustento». Buena parte del trabajo llevado a cabo por el equipo de investigadores que ha coordinado el arqueólogo Jorge Onrubia ha consistido en deconstruir ese erróneo conocimiento que se tenía de la muerte e inhumación de Guanarteme en Tenerife.

La construcción de la memoria que señala la ermita de San Cristóbal [no existió hasta 1528], en La Laguna, como el lugar del enterramiento se inició a principios del siglo XX cuando el prócer lagunero Manuel de Ossuna, explica Onrubia, promovió la colocación de una placa en esa capilla, recordando que allí yacían los restos del último guanarteme de Gáldar. Y de ese hilo tiraron para llegar a los únicos documentos que dicen que Fernando Guanarteme murió en Tenerife y que está enterrado en ese lugar. Son la Historia de la siete islas (1687, revisado en 1694), del médico teldense Tomás Arias Marín de Cubas, y el relato Última entrada de los españoles en la conquista, cuya copia más antigua la tenía Ossuna. El primero, dice Onrubia, es de «dudosa credibilidad» y el segundo está claramente influenciado por el entorno de Margarita Fernández Guanarteme, hija del rey de Gáldar.

Es ella la que aporta el único documento «verdaderamente valioso», la prueba testifical que impulsó en 1526 para acreditar que era su única descendiente viva, con testimonios solventes que confirmaban que su padre murió en Tenerife al final de la conquista, por «los trabajos» que pasó, pero no dicen dónde se enterró.

«Y eso es todo lo que encontramos. Ni un solo documento más en el que se nombrara a Fernando Guanarteme, ni vivo, ni muerto», concluye Jorge Onrubia.

Documentos

Jorge Onrubia, que coordinó, por encargo de la Dirección General de Patrimonio Cultural, el Estudio histórico-arqueológico para la localización y exhumación de los restos de Fernando Guanarteme, considera cuanto menos llamativa la «desaparición» del último guanarteme de Gáldar «de las fuentes documentales» de la conquista de Tenerife, en concreto su muerte e inhumación. Pero reconoce que esa época «fue crítica, confusa y de poca información». El rastreo por archivos públicos y privados durante meses les ha permitido, no obstante, concluir de manera «incontrovertible» que participó en la conquista de Tenerife -está en la lista de conquistadores que relató fray Alonso de Espinosa- y que murió (aunque no hay asiento de defunción) a su término, cuando se preparaba para viajar a la península, esto es, entre febrero y mayo de 1496. En ese mes, el adelantado Alonso Fernández de Lugo partió hacia la corte para presentar a los menceyes vencidos y él no estaba en la comitiva. También parece probado que debió ser enterrado «en sagrado y, por su estatus de conquistador, en una iglesia o convento, no en una ermita como la de San Cristóbal». Si no aparece algún documento inédito, aquí acaba la búsqueda de Fernando Guanarteme.