Camino de parar en Estados Unidos

09/07/2019

Ithaisa Viñoly Tavío jugará en la Universidad de Franklin Pierce, donde estudiará becada

Con 3 años ya le daba al balón, con sus primos, provocando más de un quebradero de cabeza a su abuela. Delantera en prebenjamines, lo dejó. De alevín le dijo a su padre, Víctor Viñoly, responsable de la Escuela de Porteros de Lanzarote, que quería probar de portera. Su progenitor, poco conforme, le marcó condiciones, debía prepararse durante meses con vistas a la siguiente temporada y no descuidar los estudios. En medio año, no hubo día en que faltara a la actividad y sacó grandes notas, asumiendo su familia algo que ya Ithaisa Viñoly Tavío tenía claro. Ser portera.

Y no le ha ido nada mal. Al contrario, la cabezonería por guardar porterías le va a servir de pasaporte para estudiar en Estados Unidos, en la Universidad Franklin Pierce, becada. En agosto se desplazará al estado de New Hampshire, con familiares, con vistas a iniciar en septiembre el curso y la temporada futbolística, ya sola. Para Ithaisa, «es un reto y la vida son retos», define con una madurez habitualmente ajena a una persona que acaba de cumplir los 18, «va a ser una experiencia que me va a traer muchas cosas buenas».

Con este optimismo, en su entorno están todos absolutamente convencidos de que sabrá compaginar la carrera de Justicia Criminal con el deporte. Así las cosas, Ithaisa, quien incluso tuvo ocasión de recibir en casa en abril a su entrenador, Jonathan Garbar, tiene claro que «llegado el momento, me gustaría jugar a nivel profesional».

Esta joven, que tiene de referente a Sandra Paños, tras tener ficha con Sporting Tías, Marítima, San Bartolomé y Puerto del Carmen, con 15 años fue reclutada por el Granadilla, llegando a ser la tercera portera del club canario con más solera en la máxima categoría del fútbol femenino en España (Liga Iberdrola). Incluso llegó a estar en varias convocatorias de partidos oficiales. Fue también la guardameta de la selección canaria sub 16 y estuvo en concentraciones del combinado español.

En su primer año jugando en Tenerife captó la atención de ojeadores norteamericanos, junto a seis compañeras, cerrándose entonces un preacuerdo para ser becada, si los cosas no se torcían. Y por fortuna, nada descuadró, incluso tras su fichaje por el Tacuense, en Segunda Nacional. equipo que ahora deja con pena, «porque dejo atrás a una gran familia». A cambio, un futuro esperanzador en América, donde seguirá optando por ir de azul y donde seguirá con sus manías, «entrar al campo con el pie izquierdo y no pisar las líneas».