La gran amenaza de Garajonay

13/11/2017

Una de las grandes amenazas de los parques nacionales son las especies exóticas invasoras. El Parque Nacional de Garajonay es, junto al de las Islas Atlánticas (Galicia) y al de Doñana (Andalucía), donde más especies introducidas se contabilizan de toda España. En Garajonay hay 44 especies introducidas. Se puede actuar sobre nueve de ellas.

La lucha contra las especies invasoras comenzó en Garajonay casi en paralelo a su declaración como Parque Nacional, en 1981. Desde el año 1984 se comenzó a trabajar en el control, erradicación y seguimiento de la Tradescantia fluminensis, una planta rastrera propia de bosques tropicales de Sudamérica que se conoce como oreja de gato o amor de hombre. Las actuaciones se centraron en esta especie, hasta que en 2009 se comenzó a actuar contra la tunera común (Opuntia máxima), que ocupa 7,3 hectáreas del parque.

Estas dos especies no son, sin embargo, las únicas invasoras que amenazan la flora autóctona del que está considerado como la mejor representación del bosque de laurisilva de las islas atlánticas. Los datos preliminares del proyecto Biocambio, desarrollado por el Instituto Pirenaico de Ecología (del CSIC), y el Grupo Especialista en Invasiones Biológicas (GEIB) arrojan que el Parque Nacional de Garajonay está colonizado por 44 especies invasoras exóticas, lo que lo sitúa entre los tres primeros del país más amenazado, junto con el Parque Nacional de las Islas Atlánticas, donde se han contabilizado 63, y el de Doñana, donde hay 59.

La última actualización del Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras reconoce un total de 45 especies introducidas en Canarias, frente a las 309 especies vegetales introducidas que se comportan como exóticas que recoge el Banco de Datos de Biodiversidad de Canarias (Biota), de las que 133 están en el parque y 31 son exóticas invasoras.

Cruzando ambos listados, el Parque Nacional de Garajonay solo puede actuar sobre nueve especies vegetales invasoras exóticas, que son las que están en el catálogo español y, por tanto, las únicas a las que la administración competente -el propio parque- puede aplicar medidas de prevención, control y gestión.

Esas especies son, además de la tunera común y la oreja de gato, el rabo de gato, la caña, el flechilla, el matoespuma y el matoespuma fino, la pitera y la acacia.

El grado de ocupación de estas especies va desde las 7,3 hectáreas de la tunera común y las 3,2 hectáreas de la oreja de gato, a superficies muchísimo menos significativas el resto, de ahí que desde el Parque Nacional se hayan priorizado las acciones de control sobre aquellas dos. Y aún así, ninguna se ha logrado erradicar con ninguno de los métodos que se utilizan.

La investigadora del CSIC en el proyecto Biocambio, Belinda Gallardo, ponía el acento hace unas semanas en la necesidad de establecer mecanismos para prevenir la entrada de especies invasoras exóticas porque «una vez establecidas en el nuevo espacio natural son muy difíciles de erradicar, casi imposible». Más pesimista es el ecólogo de la ULL, José María Fernández-Palacios, en relación a los planes de control porque, según dice, «la lucha solo se lleva a cabo cuando los parques nacionales tienen presupuesto, sino, se abandona», sentencia.