Patrimonio industrial

Hermigua se olvida de su pescante

03/02/2018

El pescante de Hermigua ve avanzar su segundo siglo sin más atención que la que despierta en los turistas, ávidos por conocer qué son las cuatro columnas que se levantan bajo el descomunal risco. Aún queda quién les explique qué son y qué fueron para el pueblo, pero no futuro. La memoria se pierde ahí, en la eterna obra de la carretera y las piscinas.

El pescante de Hermigua parece que se ha convertido solo en un nombre. Con él se rebautizó, con el devenir de los años a El Peñón, porque cuando el pescante se empezó a construir allí, en 1907, y tras su inauguración, en 1908, era el pescante de El Peñón. Medio siglo de actividad imparable da para mucho y al final el pescante de El Peñón acabó siendo el pescante y luego el pescante de Hermigua. Todavía conserva ese nombre, pero la memoria de aquellas cuatro columnas parece diluirse y ahora, 110 años después de que fueran el motor del desarrollo de Hermigua, ya son simplemente la «zona de baño de El Pescante».

Poder llegar nuevamente a las piscinas seminaturales formadas en el entorno del pescante se ha convertido en el proyecto estrella de los gobiernos municipales de la última década, el tiempo que ha transcurrido desde que el acceso a la zona se cerrara al tráfico rodado y, en teoría, se prohibiera el baño por razones de seguridad.

Pero ninguno de esos gobiernos, dice el historiador y cronista oficial de Hermigua, Ricardo Valeriano, se ha planteado siquiera «poner en valor el pescante», una infraestructura que forma parte del patrimonio industrial de La Gomera y de Canarias.

Todos los esfuerzos políticos se han centrado en obtener financiación para asegurar el inestable talud por el que se abrió la carretera, una obra faraónica que ya se ha comido miles y miles de euros. La primera fase, consistente en ampliar la vía de acceso, justo hasta la barrera que prohibe el llegar al pescante, está concluida. Costó 400.000 euros. En los presupuestos de la Comunidad Autónoma de 2016 había una partida de 250.000 euros para la segunda fase del acceso y la red de protección y 100.000 euros adicionales en 2017. Nunca se invirtieron. Este jueves, la Consejería de Turismo anunciaba que destinará 249.992 euros a esa segunda fase y que en dos meses estará adjudicada. La obra supera con creces el millón de euros y ha sido adjudicada y en distintas ocasiones sin que -salvo la primera fase- se haya ejecutado.

Hermigua se olvida de su pescante

Rehabilitar la zona de baño y mejorar el acceso no está reñido, dice Ricardo Valeriano, con «sacar del olvido al pescante y lo que significó para Hermigua», sin embargo, cree que se ha desperdiciado mucho tiempo y mucho dinero con una perspectiva «algo desenfocada».

A su juicio, el atractivo turístico de la zona es indiscutible y bien merece volver a darle uso, pero propone ir más allá y recuperar la perspectiva histórica de una infraestructura que fue vital para el desarrollo económico de Hermigua. A su juicio, lo idóneo sería crear un centro de interpretación en el que se diera a conocer el papel histórico que jugó.

Valeriano, que es autor, entre otros trabajos, del libro La memoria de un pueblo. Historia de Hermigua a través de las actas municipales (1890-1975), publicado en 2014, no pierde ocasión para recordar que en 1907, cuando se comenzó a construir, el pescante era «una infraestructura moderna y funcional», pensada para dar salida a la producción agrícola del Valle, plátanos y el tomates fundamentalmente. La apertura de la carretera en los años 40 y luego la construcción del muelle de San Sebastián acabó de dejarla en desuso.

Además de los bloques de hormigón, tenía una gran estructura de hierro, con un motor de vapor que movía el remolque. Al lado había un almacén donde se mantenían los productos hasta su embarque, la oficina de registro y una cinta transportadora.

Hoy quedan las cuatro columnas que han resistido 110 años al embate del mar y, junto a ellas, la «zona de baño de El Pescante».

Hermigua se olvida de su pescante

Un reciente estudio concluye que los cuatro prismas cuadrangulares que un día soportaron una gran estructura de hierro están en perfecto estado. Se estima que fueron fabricados a base de piedras encajadas y unidas con un mortero en diferentes etapas. Los tres primeros bloques son de una época anterior al cuarto que, según la doctora en Historia de la ULL, Gloria Díaz Padilla, forma parte de una última ampliación del pescante promovida en los años 20 por la Sociedad La Unión, promotora de la infraestructura inicial, que incluía otros dos prismas más que, a juicio de Ángel Hernández Fagundo, se hubieran cimentado aprovechando una baja que aflora a partir del cuarto prisma mar adentro. Sobre ellos iría un brazo de 150 metros, cuatro veces mayor que el primer pescante. El pescante construido entre 1907 y 1908 costó 110.000 pesetas que pusieron los socios de La Unión. En La Gomera hay otros dos pescantes coetáneos, el de Agulo y el de Vallermoso.