Vidas dedicadas a servir a los demás

07/06/2018

Tras décadas en la Guardia Civil José Ruiz, Vicente Hormiga y Francisco Reboso recuerdan su paso por la Benemérita con motivo de la exposición dedicada al cuerpo en Arucas.

Carlos S. Beltrán Las Palmas de Gran Canaria

La Casa de la Cultura de Arucas, acoge de lunes a viernes de 09.00 a 14.00 horas, una exposición con motivo del 174 aniversario de la creación de la Guardia Civil, organizada conjuntamente por el Ayuntamiento de Arucas y la Comandancia de la Guardia Civil en Las Palmas, con el impulso de Concejalía de Patrimonio Histórico, que dirige Manuel Rodríguez Santana y de la Asociación de Retirados de la Guardia Civil. Un repaso por la historia de una institución que no llegó a la ciudad norteña hasta 1903 y que desde entonces ha contado con siete cuarteles distintos, evidenciando la evolución del cuerpo en los 121 años de presencia en Arucas. José Ruiz, Vicente Hormiga y Francisco Reboso representan a tres promociones distintas de agentes de la Guardia Civil con el nexo en común de su vocación por servir a los demás y de ser testigos de primera mano de la evolución y de los cambios que ha vivido el cuerpo y que se pueden disfrutar en la exposición.

«En mi caso entré por vocación. Sin quererlo me crié en la casa cuartel de Teror. Mi tío era Guardia Civil y todos los fines de semana íbamos a Teror. Cuando era pequeño e iba con mi padre en el coche me llamaba mucho la atención en el cruce de Teror, donde está ahora la casa cuartel, veía a una pareja de la Guardia Civil con la capa y cuando pasaba me infundían respeto, y eso que iba a la casa cuartel», rememora Francisco Reboso. Él pertenece a la promoción de 1979.

Vicente Hormiga entró en el cuerpo tras llegar de Guinea Ecuatorial. Formó parte de la promoción de 1968. «Vine de marino procedente de Guinea. En la Comandancia de Marina estaba Pascual Calabuig de secretario, a su vez era el portero de la UD Las Palmas, y me preguntó si me gustaba la vida militar, cosa que sí porque procedo de familia militar. Él me preparó la documentación para presentarme», explica. Una vocación por servir que también comparte José Ruiz, perteneciente a la promoción de 1963. «Desde niño soñaba con la Guardia Civil», afirma.

Los tres veteranos recuerdan su paso por el cuerpo que ha marcado sus vidas y la de sus familias, movidos por la vocación de servir a los demás cumpliendo con su deber. Son historia viva de una institución que a Arucas en 1903 con la inauguración de su primer cuartel en la calle Cerrillo.

Corría el año 1977 cuando José Ruiz llegó destinado a Arucas, cuando la democracia daba sus primeros pasos. «Cuando llegué a Arucas había un sargento, un cabo, un guardia primero y cuatro guardias segundos. Estaba de cabo primero y hacía de comandante accidental del puesto, así estuve ocho o diez años. Éramos siete, con el inconveniente de que estaba empezando la democracia y que había cierta confusión porque todo el mundo tenía derechos pero no se hablaba nunca de obligaciones», recuerda el que fuera sargento durante 20 años en la Ciudad de las Flores. En aquella época la demarcación que tenían bajo su asignación abarcaba Arucas, Moya y Firgas, ahora solo cubre Arucas y Firgas. «Cuando yo estaba había hasta intervención de armas. Con 2.500 escopetas, más el armamento de la policía local de los tres términos municipales, más las de los vigilantes jurados, de la demarcación y registro de llamadas. Hacíamos de todo. Yo hice una especialidad la de romper botas», destaca con humor.

Y es que una de las evoluciones del cuerpo en las últimas décadas ha sido la creación de especialidades, desde el Servicio Rural, el Cinológico o el Tedax. «El trabajo está ahora más repartido, hay menos horas de trabajo y hay muchas especialidades. Hay más trabajo porque ha ido creciendo», explica Reboso.

Una especialización que abre el abanico de oportunidades para los nuevos agentes del cuerpo. «Ahora si superan los seis meses en la academia salen formados y luego cogen una especialidad», subraya Reboso.

Mantenía un contacto directo con el juez, al no existir en aquella época la Policía Judicial de la Guardia Civil. «Me llamaba el juez cada día dos o tres veces, no podía decirle que no», añade.

Si en algo coinciden los tres es en el tiempo robado a su familia en beneficio de su vocación. «Estoy casado con una hija del cuerpo y gracias a que me cruce con ella, porque si no, no habría aguantado. No había playa, fin de año, fiestas u ocio en familia», explica Ruiz. «Estaba las 24 horas. Primero era el deber, dejabas todo lo que había por cumplir», sostiene Hormiga.

Una vez retirados disfrutan del tiempo con los suyos con el honor de haber cumplido con su vocación de servicio. «A mis hijas nunca les crié ni les quité un pañal. Ahora estoy criando a mis nietas», añade Reboso.