Un comando rojo para el santo

11/03/2018

Es historia, o leyenda, transmitida de generación en generación, que la iglesia de San Gregorio estuvo a punto de ser quemada momentos después del golpe de Estado de 1936. La tradición dice, de hecho, que el agujero junto al patrón en el altar fue fruto de un balazo mal tirado. La versión oficial siempre contó que la agresión fue republicana. ¿Y si no fue así? Hay otra que afirma que fue rojo el comando que salvó al templo.

Telde

Esta segunda versión de los hechos ha calado poco, quizás porque se hace raro que fueran republicanos, muy críticos entonces con la iglesia, los que protegieron la iglesia, y con ella, al patrón. Pero es al menos la que contó de viva voz y a cara descubierta el que fuera presidente de la Sociedad de Trabajadores de la Comarca Sur, con sede en Telde, José Collado, en una entrevista concedida al periodista Diego Talavera y publicada en el Diario de Las Palmas el 13 de marzo de 1976. Le habló de que fue un comando rojo formado por «Francisco Pérez Betancor, Francisco Ascanio y un tal Crispín» el encargado de proteger el templo de un grupo de falangistas de San Juan. Cuenta Collado, que lideró aquel breve episodio de resistencia civil, apenas unas horas del 19 de julio, que los ubicó en «lugares estratégicos» alrededor de la iglesia.

Esta versión roja del intento de quemar la iglesia del entonces barrio obrero de Telde la rescata del ostracismo al que la condenó la historia oficial, y de su propia hemeroteca casera, un sobrino de uno de los integrantes de aquel comando, Juan Pedro Pérez, que lleva muy a gala la corta historia, y la valentía, de su tío paterno Francisco Pérez, conocido en el mundo obrero de aquella época como Timimi, su nombre de guerra.

«En casa apenas se hablaba de estas cosas, era tabú en plena dictadura franquista, pero sí que escuchamos la historia de que los republicanos salvaron la iglesia de un grupo de falangistas de San Juan, que la intentaron quemar para culpar a los rojos y tener así una excusa para apresarlos», rememora Juan Pedro Pérez, líder vecinal de Ojos de Garza.

No tiene más pruebas que la tradición oral, pero a favor de esta versión está el hecho histórico de que en los inicios del golpe de Estado, que luego terminó en guerra civil, hubo un grupo de republicanos que se hicieron fuertes en Los Llanos. Siendo así, de haberlo querido, habrían destrozado el templo. Lo cierto es que repelieron ataques falangistas hasta que la simple noticia de que venían en camino, por la tarde, tres camiones con guardias civiles y militares para aplacarlos, les hizo huir. Francisco Pérez se marchó voluntario a la guerra, a la península. Collado estuvo siete años escondido en cuevas.