Tres hermanos en dos bandos

01/04/2019

José, Tomás y Lucas Arencibia Gil lucharon en la Guerra Civil, el primero a favor de la República y los otros dos, con los nacionales. Lo supieron después, pero se enfrentaron en la batalla de Brunete

La familia Arencibia Gil ha dado pintores, escultores, maestros, políticos, deportistas, músicos y hasta nombres a calles e institutos. Su contribución a la sociedad de Telde y a la de la isla es fecunda. Pero el IES Lomo de la Herradura le ha descubierto una veta desconocida: la de servir de testimonio de la memoria histórica de la Guerra Civil en el seno de una familia. Tres de los hermanos Arencibia Gil, José, Tomás y Lucas lucharon en aquella contienda, el primero en el bando republicano y los otros dos en el nacional, y coincidieron, sin saberlo, en una batalla, la de Brunete, solo que a ambos lados del frente.

Heriberto Báez, profesor de Historia en este instituto, ha organizado las I Jornadas de Memoria Histórica IES Lomo de la Herradura, desde hoy hasta el miércoles, y ha invitado al actual concejal de Aguas y Alumbrado, Agustín Arencibia, licenciado en Geografía e Historia por la ULPGC e hijo de Lucas, uno de los tres hermanos que fue a la guerra, para que cuente cómo vivió la familia aquel drama. Relatará anécdotas.

A José Arencibia, reconocido artista cuyo legado pervive en iglesias como la de Artenara o Santa Lucía de Tirajana, el alzamiento le pilló mientras bajaba en tren de Madrid a Cádiz. Estudiaba en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. A Lucas y a Tomás les cogió en Gran Canaria. El primero llevaba dos años en Londres estudiando perito mercantil, pero el 18 de julio veraneaba en su isla. Tomás no quiso estudiar y gestionaba los pozos de la familia.

De José no se supo nada hasta que acabó la contienda. Y Tomás y Lucas se marcharon a la península porque se alistaron voluntarios. Querían luchar por la causa que lideraba Francisco Franco. Lucas estuvo sobre todo en el frente de Madrid. Su base, recuerda ahora su hijo, era el antiguo hospital Gómez Ulla. Por lo que contaron después, coincidieron en la batalla de Brunete. Pero eso fue tras descubrir dónde estaba José, que tras la guerra acabó preso en una cárcel de Valencia. Su padre y los hermanos Tomás y Lucas usaron su ejemplo en favor de la causa para interceder luego por él y liberarlo.

Según Arencibia, entre las anécdotas que contó su padre, recuerda la del pozo cercano al frente del que estuvieron semanas cogiendo agua. Les sabía extraño. Tanto, que llamaban a lo que de allí sacaban caldo pichón. Hasta que un día supieron por qué. Fueron a por agua y les salió el miembro amputado de un cadáver. Un tiempo les duró el asco. El otro pozo les quedaba muy lejos y volvieron al caldo de muerto. Por lo general, los tres contaron experiencias muy duras (hambre, meses sin bañarse...), pero la única herida de guerra la sufrió Lucas y no fue de bala, sino de una rata. Montaba guardia nocturna frente a unos hangares. El silencio lo rompía un ensordecedor batiburrillo de chillidos de roedores. Le picó la curiosidad y le dio por entrar con un candil o similar. Asustadas por la luz, se le tiraron encima y una se le subió por debajo del pantalón. Le desgarró la piel a jirones. Y otra vez pisó a oscuras los restos de una cabeza cuando acudió a socorrer a posibles heridos tras la explosión de un polvorín. Ese sonido se le quedó tan grabado, que años después, en un paseo por la plaza de San Juan junto a su mujer, le dio fatigas cuando pisó unas de esas bolitas que caen de los laureles de Indias. Su crujido le remontó a la guerra.

Pero la contienda también les deparó un acontecimiento feliz. Las mujeres que no iban al frente hacían de madrinas de guerra. Se carteaban con los soldados para darles ánimo. Eso hizo otra Arencibia Gil, Lola. Se escribió con un piloto italiano del que perdió todo contacto en mitad del conflicto. En un combate cayó herido, lo repatriaron, se enamoró de una enfermera italiana, pero enviudó al poco con dos hijos. Buscó a Lola, pero ya había rehecho su vida y le propuso intentarlo con otra hermana. Así fue como Saro Rapisarda se hizo un canario más y formó junto a María una nueva familia.