Stephen Boateng clama por las administraciones tras sufrir un ictus

«Para el sistema no valgo nada»

26/12/2017

«He trabajado, he cotizado, pero para ellos no valgo nada», consigue decir Stephen Boateng. Siente que las administraciones le han abandonado cuando más las necesitaba. Tras sufrir un ictus con solo 56 años, necesita ayuda porque le cuesta valerse por si mismo, pero le han dado el alta del hospital sin tenerla. No le ofrecen alternativas.

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Gracias a la solidaridad de sus vecinos consigue estos días comer y hacer las tareas cotidianas. No es por falta de dinero, sino de recursos. «Quiero alguien que me ayude», dice en un español que le ahora le cuesta. Hablaba perfectamente el idioma, pero tras sufrir el ictus hace casi un año no encuentra las palabras. Solo recuerda el inglés que aprendió de niño. La memoria le juega malas pasadas, al igual que su cuerpo, paralizado en el lado derecho. Llegó a Canarias procedente de Ghana, donde nació, hace casi 20 años y hasta que enfermó estaba trabajando en un hotel del sur. Tiene nacionalidad española, pero le falta el apoyo familiar. Nunca pensó que el desamparo en el que se encuentra le iba a pasar a él, explica, pero las administraciones no ofrecen alternativas para personas como él.

Tras pasar varios meses ingresados en el Hospital Insular y en una clínica concertada, el sistema sanitario entendió que ya no era necesario. El pasado 14 de diciembre, intentaron dejarlo en la casa de su exmujer, con la que tiene cuatro hijos, la mayoría menores, pero ella no pudo hacerse cargo y terminaron llevándolo a la casa que tiene alquilada. Lo dejaron solo, a las once de la noche, sin avisar a nadie, con la nevera vacía y sin ayuda, explica el hijo del casero, que es quien está moviendo cielo y tierra por él. Al día siguiente una asistente social acudió a conocer su caso y le recomendó que volviera a Urgencias. Allí estuvo hasta el pasado jueves, cuando al ser derivado a un centro privado que no quiso acogerlo le dieron el alta. Según explican los allegados, le hicieron firmar un alta voluntaria y llamaron a la Policía para obligarle a que se fuera. Tuvo que coger una guagua y luego un taxi para llegar a la vivienda, porque la ambulancia no le llevó. Los vecinos lo encontraron a la entrada de la finca porque no tenía la llave, ya de noche y apenas con ropa pese al frío. Ni siquiera tiene medicinas ni un tratamiento que seguir. Ahora no quiere volver al hospital después del trato que recibió, pero ni siquiera le dan una plaza en un centro, porque no hay. Está en desamparo pese a haber cotizado durante años. «No pueden dejarlo morir aquí, esto es abandono», asegura el hijo del casero.