50 años de letras contra viento y marea

07/10/2019

La Librería Cruz celebró en septiembre un cumpleaños redondo al que llega tras superar un sin fin de obstáculos. Un local en San Juan, otro en Las Remudas y cuatro en San Gregorio resumen la vida de esta empresa señera en la ciudad

ETIQUETAS:

En plena Avenida de la Constitución, en el número 47, se encuentra el último resquicio de una librería que fuera pionera en lo suyo gracias a la visión de Mauricio Cruz, su fundador hace 50 años. «De pequeño ayudaba a mi padre en su librería. Vendíamos tomos de lectura, revistas, enciclopedias... Pero no tenía libros de texto porque había que pedirlos a la península», rememora el empresario teldense, que vio ahí el filón. A Mauricio el estar estudiando en La Laguna y contar solo con 18 años no le supuso un impedimento para dejar aflorar su espíritu emprendedor. Abrió su primera Librería Cruz frente al IES José Arencibia Gil, y el éxito fue inmediato. «Fui el primer que empezó a traer libros de texto. Me reunía con los profesores para ver que iban a pedir y facilitar la tarea a los padres. Me especialicé en material escolar y la gente venía de todo el municipio a la tienda», detalla Cruz.

Ese fue el primer paso de una intensa aventura que le llevaría a la apertura de más sedes en San Gregorio y en Las Remudas. «La primera librería que abrí en los Llanos fue en un cuartito pequeño en el que apenas cabían dos estanterías y una persona. Yo plantaba el coche delante y lo llenaba de libros, así ampliaba un poco el espacio», relata descubriendo las triquiñuelas que solo a una mente inquieta como la suya se le podrían ocurrir. Su aventura fuera del centro de Telde no le iría tan bien por culpa de los robos, un problema que le acompañaría en la mayor parte de su recorrido. «Duré dos años en Las Remudas porque atracaban la tienda de manera constante. Mínimo tres veces por semana. El comisario jefe de policía terminó diciéndome que no iban a poder resolver el problema porque apenas contaban con medios», cuenta Mauricio, que había detectado en ese barrio una oportunidad de oro con la apertura de un Centro de Formación Profesional. Sin embargo, el ingenio de los ladrones dinamitaron sus sueños de expansión. «Llamaban a la policía diciendo que se estaba produciendo un robo en Jinámar, y aprovechaban que iban a comprobarlo para entrar en mi tienda», explica.

La ampliación del negocio continuó en San Gregorio. Cerró el pequeño establecimiento que tenía en la avenida de la Constitución y fue abriendo otras sedes en las inmediaciones. Primero detrás la iglesia de los Llanos, después en la calle Ruiz y, por último, el actual, también en la avenida de la Constitución, que además llegó a conectar con el de la calle Ruiz. Una evolución que no fue nada sencilla por los problemas con los que tuvo que lidiar, porque aparte de los robos, que se siguieron sucediendo, las autoridades apenas le dejaron respirar. «Estoy seguro de que soy el empresario de Telde con más multas de la ciudad por aparcar y descargar libros en la puerta de la librería», afirma un indignado Mauricio Cruz, que recuerda, entre otras anécdotas, una trifulca con un policía que aún no se ha resuelto. «Aunque tenía licencia, el agente hizo que la grúa se llevase mi coche por haberme detenido en el carga y descarga para bajar material. Le dije al policía que si estaba ciego y me obligó a pagar el enganche. Al final terminó abonando los 50 euros Diego Bossa –otro empresario de la zona–, al que le devolví posteriormente el dinero. Luego fui a poner la denuncia y a día de hoy no me han devuelto los dichosos 50 euros», relata haciendo patente la persecución que sufría.

50 años de letras contra viento y marea

Estas continuas multas han tenido parte de culpa de la delicada situación que vive en la actualidad la Librería Cruz. «Por primera vez en 49 años, los seis primeros meses de 2019 el negocio ha dado pérdidas», reconoce su fundador y propietario. Culpa, además, a la proliferación de comercios chinos, los problemas de aparcamiento que existe en el barrio y la nueva política de los colegios que permiten que los propios profesores vendan sus libros. «La nueva directora del María Auxiliadora –colegio que se encuentra a apenas 100 metros de la librería- se reunió con los padres para decirles que ella tenía una distribuidora en Andalucía y que les salía más barato y evitaban colas si compraban los libros allí», pone como ejemplo Cruz. «Intenté reunirme con ella, pero no quiso recibirme», amplía enfadado. Tampoco le ha sido fácil hacer frente al auge de los libros electrónicos y las tabletas, que poco a poco han ido ganándole terreno a los ejemplares de papel.

Un cúmulo de circunstancias que deja en el aire el futuro de uno de los puntos más emblemáticos de la ciudad. «A final de año me reuniré con mi contable para decidir si sale rentable continuar. En caso contrario pondré a liquidar en 2020 la librería», sentencia con determinación un Gregorio Cruz que lleva medio siglo peleando por su negocio, pero que a sus 68 primaveras podría verse obligado a decir adiós a la que ha sido toda su vida. La crisis, las multas, los chinos, los aparcamientos y las nuevas tecnologías están a punto de acabar con 50 años de letras que han luchado contra viento y marea.