Temisas cambia el pico por los tractores

14/11/2017

Hace nada, apenas 50 años, Temisas era un pueblo olvidado y abandonado. Un cura joven, entonces un rebelde, Antonio Cerpa, les hizo tomar conciencia como pueblo y la carretera al cementerio se convirtió en símbolo de aquel sueño. La hicieron a pico y pala. Los tiempos han cambiado y el Cabildo invierte ahora 650.000 euros en arreglarla.

Agüimes

Temisas ha cambiado el pico y la pala por los tractores; el sacrificio de un pueblo, niños y mujeres incluidos, por los operarios de una constructora; la voluntad de perseguir un sueño por un plan de obras pactado entre el Cabildo y el Ayuntamiento. La obra que hoy ejecuta Surhisa para reparar y poner al día, con financiación pública, la carretera que une el casco del pago con su camposanto pone sobre la mesa la evolución y el desarrollo de un país que entre 1968 y 1971 obligó a todo un pueblo, el temisero, a buscarse la vida para dotarse de derechos, infraestructuras y servicios que entonces nadie, o casi nadie, le reconocía.

Temisas fue el primer destino real como sacerdote de Antonio Cerpa, en 1968, y enseguida se dio cuenta del abandono al que estaban sometidos sus habitantes, tan cerca, 10 kilómetros, pero tan lejos de Agüimes, el resto del mundo. Así que después de las misas aprovechaba para reunirlos en asamblea y les invitaba a debatir sobre los problemas que afectaban al pueblo. Se fue gestando un movimiento de desarrollo comunitario que tuvo como expresión más simbólica la construcción de la carretera al cementerio. Lo tenían en el barrio desde 1929.

«Era un camino de cabras, o quizás peor; cuando enterrábamos a un vecino, lo llevábamos a hombros desde la iglesia, y hasta el cementerio son 700 metros, si no más, durante los que nos veíamos saltando piedras», recuerda Miguel Jiménez, hoy edil de Mediación Vecinal, entonces con 21 o 22 años. Así que un día, en una de aquellas asambleas en la ermita, un vecino, entrecortado, propuso arreglar la carretera del cementerio. Es curioso. Con la de problemas que debía sufrir aquel pueblo, y Temisas optó por dar prioridad a ese camino. Tiempo después, Cerpa, en su libro La dignidad conquistada. Memoria de una lucha contra el abandono y las injusticias. Temisas 1968-1971, vinculó aquella decisión con «el misterioso mundo de las emociones», con «ese componente atávico del alma humana» que liga al hombre «con la vida y la muerte».

«A toque de campana, los sábados nos juntábamos a primera hora, y todos, niños, mujeres, ancianos, cogíamos herramientas de casa y nos poníamos a cavar, a cargas piedras...». Miguel cree que así estuvieron un año. Hasta que la acabaron. «De todas las obras que emprendimos en aquellos años, fue el símbolo de nuestro sueño comunitario, el que aunó todas las voluntades, el que propició que un día plantáramos cara al poder», rememoró en su libro Cerpa, al que, por cierto, la iglesia castigó en 1971 sacándolo de Temisas y no dándole destino. No tardó en dejar el sacerdocio.

A finales de los 80 el Iryda asfaltó la carretera, con proyecto del que fue alcalde capitalino, Manuel Bermejo, y ahora el Cabildo le da el toque definitivo.