«Santa Ana nace con un mensaje político»

27/06/2019

Alfredo Herrera Piqué documenta en ‘La Plaza Mayor Institucional de Las Palmas’ los orígenes de un enclave que a lo largo de cinco siglos ha sido el catalizador de los poderes políticos y eclesiásticos que han gobernado la capital de la isla.

Alfredo Herrera Piqué y su vocación memorística documenta en La Plaza Mayor Institucional de Las Palmas los cinco siglos en los que la plaza de Santa Ana ha servido como espacio conector del poder y el gobierno en Las Palmas de Gran Canaria. «Santa Ana nace con un mensaje político», refiere el autor de la publicación que ayer se presentó en las Casas Consistoriales de la capital de la isla.

Herrera Piqué destaca en su estudio que Santa Ana es el lugar en el que desde sus orígenes «se produce la concurrencia entre el poder político y el religioso en un solo recinto. En ese espacio concreto se concentraron en origen el Obispado, el Ayuntamiento y la Catedral. Mientras que unos años después se situó allí también la Real Audiencia de Canarias».

Además, remarca que así se cumplía con aquel precepto de los Reyes Católicos que hablaba de «autoridad, orden y paz. Esa concentración tiene un claro mensaje político que es más que perceptible», asevera.

Esa «estructura del poder» diseñada antes de los tiempos de las tramas urbanas tiene su orden fecunda en la corona. «La plaza nace del durante el mandato de los Reyes Católicos. En la reorganización de la monarquía que llevaron a cabo y en su modelo territorial se ordenaba que la autoridad real del momento fueron representadas por las casas de concejo, por orden de la Corte de Toledo en 1480. Eso coincide con el momento en el que el obispo Muro ordena la construcción de la catedral en Santa Ana, aunque ya existía otra catedral entonces en Las Palmas de Gran Canaria», subraya el autor.

Exsenador y consejero de Cultura del Gobierno de Canarias, Herrera Piqué resalta que «esa concentración del poder en un lugar que no estaba integrado en la trama urbana, ni la articulaba en forma alguna, sino que desembocaba en el barranco desde lo que hoy es Obispo Codina sigue siendo un lugar donde se aglutinan esa estructura política y religiosa».

El antecedente

Alfredo Herrera Piqué asegura que en su texto no pretende embarcarse en disquisiciones arquitectónicas, más bien pretende documentar y explicar los avatares políticos que se han escenificado en Santa Ana a lo largo de cinco siglos.

Lo que sí destaca es que «la plaza mayor institucional de Las Palmas de Gran Canaria es «el primer espacio diseñado para una concentración del poder que se da en todo el Atlántico, antecedente claro de lo que con los años fue sucediendo en toda la América hispana».

En esa línea profundiza el historiador y ensayista, aunque no se atreve a ser muy categórico para afirmar si la de la capital de la isla fue base para planteamientos posteriores a otro lado del Atlántico. «Modelos similares se encuentra en Perú, en Lima, por ejemplo. Pero no tengo las prueba que demuestren que están inspiradas en la de Las Palmas de Gran Canaria. Pero lo que sí tengo muy claro es que está fue un antecedente, que tiene respuestas similares en el Nuevo Mundo. La diferencia es que en esos países la concepción de este espacio sirvió posteriormente para desarrollar el trazado urbano en las ciudades, algo que por sus características no fue posible en la de Las Palmas de Gran Canaria», subrayó.

Al respecto del planteamiento original que supuso la concepción de la plaza de Santa Ana en Las Palmas de Gran Canaria, Herrera Piqué resalta que «en la península no había plazas de este tipo. Eran diferentes, eran plazas de mercado sobre las que se iba desarrollando la instalación de los poderes locales».

Ese es el planteamiento que quiere trasladar el autor del libro. Explicar cómo la plaza de Santa Ana ha sido durante más de quinientos años un espacio de poder y decisiones que ha influido directamente sobre los ciudadanos de Las Palmas de Gran Canaria. Un espacio simbólico que representa, en una distribución única, como hace cinco siglos el poder se articulaba y se ejercía en la capital de la isla con la plaza como mando.