«Por aquí no bajan ni los burros»

22/01/2019

No aspiran ni a tener asfalto, se conforman con que el Ayuntamiento les ponga una carretera de cemento para que puedan llegar a sus casas las ambulancias, los taxis y la compra del supermercado. En Salto del Negro, unas cuarenta familias esperan que les arreglen sus calles, meras heridas abiertas en la ladera.

Todos tienen más de una experiencia relacionada con el mal estado de sus calles. «Bastante sufrí yo, llorando al teléfono para que la ambulancia llegara hasta mi casa», explica Soledad Santiago, «murió mi marido hace un año y la ambulancia no entró». El mal estado de las carreteras de tierra, excavadas en plena ladera de Salto del Negro, impide que los vecinos de calles como Pinar del Río, Puebla, Potosí o Monterrey puedan tener una vida normal.

Sus casas fueron construidas en plena ladera, como el resto del barrio, pero las demás calles fueron asfaltadas. Las suyas no. «Estábamos antes de que tiraran el viejo túnel de La Laja o de que hicieran la cárcel», recuerda Rafael García. «La subida a la cárcel la asfaltaron cuando construyeron la prisión», detalla, «primero un carril y luego el otro». Pero sus viviendas quedaron al margen.

Tampoco entran la mayoría de los taxis, ni los supermercados les llevan la compra hasta la puerta de sus casas terreras, ni los camiones de agua, ni el panadero, ni los del gas. «Te dejan la bombona arriba y tienes que cargar con ella», explica otro de los vecinos afectados, Víctor Javier García.

Estiman que son unas cuarenta las familias que se encuentran en esta situación. Para ellas, cualquier gesto cotidiano es un engorro: los mayores no pueden pasear y los coches sufren a diario el tránsito por el pedregal que conduce a sus viviendas. «Cambiamos las ruedas cada tres meses y cuando vamos a la ITV rezamos porque los neumáticos están gastados y los amortiguadores sufren», añade Yurena Perdomo.

Ramón García, otro de los afectados, lo resume todo con una frase: «Por aquí no bajan ni los burros».

Sin inversión

Los vecinos lamentan que la promesa de inversiones en mejoras en el barrio, hecha por el alcalde de la ciudad, Augusto Hidalgo, hace unos meses se haya materializado solo en la parte baja de Salto del Negro y no haya llegado hasta la puerta de sus viviendas. «La contribución sí la cobran y si no la pagas, te embargan», se quejan, «aquí pagamos hasta 550 euros de IBI pero no tenemos calle, ni alcantarillado, y hay luz porque nosotros pagamos los metros de cable necesarios para que pusieran las farolas».

No piden que se les asfalte. Se conforman con que el Ayuntamiento les ponga una capa de cemento por la que las personas puedan caminar sin doblarse los tobillos o tropezarse, y que los coches no sufran tanto. Pero sobre todo, para que cuando llueve, puedan transitar con seguridad. «Debería llover como antes para que toda la basura que hay en el barranco acabe en la MetroGuagua, que se gastan el dinero donde no deben», sentencia García.

El Ayuntamiento les promete un firme provisional de zahorra

La concejala de Fomento del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, Inmaculada Medina, anunció ayer que se va a aplicar una capa de zahorra para generar un firme que facilite los desplazamientos de los vecinos de esta parte de Salto del Negro.

Hasta ahora, el Consistorio capitalino estaba aplicando esta solución solo en la calle Monterrey porque allí viven dos vecinos con problemas de salud y de movilidad.

Sin embargo, ahora el grupo de gobierno ha decidido extender esta medida «al resto de las calles», entre las que se encuentran Pinar del Río, Puebla y Potosí.

«Estas calles están dentro de un espacio natural protegido pero están incluidas en un plan especial cuya redacción está culminando en estos momentos el servicio de Urbanismo», indicó la concejala. Hasta que no se redacte el documento, no se podrá realizar una acción en profundidad, pero ahora se ha decidido plantear la solución provisional de la zahorra para evitar que las escorrentías de las lluvias generen más daños en la zona.