La pecera de la ciudad ya es real

09/01/2018

La atracción más potente de la ciudad ya está abierta al público. El acuario Poema del Mar acogió ayer a sus primeros visitantes, en su mayoría turistas extranjeros. Niños y adultos se impresionaron con el tamaño del recinto, sus seres y la fiel recreación de ecosistemas.

El nuevo icono de la ciudad, el Poema del Mar, ya es una realidad popular desde ayer a las 9.00 de la mañana. A 18 euros para adultos residentes y 25 para los no residentes, el gigantesco acuario ofrece varias zonas cuyo recorrido en detalle se puede hacer en unas tres horas.

Como bienvenida, el visitante se adentra en un cenote mexicano: «Son lagunas subterráneas. Haremos un recorrido por varios continentes», explicó Michelle Caravallo, Relaciones Públicas del acuario. El recinto se divide en tres zonas: la jungla, los arrecifes y el gran océano. «Representamos fielmente los ecosistemas», adelantó Caravallo al pasar por delante de las anguilas eléctricas, unos peces que pueden producir descargas de hasta 850 voltios.

Hay cartelería en las peceras donde se encuentran los «animales peligrosos» pero faltan paneles que avisen a los visitantes de que está prohibido fotografiar con flash. «Afecta mucho a los peces», comentó la veterinaria Marta Muñoz, que ayer llamaba la atención en varios idiomas a los visitantes por este motivo.

En La Jungla, un espacio abierto lleno de vegetación y de piscinas con especies de agua dulce, está previsto que distintas especies de cotorras y loros vuelen a sus anchas pero ayer todavía se encontraban en jaulas. También hay unos 30 camaleones en un Baobab artificial muy logrado, pero hay que buscarlos.

Restaurante con pecera. Después de contemplar cocodrilos y pirañas, hay un espacio de playa donde desovarán las tortugas para su futura reinserción en el medio natural canario y toca pasar por la Cueva de los Anfibios. «A mayor intensidad de colores, más venenosa es», comentó Caravallo sobre las distintas especies de ranas. «It’s very impressive», dijo impresionado un noruego. La zona de restauración se encuentra en un lateral de la gran pecera por lo que, incluso tomando el aperitivo o almorzando, el visitante sigue viendo a los pobladores acuáticos del Poema del Mar.