La demanda de alimento se triplica en el Cono Sur y el distrito Centro

28/06/2020

La asociación Cofiris del risco de San Nicolás ha pasado de atender una media de 100 familias con dificultades a unas 350 desde marzo, en el espacio que tiene cedido para este fin en Zárate.

La pandemia generada por el coronavirus Covid-19, además de los miles de vidas que se ha cobrado y la crisis sanitaria que ha provocado, se ha dejado sentir de manera notable entre los sectores más desfavorecidos de la sociedad, ya que ha agravado considerablemente la situación de vulnerabilidad en la que se encontraban muchas personas, al tiempo que ha llevado a otras a incrementar las listas de solicitantes de ayudas de alimentos, al perder el trabajo y con ello su medio de vida o verse inmersas en un ERTE.

Así al menos lo corrobora la asociación vecinal y cultural Cofiris de San Nicolás, una entidad que atiende el reparto de alimentos a familias con dificultades económicas de los distritos Centro y Vegueta-Cono Sur-Tafira en un espacio que tiene cedido por el área de Participación Ciudadana del Ayuntamiento para este fin en el Centro Cívico del barrio de Zárate, desde hace más de 7 años, ya que el risco capitalino carece de esta dotación, exponen sus responsables.

«Hemos pasado de atender una media de 100 familias a estar desbordados con casi 350 desde el inicio del confinamiento», afirma Israel Medina, presidente de la entidad vecinal de San Nicolás.

Explica que dan respuesta a personas «que nos manda Servicios Sociales» y que residen «en el distrito Centro y en el de Vegueta-Cono Sur-Tafira». Aunque reconoce que también «atendemos peticiones urgentes».

Sin embargo, asegura que las demandas de ayuda ya les llegan desde otras zonas de la capital. «Ahora ya me están mandado personas hasta de La Feria», en parte porque «en esta época del estado de alarma muchas asociaciones, más de 80, han dejado de repartir alimentos».

De ahí que el listado de solicitantes se haya incrementado. «Tenemos gente de Lomo Blanco, La Feria, San Nicolás y Pedro Hidalgo», de todos los barrios «hasta el límite con Jinámar», expone. Un aumento que dice han debido justificar y documentar debidamente al Banco de Alimentos, entidad de la que reciben los productos.

En cualquier caso, indica que la mayor parte de las familias que precisan ayuda residen en núcleos del Cono Sur y que aunque es difícil calcular la proporción, puede estar en torno a «un 25% del distrito Centro y un 75% del Cono Sur».

Apunta que con las actuales medidas de protección que deben tomar para garantizar la seguridad tanto de las personas beneficiarias de los alimentos como del personal voluntario que las atienden, el proceso de entrega se dilata considerablemente. «Doce horas estoy allí cuando toca el reparto», explica. Y es que señala que los protocolos han cambiado con la pandemia y ya no se permite el acceso de los demandantes al interior del espacio que tienen en el centro cívico.

«No puedo dejar que entre la gente, como hacía antes, que iba llamando y entraban tres o cuatro a coger el reparto», indica. Debido a las actuales circunstancias, relata «me tengo que poner en la puerta, con una mesa, y atenderlos de uno en uno; cada diez minutos, una familia».

Esto provoca que el proceso se ralentice, con lo que, «estoy allí desde las 8 de la mañana a las 8 de la tarde, sin parar».

Añade que estos repartos de productos básicos, que tienen lugar «el tercer jueves de cada mes», se acometen «con todas la garantías, con guantes, mascarillas y demás».

Medina se queja de que reciben muchas familias derivadas de los servicios sociales, pero sin embargo no tienen correspondencia a la hora de obtener ayudas al transporte de esos alimentos. Así, asegura que el alquiler de los camiones con los que trasladan los alimentos desde el Banco de Alimentos, en Mercalaspalmas, o desde las naves de productos de la UE, en Arinaga, corre de su cuenta. Y recuerda que solo este mes han necesitado «dos camiones grandes».